Largá el control

Crédito: Inés Auquer
A veces, lo perfecto es enemigo de lo bueno, pero también de lo posible.Por eso, la clave es confiar y dejarse sostener, transitar el caosy bajarle el telón a la mujer orquesta.
María Eugenia Castagnino
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28 de septiembre de 2015  • 00:20

Sí, a vos te hablamos, freak controller. A vos, que en el fondo no confiás en tu pareja y estás todo el día a puro mensajito haciéndole un interrogatorio digno de Interpol sobre sus actividades cotidianas. A vos, que, con tal de que las cosas se hagan como vos querés en tu trabajo, acaparás TODO con la (falsa) excusa de que nadie puede hacerlo como vos. A vos, que sentís que en tu casa (y en tu vida en general) todo depende de vos –los horarios de los chicos, que la heladera esté llena, las cuentas pagas y la ropa planchada, que venga el plomero a arreglar la canilla rota–. Sí, a vos te hablamos. A vos y a todas nosotras, porque... ¿quién no se sintió alguna vez así?

Ese (maldito) sistema de alarma interno

Si tuviéramos que definirlo de manera fácil, el control es todo eso que sentimos que tenemos que hacer cuando las cosas dependen solo de nosotras. Pero si buceamos un poquito más profundo, también podríamos pensarlo como una buena respuesta al miedo –a fallar, a no ser queridas, a no ser eficientes– o a las amenazas que nos va presentando nuestra mente. Y cuando decimos "amenaza", no tiene por qué ser algo muy grave, sino que a veces nos sentimos "amenazadas" por los cambios naturales de la vida. Por ejemplo, si empezás a trabajar con alguien nuevo, si te estás enamorando o si estás por encarar un emprendimiento por primera vez.

El control nos conecta con ese "sistema de alarma interno" que todas traemos de fábrica y que está siempre pendiente de lo que nos falta, de esas cosas que sentimos que "no podemos", y que decodifica todo como un potencial peligro. Ya lo dijimos miles de veces: nuestro cerebro es así, prioriza la carencia.

Control bueno vs. control malo

Ahora, rebobinemos… porque pareciera que ser controladora tiene mala prensa. Pero no siempre es un mecanismo negativo. El control es buenísimo para nuestra mente. Es un motor muy valioso, que nos da motivación, nos hace estar de buen humor y sentir que somos poderosas y eficientes. Y, en definitiva, es también el que nos permite el multitasking que tanto nos caracteriza .

Lo que hay que cuidar especialmente es de no caer en ese círculo vicioso que se arma cuando el "sistema de alarma" se apodera de nuestra toma de decisiones, incluido el registro de lo que está ocurriendo, de cómo nos estamos sintiendo.

Es entonces cuando nos empezamos a sentir indefensas. Débiles. Sin recursos. Y en ese instante, tu sistema "danger, danger" interno prende la luz roja y te hace engancharte en un espiral de "no estuve bien", "solo hice esto y no hice lo otro" o "soy un desastre". Controlarlo TODO es una ilusión, así que la clave pasará entonces por decodificar en nuestra propia vida qué cosas sí podemos y queremos controlar y qué cosas no.

Crédito: Inés Auquer

En busca del "descontrol controlado"

Cuando detectes en tu vida esas zonas de no-control, sentí que las estás eligiendo y entonces vas a poder aceptarlas con más naturalidad. "OK, esto se escapa de mí, que suceda simplemente", y ahí vas a dejar de percibir que estás "peleándote" con la vida, en una batalla inútil que siempre parecés perder. ¿Es fácil? ¡No! Salirnos del control y entregarnos a cierto caos supone un leve bajón, una sensación parecida a ese vértigo que te da cuando te asomás a una barranca y ves abajo el precipicio, pero tranquila, porque –una vez superado ese momento inicial– vas a poder entregarte al "recibir" de la vida. Pensalo así: la verdadera vida sucede entre el orden y el caos. En el orden absoluto (el control), dejás de recibir noticias de la vida porque las percibís como "molestias", cosas que te distraen, y entonces apagás un poco ese costado más receptor. Por el contrario, si empezás a dejar entrar ciertas zonas "descontroladas" a conciencia, te abrís al saboreo de lo cotidiano, a prestarle atención y cuidado a lo que sí tenés. Y, por otra parte, te permite darle lugar al otro, a registrarlo de una manera más realista y creativa. Tené en cuenta que las relaciones de sometimiento –en las que prima el control– sirven para tareas repetitivas y mecánicas, pero apagan el espíritu lúdico y creativo.

Estrategias para soltar

Armate una estrategia de cambio de emoción: nuestras emociones vienen a ser ese GPS que necesitamos para "recalcular" y prepararnos para una acción. Así que cuando sientas que te estás volviendo demasiado controladora, cambiá la imagen en tu escenario mental, para que cambie la emoción, y vas a ver cómo cambia el pensamiento. Buscá una acción puntual, cortita: puede ser salir a correr un rato, meditar, cocinar, tejer, bailar o lo que se te ocurra. Y una vez que lo hayas hecho, aplaudite. Es un trabajo personal armar nuestro propio "botiquín emocional" para echar mano de ciertas "acciones de rescate" cuando necesitemos cambiar de signo.

Enfocate en sentirte satisfecha: para salir de la sensación de estar siempre en falta –típica de las controladoras–, hay que poner en la balanza lo que sí lograste. Eso es lo que va a permitir que te sientas plena, y al hacerlo, el cerebro se lo cree. Tan sencillo como eso: revisar lo que sí te salió bien. Esa lista de logros va a ser un motivador suficiente para sostenerte cuando tu mente quiera enfocarse en lo que no hayas logrado aún o en aquello en lo que "fallaste". Y sobre este punto: recordá que quizá no lo lograste HOY. Pero eso no quiere decir que no puedas hacerlo en el futuro.

Buscá socios competentes: es fundamental este punto. Y para cualquier situación de tu vida. La ecuación es muy sencilla: ¿sentís que no podés sola? ¡Pedí ayuda! Buscá aliados de confianza, en los que puedas descansar y que no te generen la sensación extra de que tenés que estar controlándolos a ellos también. Soltar y confiar en que ellos –aunque lo hagan diferente del modo en que vos lo hacés– también son eficaces.

Animate a navegar en el caos: ¿qué pasa si un día dejás de ir al peluquero con la foto de Keira Knightley para pedirle ESE mismísimo corte y le decís, en cambio: "No sé, hacé lo que a vos te parezca"? En esos territorios donde no ponés tanto en juego (si el corte no te gusta, el pelo crece rápido), podés ensayar bancarte un poco el no estar tan encima de cada mínima decisión. Es casi obvio, pero nos cuesta hacerlo carne: fallando, también es posible seguir adelante.

Revisá tus valores y prioridades: cuando sientas que estás al borde del colapso, rescatate metiéndote para adentro y evaluando cómo está tu GPS interno. Preguntate: "¿Qué es importante para mí hoy en la vida?" o "¿Qué cosas ya no me interesan tanto?". Lo mismo pasa con algunas relaciones, a las que nos seguimos aferrando cuando caducaron hace rato.

Bajales un cambio a los riesgos y creá imágenes futuras: muchas veces controlamos porque, en el fondo, lo que sentimos es miedo, pero si empezamos a cuestionar esos temores o a desensibilizar esos fantasmas que nos construimos, podemos diluirlos fácilmente. "¿Qué es lo peor que puede pasar?", cuestioná cada vez que te agarre un ataque de controladora serial. Acá, sirve ejercitarte en la creación y visualización de "imágenes futuras": imaginate llegando a destino sana, contenta y disfrutando de eso, que ya terminó de la mejor manera.

Incorporá al sistema lo crónico: seguro te estarás preguntando: "¿Y qué hago con lo que no puedo controlar?". Relax. Sumalo a tu sistema vital y vivilo como por default. ¿Estás en una autopista en el medio de un bruto embotellamiento y tenés una reunión en cinco minutos? Volar o teletransportarte es imposible, así que incorporá el "OK, llego tarde y ya..., no es tan grave". Seguramente tengas en tu cotidianeidad "descontroles crónicos" –el desorden de tu pareja, el mal humor de tu portero, la excesiva independencia de tus hijos–. La clave está en no gastar energía en intentar domarlo, sino en sumarlo inteligentemente a tu presente.

Producción de Soledad Jaureguy. Arte y realización de Diego A. Martínez. Maquilló y peinó Luciana Esperanza. Agradecemos la colaboración de Promusica, Jessica Kessel, Las Oreiro, Medias Mora y Bolivia en la realización de esta nota..

¿Sos una freak controller? ¿Te cuesta soltar y delegar? Revisá otros aspectos de tu vida leyendo Egoísmo positivo y Dejá tu marca.

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