La propina, el eterno dilema que provoca discusiones y coincidencias

En la Argentina no es obligatoria, pero los distintos factores que se evalúan a la hora de calcularla o dejarla son variados y polémicos
Sebastián Ríos
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25 de julio de 2015  

"¿No creés en dar propinas?", le pregunta, incrédulo, Eddie El Amable (Chris Penn) al Sr. Rosa (Steve Buscemi) en la genial escena que da comienzo a la película Reservoir Dogs, de Quentin Tarantino. Todos los criminales reunidos en el café Uncle Bob's Pancake House, los mismos que luego participarán del fallido asalto a una joyería, han dejado sobre la mesa un dólar, todos menos uno: "No dejo propina porque la sociedad dice que lo tengo que hacer -se excusa el Sr. Rosa-. Si realmente se esfuerzan, les dejo algo extra. Pero dar propina automáticamente, eso es cosa de tontos. En lo que a mi respecta, sólo están haciendo su trabajo".

La discusión finalmente se zanja cuando Joe (Lawrence Tierney) vuelve de pagar la cuenta e intima al Sr. Rosa: "Poné una moneda, maldito bastardo. ¡Yo te pagué el desayuno!". Esta conversación de un clásico tarantinesco resume algunos de los interrogantes clásicos en torno a la propina: ¿siempre hay que dejar propina, aun cuando el servicio haya sido deficiente? ¿Es un porcentaje fijo o varía según factores como la calidad de la comida, de la atención o del valor de la cuenta? ¿Y el delivery?, ¿hay que dejar propina incluso cuando el envío es con cargo? En la Argentina, donde a diferencia de otros países la propina no está incluida directamente en la cuenta, pero tampoco está mal vista como en Japón, no sólo no existe un valor establecido, sino que los factores que hacen que una persona deje más, menos o incluso no deje nada son materia de eterna discusión. Y basta tirar en el océano de Twitter la consigna para pescar una gran variedad de opiniones al respecto.

¿Cuánto se deja? "Un 10% puedo dejar, más si fue muy esmerado y menos si fue desastroso", dice @flormigliorisi y aporta el porcentaje que para muchos es el adecuado. "Entre el 5 y 10% -dice, por su parte, @florenciaok-. Siempre tengo en cuenta cómo me atienden." @LadyCallejas se muestra generosa: "Siempre doy propina, que varía entre 15 y 20%, según la atención y el monto". "Entre 10 y 15%; si la atención fue excepcional, más. Me tienen que haber maltratado para que no deje", agrega @MartinAuZ, e introduce la posibilidad, remota en su caso, de dejar la mesa sin premio al servicio. "Cuando la atención es mala (tardan, no hay tratos cordiales, te ponen caras cuando pedís, etc.), ahí no se deja", sentencia @florcisu, y @tin_fm coincide: "La propina, para mí, se merece. A mala atención, no hay propina".

¿De acuerdo con el servicio?

Claro que también hay posiciones más terminantes en lo que respecta a propinas, que hacen de ésta un factor independiente del servicio dispensado: "Yo dejo mínimo 10%, aunque me atienda Barreda", afirma, con cierta ironía, @joefernandezok, y @JuanMayou coincide: "Siempre el 10%. Si me atienden mal, no vuelvo más". "Dejo igual. Para protestar prefiero hacer una queja formal con el maître, el encargado o hasta el mismo dueño", agrega, por su parte, @fedepav.

Para otros, la mala atención no sólo se paga con sacar al local gastronómico de la lista y sí se resuelve anulando el factor propina. En ese sentido, @DanielRosaVino hila a través de varios tuits una anécdota vivida en un restaurante cuyo nombre obviaremos, pero que expone conductas típicas: "Comida mala y atención peor, ponele que la cuenta era de 180 pesos (...) le di 200, el mozo desapareció por un largo tiempo, vuelve y pregunta: «¿Puedo levantar?» (...) «Sí, una vez que me traigas el vuelto». «Pensé que ya estaba bien». «No, acá no está nada bien» (...) los 20 los gasté en tres garrapiñadas en la esquina, fue lo más rico de la noche".

Más allá de lo que dicen que hacen los consumidores en el momento previo a levantarse de la mesa del bar o del restaurante, es importante contrastar esos dichos con lo que refieren quienes trabajan en los establecimientos gastronómicos. Ahora fuera de las redes sociales, algunas respuestas recabadas son las siguientes: "La gente suele dejar el 10%, aunque hay quienes dejan muchísimo menos, y otros, algunas veces, más", afirma Omar Vitullo, gerente del restaurante Don Carlos, lo que confirma que el "Diego" es un clásico también en materia de propinas.

"Se deja alrededor del 10%, aunque hay quienes han dejado grandes propinas en dólares", coincide Ricardo Maidana, propietario del Palacio de la Papa Frita, y aporta algunos casos menos frecuentes, pero que también ocurren: "Nos han dejado libros autografiados y con dedicatorias a los mozos, también". Vitullo ofrece datos de color: "Como acá vienen muchos famosos, cuando están muy contentos, además de propina, se sacan una foto con su camarero; los jugadores de fútbol, por su parte, regalan además a su mozo una camiseta autografiada".

Dinero, libros, selfies, camisetas... Lo cierto es que, a diferencia de otros países, en la Argentina la propina no sólo no es obligatoria, sino que se encuentra prohibida por el convenio al que responde el gremio de los gastronómicos. "Si bien el artículo 113 de la ley de contrato de trabajo deja el tema librado a las partes, aclarando que los ingresos en concepto de propinas o recompensadas serán considerados formando parte de la remuneración, el convenio colectivo de trabajo de los gastronómicos prohíbe recibir sumas dinerarios de los pasajeros/comensales o de clientes que utilicen los servicios de cada establecimiento, justamente, para evitar que sean consideradas remunerativas", explica Sergio Mohadeb, abogado y autor de Derecho en zapatillas ( @dzapatillas), que señala que esa prohibición lleva a que, en caso de despido, sea el juez el que decida si el monto que recibía el mozo por propinas será incluido para el cálculo de su indemnización.

Delivery y mesas de amigos

"Al delivery también se le deja, son mozos en moto en la vía pública", sostiene @flormigliorisi, y abre otra ventana de discusión en torno a la propina: ¿se le da propina al delivery aun si el envío tiene costo? "Al delivery, entre 5 y 10 pesos, aunque venga de la esquina de casa", dice @claudiowei, y @florcisu coincide: "Entre $ 5 y 10. Dependiendo de la distancia y el medio de transporte. ¡El pronóstico también cuenta!" "Le doy lo que sobre de vuelto: 2, 4, 5, 10. Lo que toque", dice, por su parte, @vpmbinho, y las distintas opiniones dejan en claro que en lo que respecta al delivery no es un porcentaje, sino más bien una suma fija la que se calcula, según distintos factores.

"Si gastás $ 500 en sushi, no podés darle $ 5", sostiene @joefernandezok, y estima: "$ 15 es un buen promedio". "Y si llueve o hace frío, más. Me imagino lo que ganan por ese laburo, en la calle, de noche, y me mata. No lo puedo evitar", dice @florenciaok. " Delivery suelo dejar 5 pesos. Si somos muchos, me gusta que pongamos todos un poquito y sea más jugosa", dice, por su parte, @tim_fm e introduce todo un tema en el mundo de las propinas: las mesas o reuniones compartidas.

"En mesa de amigos, si pagan todos se incluye en la cuenta y se divide el total", resume @LadyCallejas. "Mesa de amigos: cada uno paga su parte: consumición+propina, o si se divide la cuenta: tu parte+propina", confirma @maxideson. "En mesa de amigos, se hace vaquita", coincide @Pagina924, y agrega otro apartado: cuando a uno lo invitan a comer, ¿quién deja la propina? "Y si me invitan, dejo yo la propina", dice.

Sea un 10%, más o menos, la propina no deja de ser un reconocimiento a la atención que nos dispensa el último eslabón de la cadena gastronómica, aquel que pone la cara ante el consumidor. "La inoperancia de un dueño que, a veces no sabe cómo administrar su negocio, no tiene que ser pagada por el camarero que te atiende", sintetiza @fedepav. " Soy muy fan de la propina. Desconfiemos de aquel que deja poca propina", propone, por su parte, @joefernandezok, en tanto @florenciaok recuerda: "¡Hace muuuchos años planteé a un chico porque no dejó propina! Ja... qué feo ser amarrete". ¿Sería el Sr. Rosa?

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