La Scala de Tintín

En París, sopranos y barítonos dieron un concierto inspirado en sus cómics
Nicolás Artusi
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18 de diciembre de 2016  

"El gozo me rebosa de verme tan hermosaaaaa”: en el asiento trasero de un coche con chofer y mientras cruzan Syldavia, un reino imaginario del este europeo, el intrépido Tintín conoce a la signora Bianca Castafiore. La primera dama de la Scala de Milán entona a grito pelado el Aria de las joyas y, aunque la historieta no lo muestra, el autor de la ópera Fausto se habría revolcado en la tumba. “Afortunadamente los cristales son resistentes”, se alivia Tintín con cada alarido y esta viñeta del cómic El cetro de Ottokar presenta al único personaje femenino de la saga, el Ruiseñor Milanés, una insoportable soprano que destripa las piezas más nobles de la música culta, desde Carmen, de Bizet, hasta La urraca ladrona, de Rossini. En un insólito cruce de historieta y realidad, todas las piezas clásicas nombradas en las veinticuatro aventuras de Tintín fueron interpretadas en vivo hace unos días, en París: el Grand Palais recibió a sopranos y barítonos en un concierto inspirado en los cómics y en el acto se consagró la mezcla bastarda de alta y baja cultura como fetiche de la época.

“La ópera me aburre, para mi gran vergüenza. Más aún: me hace reír”, confesó alguna vez Hergé, el dibujante belga que creó a Tintín, el capitán Haddock, el perrito Milú y todo un elenco de personajes que miró el siglo XX con ojos eurocéntricos. Acaso porque ya de chico me permitía viajar sin moverme de mi habitación (con sus dibujos de línea clara conocí Moscú, Sídney o Ginebra antes de tener siquiera pasaporte), soy fanático de Tintín desde que tengo memoria: en una callecita cortada de Londres, el hallazgo de un negocio que vende memorabilia tintinesca fue una de mis mayores alegrías infantiles en la adultez. Compré muñequitos, ediciones raras de la historieta, láminas para enmarcar y el libro The Complete Companion, que explora las fuentes en la vida real de todas sus aventuras. Obsesionado con la idea de confirmar el cómic como “el noveno arte”, Hergé se basó en la pintura, el cine y la música para dar verosimilitud a sus correrías: la Castafiore está afanosamente inspirada en los divismos de Maria Callas (uno de sus pretendientes tiene un yate calcado del que tenía Aristóteles Onassis) y cada uno de sus vestidos fue ilustrado en base a la colección de ese año de alguna boutique francesa.

Se me ocurre que a Hergé le habría gustado el giro que dio la historia: treinta y tres años después de su muerte, el Grand Palais monta las óperas que él nombró en sus viñetas. “Tintín es un héroe que goza de la invulnerabilidad de los dioses y de la cercanía de los hombres y forma parte de ese grupo de escogidos que componen la mitología que produce cada período histórico y que nos permite comprenderlo”, escribe el historiador español Fernando Castillo en su libro El siglo de Tintín. Modesto Hércules sin músculos, hoy es reinterpretado en formas múltiples: como vocero antibélico o como ícono gay, en fan fictions donde consuma el amor físico con Haddock, su dominador barbudo (la última alerta de Google que me llega sobre Tintín informa que una plancha original del álbum Aterrizaje en la Luna se vendió por el precio récord de 1.652.335 dólares; son apenas doce viñetas, a un promedio de 137.694 dólares cada una).

En la subasta, en la ópera o en el cómic para adultos, Tintín sigue vivo. Fecundo estímulo para la curiosidad de los lectores de entre siete y setenta y siete años, como les gustaba repetir a sus editores, nos sumerge en la experiencia total de la cultura del siglo XX: si es cierto que la historieta puede leerse como literatura también puede alegrar los oídos con la más maravillosa música.

CINCO CRÍTICAS IDEOLÓGICAS A HERGÉ, EL AUTOR DE TINTÍN

Colonialismo

En el álbum Tintín en el Congo, los africanos se muestran haraganes e indolentes, mientras el mundo empezaba a discutir la crueldad de las colonias europeas.

Racismo

Monitos que hablan con sonidos guturales: así aparecen los africanos en la aventura Stock de Coque. Asumiendo las críticas, Hergé aceptó reescribir esos diálogos.

Anticomunismo

Aunque no hay alusiones directas a la política, todo el universo de Tintín es observante de los valores tradicionales europeos: monarquías y catolicismo.

Misoginia

Casi no aparecen mujeres en las veinticuatro historietas de Tintín. La única es Bianca Castafiore, una diva caprichosa, arrogante e insoportable.

Antisemitismo

En la primera versión del álbum La estrella misteriosa, el principal villano es un financista norteamericano con apellido judío y muy pocos escrúpulos.

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