La importancia de tu historia en el diseño de tu casa

La muy creativa Luisa Manau diseña espacios que se vuelven situaciones. Es una apasionada de las flores, el dibujo y el adorno. Pero sabe bien cuándo parar
Carmen Güiraldes
Santiago Ciuffo
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14 de enero de 2016  • 11:20

Se movió el péndulo. Hasta hace poco tiempo, ambientar era poner brillo, velas y ramos blancos apretados en el centro de una mesa. Era cargar las tintas de lo elegante, lo simétrico y lo impoluto. Dejar en evidencia que estabas entrando a una fiesta, pero a una fiesta de nadie en particular (o, en todo caso, la fiesta de ese decorador. Y, con ello, el déjà-vu inevitable).

Hoy lo único que importa es tu historia. El diseño contemporáneo va detrás del contenido, de una ambientación que te envuelve, que te da información, una experiencia integral que está en el otro extremo de lo que se puede aplicar a mansalva. Por eso se parte de mood boards, que son, básicamente, grandes paneles en los que el diseñador reúne los dibujos, ideas, colores, sensaciones o detalles que inspiran al anfitrión.

¿Qué te importa? ¿Qué significa algo para vos?

A Luisa Manau, diseñadora de espacios, le importa la ópera, colgarse bijou, los libros de arte y de diseño, el yoga, los espacios vacíos y bien curtidos donde soñar ambientaciones y comer sobre un plato bonito, aunque esté sola en su casa. De todas las flores, prefiere las marimonias, porque "tienen algo silvestre".

Un oasis

Es la cuarta de cuatro hermanas, hijas de un arquitecto y una decoradora. "Como era la rezagada (N. de la R.: se lleva once años con la tercera) pasé buena parte de mi infancia adosada a los programas de mamá y sus amigas. Ya de muy chica hacía cursos de arreglos florales en la Sociedad Argentina de Horticultura. Me acuerdo del primer premio que gané, a los 12, con un ramo enorme de cortaderas y agapantos, que era lo que había encontrado en la quinta ese fin de semana…"

Estudió Artes del Teatro en la Universidad del Salvador. Y maquillaje profesional. Un día, una amiga le armó una reunión con Gloria César, a quien le está muy agradecida. "Creo que ni miró mi CV, pero me mandó ese mismo día a armar una mesa de Navidad a la casa de un cliente. ¡Era lo de Susana Giménez!"

¿Cuál fue tu primer trabajo propio?

Una fiesta de 15 de la hermana de una amiga. Cuando me pidieron los arreglos florales, lo primero que pensé fue contactarlos con Gloria. Pero ella me animó a que los hiciera yo: "Vas a mi depósito y sacás lo que querés". Ese fue mi primer evento, con floreros de Gloria, con flores de Gloria… Apenas mandé a hacer un mantel para la mesa principal…

¿Cómo definís tu estilo?

Mmm… yo lo llamo "vivido". Es la idea de una experiencia que determina los materiales que elijo, los colores, las formas. El evento de revista, pulcro, con la piña y el unicornio no es para nada mi estilo. Me gusta más la naturaleza viva.

¿Qué querés que experimente la persona que pasa frente a una vidriera que armaste, o en una de tus fiestas o ambientaciones?

Algo más de que se hizo sólo por lo lindo.

Otro oasis

Practica yoga y tiene un grupo de WhatsApp muy activo con sus compañeras de los talleres de mandala que dirige Gaby Piccoli "para comprender la unión de cada uno con el universo".

Entonces trabajás también en lo que no se ve…

Trabajo mucho para estar en vacío, ese estado en el que sos más creativo porque estás bien conectado, porque tu atención no está desviada para ningún lado.

¿Qué te inspira?

Estar en presente.

¿En qué lugar te gusta estar?

En mi próxima casa. Me estoy por mudar sola por primera vez a un departamento que tiene el piso pintado de negro y todas las paredes blancas. Un poco me inspiré en Copenhague, que visité en mi último viaje a Europa. Me encantó esa ciudad, sus casas que son cubos, la gente en bicicleta… Es el futuro.

¿Qué fuiste a hacer a Europa?

Me fui a estudiar. A hacer unos cursos de verano en Central Saint Martins; cuatro cursos, en concreto. Uno fue con Rob Van Helden, un florista holandés increíble que vive en Londres. El curso era pasarse un día con él, ir al mercado a comprar flores, armar ramos… Fue increíble. Pero hubo otro curso que me rompió la cabeza: Experience Design. La misión era crear una experiencia, componer una narrativa detrás de una experiencia. Nos mandaron a South Bank, que solía ser un barrio pesado de Londres pero que ahora está todo arreglado y colorido. Llevábamos una consigna: "Crear un lugar en un espacio".

¿Y qué hicieron?

Colgamos de un árbol un cartel que decía: Hug your friend here (abrazá a tu amigo acá).

¿Y la gente, cómo reaccionaba?

Fue impresionante. Hubo un señor que se abrazó al árbol mismo. ¡Lindo! Ahí aprendí que siempre tenés que darle aire al contemplador para que improvise, para que ponga de lo suyo. Que no tenés que bajarle tanta línea.

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