La televisión, ese universo donde viven las princesas

Cielo Salviolo
Cielo Salviolo PARA LA NACION
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23 de abril de 2016  

Los estereotipos son creencias, juicios de valor sobre las características de grupos de personas (las rubias, tontas; los hombres, fuertes), los roles de género son los comportamientos, actitudes, obligaciones y privilegios que una sociedad asigna a cada sexo y espera de él. Los medios masivos recogen y recrean estereotipos construidos y vigentes socialmente, que coexisten con prejuicios y creencias que se transmiten en el marco de una cultura. Tienen la capacidad y el poder de reforzarlos o cuestionarlos y así contribuir a romper con la discriminación.

En la sociedad y en los medios circulan aún con fuerza estereotipos de género que se asocian fuertemente a lo femenino y a lo masculino de manera diferenciada. Niñas que juegan con muñecas, que visten de rosa y cocinan. Suelen aparecer asociadas a cánones convencionales de belleza: son flacas, rubias, altas, algunas veces con cuerpos hipersexualizados. Estudios de la Fundación Prix Jeunesse de Alemania advierten también que los personajes femeninos muy pocas veces aparecen como líderes y en general, son secundarios respecto a los masculinos. Sus motivaciones están asociadas a intereses románticos, son dependientes de los varones, más tímidas y sensibles, a veces sumisas, y en general "funcionan" dentro de las tramas como complemento de los hombres: están allí para apoyarlos, animarlos. Y si bien existen hoy producciones televisivas infantiles que rompen con estas reglas, las tendencias masivas son muy fuertes en la TV infantil de todos los países. Los varones, por su parte, se presentan forzudos para realizar trabajos valientes. Sus intereses están asociados al deporte.

La televisión tiene gran capacidad para producir materiales y discursos que cuestionen esos estereotipos, representando roles de género no tradicionales y visibilizando situaciones de igualdad. Existen diversos criterios para representar sin estereotipos a niñas y adolescentes, ampliando sus intereses, sus historias, sus deseos y formas de ver el mundo. Algunos ejemplos son: balancear los protagonistas para que sean tanto niñas como niños, equilibrar los liderazgos y no poner tipos de juegos típicamente asignados a niñas o niños de manera diferenciada para evitar reforzar estereotipos en cuanto a rasgos de personalidad según el género. Además, presentar siempre grupos heterogéneos, representados equitativamente tanto por niños como por niñas; buscar que los personajes valoren las diferencias dentro del grupo que no estén asociadas al género sino a otros rasgos. Otra cuestión importante es utilizar colores que rompan con lo típico. En cuanto a ellas, ampliar las representaciones tanto desde lo físico, como desde sus intereses y motivaciones. Por último, incluir experiencias de niños y niñas de diferentes contextos sociales y culturales.

La autora es directora de LatinLab

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