
La señora Salud
Mirta Roses es argentina, dirige la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y es la primera mujer que llegó a ese cargo. En las cuestiones que la ocupan –dice– hay que escuchar a los niños y tener en cuenta a todos los sectores de la sociedad cuando se trata de tomar decisiones
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Quizá porque es argentina y cada vez que vuelve al país se siente como en casa es que esta mujer –siempre tan cordial como seria– se anima a poner un poco más de lado el protocolo y relajarse durante una charla. Acostumbrada a los actos oficiales y a las reuniones con autoridades de tantos países, la doctora Mirta Roses Periago, tiene 61 años y desde hace 4 es directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), dice que no subirá al avión de regreso a Washington, donde reside, sin haberles dado un abrazo de su mamá y su papá (de 88 y 90 años, respectivamente), que viven en Córdoba, una provincia que le trae tantos recuerdos…
Es que ella nació en Santa Fe pero se crió en Villa Carlos Paz. Y fue también en tierras cordobesas donde se recibió de médica, y más tarde se especializó en cirugía para abrazar después la epidemiología y la salud pública, ramas en la que se hizo toda una experta: no en vano, es la primera mujer que ocupa la dirección de esta institución, fundada en diciembre de 1902 (ver recuadro), decana en su tipo en todo el mundo, aun mucho antes que la Organización Mundial de la Salud (OMS), que data de 1948.
Casada con el empresario Antonio Periago, su compañero de toda la vida, el matrimonio tuvo cuatro hijos: tres mujeres (María Victoria, María Cecilia y María Eugenia), y un varón (José), que murió hace dos años de una enfermedad incurable, cuando tenía apenas 25. Un tema sobre el que Mirta Roses –comprensiblemente– prefiere guardar silencio.
–¿Cómo es la vida de alguien que vive viajando, con ocupadísimas agendas? ¿Alguna vez extraña no tener nada que hacer?
–Sí (se ríe, se ríe muchísimo). Sí, lo que más extraño es que no sé qué hacer cuando no tengo nada que hacer… me he desacostumbrado. Pero creo que una de mis habilidades es que me concentro en lo que estoy haciendo. Y tengo una buena red de colegas que trabajan para que eso sea posible, porque me dan la tranquilidad de que si me dedico a algo están atendiendo todo lo demás.
–Pero dejemos de lado por un instante la OPS. La doctora Mirta Roses en algún momento se convierte en Mirta y deja de trabajar. ¿Qué hace? ¿Mira la televisión? ¿Escucha radio, música? ¿Cocina?
–Escucho música, siempre, la escucho mientras hago otra cosa. Cuando abro la computadora pongo música. En general es música caribeña y latinoamericana, salsa, merengue, en batanga.com. Esa música me da energía. Nada es deprimente después de eso.
–¿Es más bien optimista?
–Sí, irremediablemente optimista.
–Usted tiene tres hijas jóvenes. ¿Ya la hicieron abuela?
–No… Todavía seguimos con la deuda. Yo les digo que era de adolescentes que les pedía que se cuidaran, pero ahora tienen de 25 a 33 años, y ya pasó la edad riesgosa.
–¿Le gustaría ser abuela?
–Sí, claro, soy una abuela de nacimiento. A mí me encantan los niños. Desde chica me gustaron los bebes. Lo que tengo son nietos adoptivos, en este último año hemos tenido tres bebes en el piso, me los traen, me los "prestan", los huelo, los "apopacho", como dicen. Me gustan los chicos. Por eso estudié para ser maestra antes de ser médica.
–Pero no es pediatra….
–No, no se me dio por atenderlos en ese sentido. Pero siempre los he disfrutado mucho. Los chicos tienen las preguntas frescas. Son muy estimulantes. Y los jóvenes también. Trato de tener contacto con los jóvenes que estudian salud o comunicación social y se acercan a nosotros. Tenemos muchos internos en la organización, el ambiente ha cambiado. Son totalmente abiertos, cuestionadores, creativos, no dan nada por sentado, y eso es muy bueno. En este momento tenemos 42, son estudiantes de graduación, de maestría de universidades de la zona. La mayoría estudia salud pública, hacen un trabajo voluntario dentro del desarrollo de sus tesis, adhieren a alguno de los programas y realmente es fantástico: tienen gran capacidad de movilizar a las unidades donde están, hacen actividades en la calle, ferias, fotos, música… introducen todo un vibrar en la organización.
–¿Usted es una directora de puertas abiertas o hay que pedirle cita?
–Hay que pedirme cita, porque no es tan fácil resolver todas mis obligaciones. Pero soy accesible… la gente termina conociéndole a uno todos los hábitos. Yo soy bastante tempranera, llego como a las 7 y media y entonces siempre hay alguien paradito ahí, subo por la escalera, abro la puerta para salir al décimo piso y hay alguien esperando. "Quería hablar algo con usted…" De todas maneras no me quedo encerrada en la oficina, y también me comunico por el correo electrónico.
–¿Contesta los correos?
–Sí, soy muy "contestadora". Atiendo muchas casillas. Llegan y llegan. En la última reunión de gerentes, en Warrington, Virginia, a unos 40 kilómetros de Washington, ocurrió una cosa increíble. Abrí mi computadora a la mañana y vi el mensaje de un señor que vivía allí y tenía una hija terminando la secundaria con intenciones de estudiar medicina, para hacer salud pública… El señor decía que su hija quería hacer una pasantía en la OPS. Seguramente, escribía el hombre en su mail, hay algún oficial de relaciones públicas para hacer el contacto, pero como él había visto que la directora tenía una dirección electrónica en la página web, prefirió escribir directamente ahí. Le respondí, invitándolo a él y a su hija a una cena abierta en la cooperativa de crédito, que teníamos esa noche. Y vinieron. Era una chica de 16 años, estaba fascinada, le hizo entrevistas a todo el mundo en la cena.
–¿Y a usted cómo la hace sentir una experiencia así?
–(Lo dice con gran alegría, con satisfacción). Me encanta. Se hace un gran esfuerzo para que la organización tenga páginas web… pero hay gente que realmente las mira: cada vez hay más personas interesadas en temas de salud y en temas de la salud pública.
–¿Qué se entiende hoy por salud pública?
–La concepción tradicional indica que son las acciones que se dirigen al conjunto de la población, no a los individuos per se, y que están a cargo del Estado. Hasta hace 40 o 50 años era del dominio gubernamental, pero en los últimos tiempos han ido ganando terreno actores y partes interesadas no vinculadas a este sector.
–¿Por ejemplo?
–Todos los grupos sociales hacen salud. La familia, el núcleo básico, y luego todo tipo de asociaciones: una junta vecinal cuando decide que hay que mantener la higiene pública o indica qué se va a ofrecer en el desayuno escolar… los grupos religiosos, deportivos, las asociaciones de voluntarios, e inclusive muchas de las actividades que hacen los grupos de pacientes y familiares de personas afectadas, que no buscan solamente el beneficio de su familiar sino que se unen para tratar de influir en una política pública, una legislación, un mecanismo financiero. Todos ellos están haciendo salud pública. Creo que a medida que la salud ha pasado a tener una visibilidad crítica se la ve como un instrumento para las demás cosas. Es que en la medida en que estamos sanos y funcionales podemos trabajar, estudiar, entrar en relación con otros seres humanos, gobernar, soñar…
–¿Cuánto hace que está al frente de OPS?
–Hace 4 años. Mi mandato termina el 31 de enero de 2008. Las elecciones son en septiembre del próximo año.
–¿Y usted puede ser reelegida?
–Puedo. Califico. Y me gustaría, creo que es casi como una necesidad de profundizar la raíz de los cambios y las orientaciones. Pienso que hay que fortalecer y profundizar algunas de esas nuevas maneras de trabajar, más amplias, manteniendo nuestra esencia que es ser una organización intergubernamental: nuestros principales socios o propietarios, por así decirlo, son los gobiernos, pero al trabajar como organización hay que abrirse a la posibilidad de incluir a todos estos grandes actores que ahora se han convertido en defensores de la salud. Hemos pasado mucho tiempo de la historia de la humanidad tratando de prevenir y curar enfermedades y ahora hay una conciencia muchísimo más grande de que también se puede producir salud.
–¿Quiénes pueden producir salud?
–Definitivamente, en cualquiera de las esferas en que la sociedad trabaja se puede construir o dañar la salud. Los planificadores urbanos tienen mucho que ver con la salud: si tenemos una buena zonificación urbana, áreas verdes y al peatón y al ciudadano como eje de la ciudad hay muchísimas cosas que se generan que producen más salud: un aire más sano, un ritmo más adecuado para la actividad humana, más oportunidades para la socialización, menos para la agresión. En el corto plazo seremos 10.000 millones de habitantes en el mundo y además habrá una expectativa de vida mucho mayor. Creo que la sociedad está llegando a una conciencia de la interdependencia, de que no es posible salvarse solo o salvar su familia. Compartimos el mismo territorio: este territorio es el planeta.
–¿Piensa que nuestras clases dirigentes están realmente convencidas de que somos interdependientes y actúan en consecuencia o que sus políticas concretas suelen ser excluyentes?
–En la sociedad y conducta humana siempre está el factor de poder. Pero el sentimiento de la interdependencia ya está instalado. Creo que la última década hemos trabajado mucho con la caracterización de la exclusión social y cómo eso resulta en perjuicio del conjunto. La exclusión social no es un hecho normal y por lo tanto tolerable o aceptable, como que el día tiene 24 horas y no se puede cambiar. Por un lado tenemos que trabajar en demostrar los beneficios de la inclusión y por otro en que la reducción de la exclusión es algo que se puede demandar, que hay argumentos para hacerlo. Un buen ejemplo son los movimientos como las comunidades saludables, el surgimiento de alcaldes que lideran nuevos modelos de planificación urbana y de protección social. Son acciones que están mostrando el camino.
–En nuestro país aparecen con frecuencia casos acuciantes en materia de salud: hospitales quebrados, gente que necesita una cirugía y tiene que esperar meses –cuando no años–, mamás que quieren controlar su embarazo y son citadas para después del nacimiento del bebe…¿cómo se hace para bajar los discursos de igualdad y aplicarlos sobre las personas?
–El sector salud está totalmente vinculado a la vida: acompaña al ser humano desde que nace hasta que muere. No es así educación, ni vivienda. El enfoque cotidiano sobre la persona que tiene el problema es irrefutable: si usted está mal en este momento, quiere la solución en este momento, esto es así, y es el problema más serio que tiene la salud. El tema del servicio es dramático: si alguien fue bien cuidado por el sistema de salud durante 80 años pero en este momento le ocurre algo y empieza una hemorragia y no lo salva nadie y se muere, el sistema falló. Y eso va a convertirse en el drama y los 80 años en que la pasó bien se van a esfumar. Esta es la realidad, y no pasa en ningún otro sector. Por otro lado, la gente vive más y requiere más atención: aumentó la conciencia de que hay solución para sus problemas, entonces se demanda atención. Ahí es cuando realmente comienza la presión. Porque hace 30 o 40 años el 95% no creía que el control prenatal era importante.
–¿Qué puede hacer la comunidad para que esa demanda de ser todos incluidos frente a la salud sea más grande, haga más ruido?
–Lo que todavía falta es la creación de las oportunidades de debate y diálogo, porque el problema es que todavía en la sociedad se intenta buscar quién tiene la razón en lugar de ver si todos, entre todos, encontramos la solución, que va a pasar seguramente porque algunos pierdan y otros ganen en algunos temas. Por ejemplo, hay que armar un seguro público, y fortalecer el sector público es muy distinto a lo que la sociedad argentina planteaba en la década del 80, que era que achicar el Estado era agrandar la Nación… Hoy, en cambio, se sabe que los Estados desarrollados son los que tienen más Estado: los países desarrollados son aquellos que tienen un Estado más grande.
–¿Qué problemas tenemos en la Argentina?
–El problema fundamental es la integración del sistema de salud. Somos un país federal, tenemos grandes desigualdades en capacidad económica e infraestructura de las provincias, un sistema muy fragmentado entre público, privado y obras sociales y es difícil dar gobernabilidad, equidad y solidaridad por la fragmentación. Probablemente es el desafío más fuerte. Por lo demás, es un país que tiene buenos recursos humanos, aunque existe una desproporción de médicos especialistas frente a médicos generales y también entre médicos que se quedan en las capitales versus los que se radican en las provincias.
–En la Argentina se fuma mucho. ¿Qué opina de la campaña oficial contra el tabaquismo en un país donde cerca del 40% de los médicos y una proporción similar de maestros son adictos al tabaco?
–Creo que ha habido un avance que está dando resultados fantásticos. Se está notando ya y se notará aún más.
En la OPS lo primero que intentamos fue proteger a los jóvenes. Lo segundo, ayudar a los que fuman a dejar de fumar y uno de los mecanismos ha sido hacerles más difícil encontrar el lugar donde puedan hacerlo y subir el costo del cigarrillo. Ahora necesitamos pasar a medidas específicas sobre grupos de fumadores, sobre todo quienes tienen impacto sobre el modelo y el fortalecimiento de la campaña.
–Está demostrado que el tabaquismo se redujo drásticamente en los países donde los médicos y maestros dejaron de fumar, dando el ejemplo...
–Así es. Hay que tomar medidas específicas, pero lo importante es que no basta con la información: estos dos grupos son los más educados e informados y, sin embargo, fuman. Otra vez, son necesarios el diálogo social, el balance entre deberes y derechos y el consenso de que hay que tomar medidas que desalienten de manera activa estas prácticas. Como los lomos de burro en la calle: la gente que dice que les daña el auto, pero es una de las medidas más baratas para reducir las muertes de peatones. Hay que hacer una mezcla de información y educación y de medidas coercitivas.
–Usted dijo que es importante escuchar a los niños. ¿Qué opina del debate acerca de la cifra oficial de mortalidad infantil que se generó hace un tiempo en nuestro país?
–Que es muy interesante. Soy sanitarista con más de 30 años de trabajo, y mi drama de siempre era que no se discutía sobre el tema. Está muy bien que los argentinos se interesen por la cifra de mortalidad infantil. Antes, la única discusión que importaba era que un país como la Argentina no podía tener una deuda que representara el 40% del PBI. Ahora se dice también que no puede ser que la Argentina todavía tenga dos dígitos de mortalidad infantil. Y es un avance que la sociedad empiece a considerar que también éstos son indicadores de su desempeño, de su propia imagen.
Para saber más
http://www.paho.org/default_spa.
http://www.ops.org.ar/
Organización decana
La OPS está formada por 36 Estados de las tres Américas. Su misión esencial es brindar cooperación técnica a los países que la integran y estimular su colaboración bajo el lema “Salud para todos y por todos”. La OPS promueve estrategias de atención primaria dirigidas a las personas integradas en sus comunidades para extender los servicios de salud equitativamente. Presta ayuda para combatir enfermedades clásicas reemergentes, como cólera, dengue o tuberculosis, y otras nuevas como el sida, además de dar particular importancia a brindar acceso a la atención a los grupos más débiles.






