La pesada marca de Guantánamo

Tiene 41 años, su madre es argentina y, tras ser detenido en Paquistán, fue enviado a la prisión que Estados Unidos tiene en Cuba. Aislado del mundo desde 2002, quiere que nuestro país sea su nuevo hogar
Josefina Salomón
(0)
6 de enero de 2013  

El 21 de este mes, Barack Obama asumirá su segundo mandato y ocupará durante otros cuatro años el sillón presidencial en el que todo el planeta parece querer sentarse.

Aunque esta vez no se espera que la ceremonia de asunción despierte el mismo entusiasmo que generó hace cuatro años. Es que entonces la crisis económica era poco menos que una posibilidad lejana y la política internacional del país más poderoso del mundo parecía poder resolverse como en las películas.

Entre otras cosas, en la última campaña, Obama prefirió no mencionar una de las promesas que, ante los ojos de muchos, había marcado su primera postulación como cabeza de la administración de Estados Unidos.

No dijo nada sobre el cierre de la prisión más famosa que Estados Unidos mantiene en Cuba. Pese a que ahora, a poco de cumplirse –el próximo viernes– el 11° aniversario de las primeras transferencias de detenidos a Guantánamo, el problema parece mucho más complicado. Unos 167 hombres continúan detenidos allí, sin cargos, y nadie sabe qué hacer con la mayoría de ellos.

Perdidos en un limbo

Jihad Ahmed Mujstafa Diyab tiene 41 años y apenas sabe lo que pasó en el mundo en los últimos 10. Nunca escuchó hablar de Facebook ni de Twitter. Series de televisión como Lost no significan nada para él. No sabe cómo suenan las voces de sus cuatro hijos ni cuánto ha cambiado su esposa en la última década.

Es que desde agosto de 2002 Jihad está detenido en Guantánamo, sin contacto con el mundo exterior.

Pero después de una década sin casi un indicio de lo que sería de él, hace unos tres meses la administración Obama anunció que no tiene más razones por las que mantenerlo detenido. Y él ya sabe adónde quiere ir: a la Argentina, donde viven sus tíos, primos y abuelos.

Jihad, de nacionalidad libanesa pero radicado desde niño en Siria, no puede volver a su hogar porque, según insisten sus abogados, un ex preso de Guantánamo no sería bienvenido en Siria y correría riesgo de tortura o muerte. Resulta que, además, la familia de Jihad en la Argentina –tíos, primos y abuelos que viven desde hace décadas en La Rioja– estaría más que dispuesta a recibirlo.

De todos modos, los expertos se preguntan cómo reaccionará el gobierno de la Argentina –país que en dos ocasiones (Embajada de Israel y AMIA) conoció el horror de los atentados terroristas– cuando tenga que considerar el primer pedido concreto para ayudar a un preso de la guerra contra el terror.

La historia de Jihad Diyab comenzó, como la de la mayoría de los más de 150 hombres que continúan detenidos en Guantánamo, después de los cuatro ataques que cobraron la vida de unas 3000 personas en Nueva York y Washington, en septiembre de 2001.

El 1° de abril de 2002 Jihad fue arrestado en Lahora, Paquistán, por las fuerzas de seguridad del país. Sus abogados aseguran que nadie explicó las razones del arresto y afirman que en aquel momento el gobierno de Estados Unidos ofrecía pagos a las autoridades de países como Paquistán por cada arresto de individuos sospechados de terrorismo. De ahí fue trasladado a varios centros secretos hasta que llegó a Cuba.

Andy Worthington, periodista británico especializado en políticas antiterroristas y autor de The Guantánamo Files (Los archivos de Guantánamo), afirma: "La historia de Jihad está llena de alegaciones infundadas". Según el autor, esta historia demuestra los errores cometidos por la administración Bush.

El día que cambió todo

Ex conductor del ejército sirio, Jihad nació en El Líbano el 10 de julio de 1971. De padre sirio y madre nacionalizada argentina (sus abuelos maternos todavía viven en la capital de La Rioja), pasó sus primeros ocho años en Beirut hasta que sus padres decidieron mudarse a Siria.

Condiciones extremas. Imagen de la prisión de Guantánamo, distribuida en 2002 por el Departamento de Defensa de Estados Unidos
Condiciones extremas. Imagen de la prisión de Guantánamo, distribuida en 2002 por el Departamento de Defensa de Estados Unidos

La vida de Jihab no fue muy diferente a la de miles de jóvenes en el Medio Oriente de aquellos años. Hizo el servicio militar obligatorio, aprendió a manejar ambulancias, abrió un bazar, se casó y tuvo cuatro hijos –todo mientras su madre le contaba historias de los abuelos, tíos y primos que tenían en esa tierra lejana llamada Argentina.

Jihad y su esposa, Usra al-Hussein, pasaron sus primeros años de casados en Siria, pero a mediados de 2000, cuando la situación económica se complicó, decidieron viajar a Paquistán y de ahí a Kabul, en Afganistán, donde pusieron un negocio de venta de miel. Todo lo demás parece marcado por la tragedia de haber estado en el lugar incorrecto en el momento menos indicado.

Justo antes de los eventos del 11 de septiembre, esos que cambiarían al mundo para siempre, Jihad viajó nuevamente a Paquistán para recibir tratamiento médico por un dolor de espalda, y fue detenido. Fue llevado a la entonces prisión secreta que Estados Unidos mantenía en Afganistán. Desde allí, luego, lo enviaron a Guantánamo.

El gobierno norteamericano, sin embargo, tiene otra versión de la historia.

Según información publicada por un ex interrogador, la administración Bush estaba convencida de que Jihad había viajado a Afganistán para recibir entrenamiento en un campo operado por Al-Qaeda. De hecho, en la ficha de su reclusión en Guantánamo se le adjudica la pertenencia a "células terroristas desmanteladas que escaparon de las autoridades sirias y huyeron a Afganistán". El problema es que nunca se encontró evidencia, ni testigos ni confesiones que respaldaran aquellas afirmaciones.

Jihad apenas tuvo contacto con otro ser humano durante los 10 años de detención en Guantánamo. Sus abogados lo vieron por primera vez en 2004 y, a partir de ese momento, lo visitan dos veces por año. Su familia le habla por teléfono raramente y su hijo menor sólo lo vio cuando era un bebe.

"Estar detenido en una cárcel norteamericana, pero fuera de su territorio, trae sus propias complicaciones. Llegar hasta ahí es muy caro para los abogados y hay que pagar a los intérpretes. Podemos verlo dos veces por año y tener algunas llamadas telefónicas," explica a la Revista Polly Rossdale, del equipo legal de Reprieve, una organización que representa a presos de Guantánamo.

Jihad recientemente protagonizó una huelga de hambre donde se pedían mejoras en las condiciones de detención y mayor claridad sobre su situación legal.

Rossdale asegura que su salud se ha deteriorado radicalmente en los últimos años.

"Actualmente está en una silla de ruedas y sufre de depresión. No sabemos si está recibiendo tratamiento médico adecuado, pero lo que sabemos es que los médicos y psicólogos en Guantánamo han sido cómplices de la tortura y los malos tratos que ha recibido. Por lo que, naturalmente, los detenidos tienen sospechas de ellos –explica la abogada–. Muchos de los problemas psicológicos que sufren tienen que ver con la incertidumbre: no saber cuándo van a salir, aun cuando el gobierno norteamericano dijo que no tenía razón para mantenerlos detenidos."

Lo cierto es que la historia de Jihad, como la de la mayor parte de los más de 700 hombres que pasaron por Guantánamo, es casi imposible de corroborar –en parte porque muchos de los archivos con información son clasificados y porque estos hombres estuvieron detenidos en prisiones secretas–. Justamente en este punto es donde muchos activistas de derechos humanos y expertos legales consideran que está la base del problema.

De los 779 hombres que pasaron por Guantánamo, la mayoría fue liberada y 9 murieron en el centro de detención. De los que quedan, seis van a enfrentar juicio. Pero en casi 50 casos, las autoridades dijeron que no tienen motivo para mantenerlos detenidos. El problema para ellos, sin embargo, es que no pueden ser enviados a sus países de origen: el estigma de haber estado en Guantánamo es tal que, de regresar, correrían peligro de tortura o muerte.

Jihad está entre ellos.

Según información publicada por Amnistía Internacional, la esposa de Jihad fue arrestada en julio de 2008 por agentes de seguridad, en su casa, a 20 kilómetros de Damasco, la capital siria. Estuvo detenida un año y durante todo ese tiempo no le permitieron mantener contacto con nadie ni le dijeron por qué la estaban manteniendo detenida. Las autoridades norteamericanas encontraron una sola salida a lo que los expertos en la materia llaman un verdadero embrollo legal y han solicitado a los países europeos y del Caribe que brinden refugio a estos hombres. Que los adopten casi como refugiados.

De acuerdo con la organización británica Reprieve, cuyos abogados representan a varios detenidos de Guantánamo, más de 40 hombres, incluyendo varios de Siria, fueron enviados a países como Francia, Inglaterra, España y Bermuda.

"Las autoridades norteamericanas se metieron en un embrollo al crear una categoría de prisionero que sólo por el hecho de estar detenido en Guantánamo sería tan estigmatizado en su propio país que podría sufrir persecución y tortura –explica Rosedale–. Estos hombres son como refugiados. Siempre y cuando tengan un sistema de apoyo, todo sale bastante bien. En general, países con historiales en derechos humanos como la Argentina proveen mejores chances de integración y de recuperación por lo que han sufrido."

El día después

Lakhdar Boumediene entiende perfectamente lo que significa volver al mundo real.

De origen argelino, Boumediene fue uno de los primeros detenidos en ser llevado a Guantánamo en enero de 2002. Lo liberaron en 2009 cuando un juez federal dictaminó que no había suficiente evidencia para mantenerlo detenido.

Como Lakhdar no podía regresar a Argelia, la entonces administración Bush logró que Francia le brindara asilo. Hoy vive en el sur de Francia, con su esposa y sus dos hijos.

Polly Rosedale llevó el caso y recuerda que el argelino había olvidado cosas tan simples como los pasos necesarios para abrocharse un cinturón de seguridad.

"Siento que, después de 7 años y 6 meses, soy otra vez un ser humano. Quiero encontrar un trabajo y ayudar a mi familia. Quiero hacer trabajo humanitario, que es lo que sé hacer," dijo Lakhdar en la primera entrevista que dio al llegar a Francia.

Lo que los abogados de Jihad esperan es una experiencia similar a la de Boumediene, pero de este lado del globo.

"La única opción para hombres como Lakhdar y Jihad es que un país los acepte como refugiados. En el caso de Jihad, la Argentina es una alternativa obvia por sus conexiones de familia, que datan de más de un siglo," dijo Rosedale.

En busca de un refugio

Jihad nunca vivió en la Argentina, pero dice que conoce el país por las historias que su madre le contaba sobre una tierra que se llama La Rioja; algo que sonaba como una historia de hadas.

"Jihad siempre cuenta que su madre le hablaba de la familia en la Argentina y aseguró varias veces que le encantaría ir ahí. Ha escuchado de la gran comunidad sirio-libanesa en el país," dice Rosedale.

Kamal, uno de los tíos de Jihad, argentino que actualmente vive en Siria, cuenta que habló con él hace poco más de cuatro años: "Lo que más pregunta es sobre su familia y sus hijos. También hace muchas preguntas sobre la familia en la Argentina. Y sobre sus amigos. Quiere salir de Guantánamo y reconstruir su vida. No hay ninguna duda de que quiere hacerlo en la Argentina".

El equipo de abogados de Jihad ha enviado cartas con un pedido oficial a las autoridades argentinas, solicitando que intervengan en el caso. Por el momento, están esperando una respuesta.

Los abogados de Jihad afirman que el futuro de este prisionero libanés no es claro, pero que la pregunta hoy es cuánto la administración Obama está dispuesta a hacer para resolver la crisis legal que comenzó a diseñarse 11 años atrás, en un rincón de Cuba.

La cárcel en cifras

  • Casi 11 años han pasado desde las primeras transferencias de detenidos.
  • 779 personas han pasado por Guantánamo, la mayoría sin cargo.
  • Al menos 18 hombres eran menores de edad cuando fueron enviados allí.
  • Actualmente hay más de 150 hombres recluidos.
  • 1 detenido fue enviado a los Estados Unidos para ser enjuiciado en una corte federal civil.
  • 7 detenidos enfrentaron juicio militar en Guantánamo.
  • 9 detenidos murieron desde que la prisión fue creada.
  • Aproximadamente 600 detenidos fueron enviados de Guantánamo a otros países desde 2002.
  • Las autoridades norteamericanas dijeron que no tienen motivo para continuar manteniendo a 48 presos recluidos en este centro de detención.
  • ADEMÁS

    ENVÍA TU COMENTARIO

    Ver legales

    Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

    Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

    Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.