Las dos caras del Mercado Central

Se denuncia, desde hace años, que allí se "canjean" chicos por comida, dinero o drogas. El abuso sexual infantil en uno de los mercados más grandes de América latina, que abastece a 11 millones de personas
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13 de diciembre de 2009  

Fueron dos días de furia.

Dos días en que la Argentina ardió en protestas masivas, ensordecida por el rugir de las cacerolas. El miércoles 19 de diciembre de 2001 había sucumbido el todopoderoso ministro de Economía Domingo Cavallo, el padre del corralito. Al día siguiente -con más de 10.000 personas autoconvocadas en la Plaza de Mayo-, un helicóptero despegaba desde la terraza de la Casa Rosada con los despojos políticos de Fernando de la Rúa.

Atrás quedaban promesas incumplidas, sueños rotos. Y 28 personas muertas. Y 109 heridos. Y 2000 detenidos. Una catástrofe.

Fue cuando la Argentina tocó fondo.

Luego, la semana de los cinco presidentes que concluyó con la asunción de Eduardo Duhalde, el 1° de enero de 2002. Nada estaba en calma. Doce días más tarde, estalló el conurbano con saqueos a los supermercados y una sangrienta batalla en Tapiales, La Matanza, en las inmediaciones y en el interior de la Corporación Mercado Central de Buenos Aires. Lo que al principio fue visto como una lucha de pobres contra pobres -de un lado, desocupados de la Corriente Clasista y Combativa que reclamaban bolsas de comida; del otro, puesteros y changarines enardecidos por la interrupción de la carga y descarga de mercadería- terminó en un enfrentamiento de intereses fogoneado por los punteros políticos, que respondían a diferentes sectores de la corporación, así como del partido, preocupados por preservar su territorio y su poder.

Mucho antes de aquel descenso a los infiernos, quizá desde siempre, pero más acentuado a partir de los convulsionados días de diciembre de 2001, cientos de familias encontraban en los contenedores desbordados de basura del Mercado Central su diario subsistir. Iban -siguen haciéndolo- por comida; las más de las veces, por desechos. Con sus bolsas repletas de sobras, regresaban en fila a sus casas humildes como un ejército triunfante pero sin gloria. Igual que hoy.

Eran -son- la cara visible y oculta de la pobreza. De la miseria que se ve, pero se oculta. Realidad que no sólo no se ha modificado, sino que muestra ahora el costado más ignominioso del hambre: el trueque obligado del cuerpo por una bolsa de comida. Una bolsa de frutas y verduras de descarte a cambio del cuerpo de un niño, o de una niña, de 14 o 16 años. Y los niños explotados en el Mercado Central en los últimos tiempos, abusados en cuerpo y alma, según informes de una ONG, se calcula que son más de 200.

Toda la vida

Vaya uno a saber desde cuándo el abuso sexual infantil en el Mercado Central es habitual y común. Muchos dicen que desde siempre. Que está naturalizado. Para comprobarlo, alcanza con hablar con changarines, camioneros y puesteros. "Estas cosas pasaron toda la vida acá. Y van a seguir pasando", dirán. Por eso, a nadie sorprendió, siete años atrás, la primera denuncia ante la Justicia, realizada por Sergio Bugallo, Rodolfo Carabelo y Ricardo Vago, los entonces nuevos directores del mercado. Por eso, a nadie sorprendió cuando -después de un trabajo silencioso de seis años- a fines de 2008, a través de Diario Popular y luego ampliado en el portal periodístico 24Con, se conoció el informe de la ONG Trabajo Social de Promoción Humana en Situación de Crisis (Tra.Sos), presidida por el licenciado en filosofía Ricardo Gusmerotti y conformada por unos quince trabajadores sociales. Y, por eso, tampoco sorprende que en el Mercado Central se continúe hablando de abuso sexual infantil, a pesar de las desmentidas de las autoridades, así como del comisario a cargo de la seccional que opera en el lugar, y -aunque admite la duda- del jefe de Gabinete de la municipalidad de La Matanza, a quienes LNR entrevistó para que expusieran sus argumentos.

Hoy, aquellos directores que intentaron combatir esa práctica aberrante ya no están más en la corporación. Sergio Bugallo murió a los pocos meses de asumir, en tanto que Carabelo y Vago fueron desplazados entre 2006 y 2007. Y Ricardo Angelucci, que había reemplazado a Bugallo, se alejó en 2007, después de soportar una brutal golpiza de los punteros políticos que dominaban el mercado. Tra.Sos, por su lado, se retiró a fines de 2008, luego de que se conociera su denuncia, y según la ONG, por falta de apoyo y de cobro de viáticos acordados -3250 pesos mensuales- con las actuales autoridades.

En su denuncia, Tra.Sos involucraba, por acción o por complicidad, tanto a camioneros como a changarines, empleados, policías y funcionarios de la corporación. La ONG nunca fue querellada por calumnias ante la Justicia. Ni siquiera desmentida mediante alguna solicitada o a través de la prensa. Pasado el tiempo, la negación de estos episodios recién iba a conocerse de boca del actual presidente de la corporación, Carlos Alberto Martínez, en ocasión de la entrevista que le realizó LNR (ver aparte).

"Nunca nadie nos demandó -aclara uno de los trabajadores sociales de la ONG, reiteradamente amenazado, por lo que pidió reserva de su nombre-. Al contrario, todo dentro del mercado tiende al ocultamiento y al silencio. No podemos decir que el directorio que estuvo hasta 2002 y el actual estaban, o están, involucrados en la explotación, pero es indudable que había, y hay, conocimiento."

El doctor Alfredo Grande, médico psiquiatra y psicólogo social que colaboró con Tra.Sos, asegura que los directivos de la corporación "son cómplices, porque les advertimos sobre los lugares de riesgo, y esos lugares siguen estando".

En las "catacumbas"

Los lugares que refiere el doctor Grande son los vestuarios ubicados en los subsuelos de las naves en donde se comercializan los productos. Allí se produce la mayoría de los abusos sexuales. En la jerga del Mercado Central, se los llama "catacumbas". Todo un dato social. Esos vestuarios hoy aparecen remodelados, limpios, bien iluminados y con personal que controla el ingreso de personas.

"En las catacumbas, los chicos se canjean por comida, y a veces por dinero o por droga", explica Grande. Y agrega: "Esto es lo que pasaba, y sigue pasando en la actualidad".

-¿Hay una organización que maneja a los chicos?

-Aparentemente, no. El que abusa del niño lo abusa para él. No es proxenetismo propiamente dicho; pero los chicos están todo el tiempo ahí, tratando de sobrevivir día a día.

-¿Los padres no denuncian lo que ocurre?

-No denuncian nada porque la mayoría de los pibes viven abandonados. Y muchos son analfabetos. Para estos chicos, sólo es sobrevivir. Por eso casi todo el mundo mira para el costado. Es como que son cómplices de paso. Está el culpable, el copartícipe y el cómplice. Creo que las autoridades del mercado no son culpables, pero no pueden no saber lo que ocurre.

El silencio autoimpuesto por Tra.Sos hasta el momento en que fue conocido el informe lo explican sus integrantes. "Nuestra tarea no era denunciar. Era una tarea social. La denuncia entorpecería nuestro trabajo, porque... ¿cómo íbamos a sortear los obstáculos para llegar a los chicos si nos poníamos en denunciantes? Jamás llegaríamos a ellos", dicen los trabajadores sociales.

***

Luego de los episodios de diciembre de 2001 y de la batalla del Mercado Central, renuncia el directorio en pleno de la corporación. Sus reemplazantes, Bugallo, Carabelo y Vago, se hicieron cargo de la corporación el 18 de enero de 2002, y la primera medida que adoptaron fue declarar la emergencia administrativa, económica y financiera del mercado.

"En esos años -recuerda Vago, un ingeniero industrial que hoy trabaja en la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires- el mercado era un polvorín: había muchos cargos políticos, cuerpo de asesores, un gran desorden, y no se pagaban los alquileres."

Un ex directivo del mercado, que pidió no ser identificado, afirma: "En realidad, el descontrol económico que había en el mercado era por la crisis. Y asesores, en fin, había... como en cualquier organismo público".

Agrega Vago: "Intentamos terminar con el escándalo de la prostitución de mayores y el abuso de menores. Era un gran desafío, porque en el mercado no hay vida humana permanente: alrededor de 25.000 personas circulan por ahí cada día, y unas 60.000 cada fin de semana. Siempre fue un lugar complicado. Yo trabajé allí cuatro años, y quedaron huellas en mi organismo".

"Cuando asumí -recuerda la fuente reservada que dialogó con LNR- me di cuenta de que el Mercado Central es un mundo aparte. Yo sabía de los «batatas», de la gestión de Patti, y de los punteros que dirimían ahí su poder y que tenían que ver con la interna política de La Matanza. Pero cuando yo llegué, era un chico de pecho. No conocía más que eso, y sobre el abuso de menores apenas tenía alguna referencia. Al final, todas esas referencias eran ciertas. "

A poco de asumir sus funciones, Bugallo, Carabelo y Vago presentaron una denuncia ante la Justicia por ejercicio de la explotación sexual infantil, luego de comprobar el caso de dos niñas abusadas. Y fue precisamente entonces cuando apareció Tra.Sos en escena.

Cuando llega la noche

Cuentan que, en la práctica, hay "dos mercados". Uno es el que funciona de día, y otro, muy diferente, es el que opera desde las diez de la noche hasta las seis de la mañana. "Es en esa franja horaria en donde se dan los casos de abuso sexual. En una de nuestras recorridas por los pabellones encontramos a un tipo abusando de una niña que no tendría más de trece años", dice Vago.

-¿Cree que la actual dirección está al tanto de lo que ocurre allí?

-No me consta. Pero si le retiraron el apoyo económico a Tra.Sos, evidentemente al directorio no le interesa que alguien se ocupe de los chicos.

-¿Tan difícil es para quienes no están involucrados denunciar esto?

-Es muy difícil que un igual comente lo que está pasando. Y muy peligroso. Vos caminás de noche por ahí, a la madrugada, te meten un puntazo y no sabés quién lo hizo. Los changarines son usados por la política, para pegar carteles, para ir a las marchas, para apretar.

Fue a comienzos de 2002, cuando el Tribunal de Menores número 2 de La Matanza, a cargo de la doctora Nilda Ferioli, recibió aquella denuncia de Vago, Bugallo y Carabelo. La jueza, conocedora del trabajo que venía realizando Gusmerotti, lo convocó y lo puso al tanto de la situación.

"La jueza me pidió colaboración, porque la alternativa que le quedaba era internar a las menores. Ya desde la década del 90 yo venía trabajando, desde la Subsecretaría del Menor y la Familia de la Provincia de Buenos Aires, con propuestas de no judicialización de la pobreza. Entonces, le presenté un proyecto y una estrategia de trabajo que apuntaba a lo preventivo y no a lo asistencial. Ella se interesó y por indicación suya el 12 de agosto de 2002 firmamos el convenio con el Mercado Central y con la Dirección de la Mujer, el Menor y la Familia de La Matanza, representada en ese entonces por el intendente Alberto Balestrini, para desarrollar un proyecto de prevención de la prostitución, del abuso infantil y de las adicciones."

"El objetivo -reseña un grupo de operadores de Tra.Sos- era poner énfasis en la problemática de la explotación infantil, y articular un espacio alternativo de escucha, diálogo y seguimiento terapéutico para los niños y jóvenes menores de 21 años en situación de riesgo."

En su primer informe, Tra.Sos describió el Mercado Central como "un lugar estratégico de supervivencia humana de los estratos más bajos, marginales y vulnerables del conurbano bonaerense. Dentro del plano familiar, los hijos cumplen un rol fundamental en el sostenimiento económico, cuando aún conservan algún tipo de vinculo estable, participando activamente en la obtención de recursos (cartoneros, venta ambulante o la explotación sexual y laboral); se agrava cuando se rompen los lazos familiares, y los niños abandonan o son expulsados del hogar, quedando por cuenta de ellos la supervivencia".

En su diagnóstico, el informe hacía mención de gran cantidad de niños deambulando en todo horario por el mercado; la participación de distintos actores sociales en el consumo sexual de niños y niñas; la negación y el ocultamiento de los abusos, y la participación familiar, en algunos casos, en la explotación laboral y sexual infantil.

Enfocada más en las horas nocturnas, Tra.Sos detectó que había un excesivo consumo de alcohol y drogas, indigentes viviendo en sectores de los andenes, realización de "fiestas" en algunas naves y escasa presencia policial o de otros controles. "Al comienzo -dicen los operadores- no podíamos conectarnos con esa realidad, hasta que nos dimos cuenta de que el problema estaba a la vista: todos eran consumidores de drogas, sexo y violencia. Entonces, naturalmente se generaba un muro de silencio. De a poco, logramos ingresar en sitios que antes estaban prohibidos para cualquiera que no perteneciera. Nosotros no estamos para castigar delitos, sino para prevenir, y tratar de que el pibe tenga otras posibilidades. No hacemos el trabajo de la Justicia o del Estado."

-Hasta donde se sabe, no todos los directores de la corporación se desentendieron de la situación.

-No. Con Ricardo Vago, por ejemplo, y con los directores que lo acompañaban, lo hablamos muchísimas veces. Ese directorio fue el único que ha intentado realmente un cambio en la estructura del mercado. Y por eso tuvieron tantos problemas. Romper con la mafia interna del Mercado Central, a Angelucci, el último director que sobrevivió a esa gestión, le costó que un día lo ataran en su silla en el directorio, lo molieran a trompadas y después no fuera más.

-¿Cuál fue el mayor obstáculo que debieron sortear?

-La naturalización de las acciones. En el Mercado Central hay muchas cosas naturalizadas. Nosotros teníamos una pata importante de trabajo, que eran las organizaciones internas. Estaban los changarines, el sindicato de camioneros, los administrativos, las cooperativas, los operadores de las naves. Nunca pudimos trabajar codo a codo con ellos porque nos negaban su apoyo, y porque hay un consenso tácito de la situación. Y porque, además, como hemos escuchado reiteradamente, "comerse a una piba de 16 está bárbaro". Esta es la situación.

-¿Qué pasó con los informes presentados por ustedes?

-A partir de la incorporación del actual directorio, todo lo que presentábamos por escrito se perdía. Nadie, hoy, tiene registro de lo que hicimos. Nosotros tenemos copia de todos los informes presentados, con sellos de la corporación como que fueron recibidos. Ahí nos dimos cuenta de que nuestro trabajo estaba a punto de terminar. El primer paso lo habíamos dado: desentrañar el tema del abuso de menores. Quedaba el segundo paso: erradicarlo. Pero a esa etapa nunca nos permitieron llegar.

-¿Y qué hay de la policía? ¿Se trabaja en la prevención?

-Al comisario del mercado lo rotan cada tanto. Eso da la pauta de qué tipo de trabajo se puede sostener a mediano plazo: ninguno.

El comisario Pablo Adrián Baggini, a cargo de la comisaría del Mercado Central desde 2008, afirma que Tra.Sos acusa sin dar nombres. "Es por eso que no podemos hacer nada penalmente. Por eso no hay querellas contra la ONG."

-Tra.Sos dice que en todos los sectores hay consumidores: desde changarines y camioneros hasta policías y funcionarios.

-Tra.Sos nunca se presentó para hacer una denuncia. Nosotros, en cambio, sí judicializamos el tema para que se investigara si era cierto o no lo que se dice sobre el mercado, y eso consta en la causa 569/9. Nunca se encontró nada. Por eso, yo le digo que una cosa es comentarlo y otra es comprobar un abuso.

-Ese es el tema, porque parecería que está naturalizado.

-En estos tres meses que usted me dice que estuvo viniendo al mercado (N. de la R.: para realizar esta investigación), ¿vio un episodio de abuso?

-No vi nada. Lo que no significa que los hechos no existan.

-Pero tampoco hay que dejarse llevar por comentarios...

-Hay fotos publicadas y denuncias en sede judicial.

-Bueno, yo también le puedo inventar una fotografía: llevo a una chiquita a las escaleras que van a los vestuarios, en dos segundos le tomo una fotografía, la subo a un auto y la saco del lugar rápidamente. Vamos a ser sinceros. eso también puede ocurrir, ¿o no?

-¿Usted cree que Tra.Sos armó esa escena?

-Yo planteo una hipótesis, nada más.

-¿Niega que haya casos de abuso sexual?

-Es que el abuso de niños puede existir tanto acá como en cualquier lado. Pero hasta el día de hoy la investigación de la fiscalía de La Matanza demuestra que no hay abuso de menores. Sí tenemos episodios relacionados con droga, especialmente en los sectores de las parrillas.

El comisario Baggini da cuenta de que entre abril y mayo de este año, en el ámbito del Mercado Central, se efectuaron 24 procedimientos de droga en los que se incautaron de 978 gramos de cocaína, 6 kilogramos de marihuana y 3 de pasta base; hubo 358 hechos esclarecidos, 263 detenciones de adultos por causas penales y 37 detenciones de menores también por causas penales.

***

Poco antes de las elecciones legislativas de junio de 2009, Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior del gobiernonacional, reunió en el edificio de la corporación al grupo más representativo del Mercado Central -funcionarios, delegados, cooperativistas- para transmitirles la línea de acción a seguir hasta el 28 de junio. Según aseguró a LNR Ricardo Vago, que conversó con un cooperativista amigo que estuvo en el encuentro, Moreno dijo: "Muchachos, hasta el 28 de junio el Mercado Central tiene que ser un convento".

"Mientras tuvo poder absoluto -recuerda Vago-, Moreno manejó todo. Desde los precios hasta el desplazamiento de gente comprometida con un proyecto distinto sobre cómo debería manejarse el mercado."

Oscar Uliarte, presidente de Trabajadores Libres del Mercado Central, la mutual que congrega a los changarines, no sólo defiende la gestión de Moreno; también, niega la posibilidad de explotación sexual infantil.

"Nosotros tenemos delegados en cada una de las naves, y nunca nos han dicho nada acerca de eso."

-Si es así, ¿cómo obtuvo Tra.Sos esa información?

-No lo sé. Nosotros desconocemos que exista prostitución infantil, y menos de chicos de 14 o 16 años, como se cuenta.

-¿…?

-Bueno, menores hay, pero no tan "infantil". Habrá menores de 20 años, pero no de 14. Puede haber algún caso, algún mito, pero no pasa de ahí.

-Pero directores anteriores también denunciaron estos abusos.

-Tendrán sus argumentos. Es un tema muy complicado. Nosotros representamos a 1300 personas y tenemos que tener cuidado con lo que decimos.

-También se afirma que hay comercio de droga y una red de prostitución adulta.

-¡Nada que ver! Acá no hay mafia de prostitución, de ladrones, de droga... No hay nada.

Y agrega: "Desde que vino Moreno a hacerse cargo del Mercado Central... mejor dicho, no es que se hizo cargo, sino que era un directivo más, muchas cosas cambiaron para bien".

Luego de conocida la denuncia, sólo hubo dos pedidos de informes de legisladores nacionales y provinciales para que las autoridades correspondientes aportaran información al respecto. El 2 de marzo de 2009, lo hizo la diputada nacional Ivana Bianchi (FJUL-San Luis). Consultada por LNR, respondió: "Lamentablemente, la Comisión de Legislación Penal me ha informado que mi pedido jamás fue incluido en el temario para su análisis. Por lo tanto, carezco de respuesta al pedido de informes". Y ante la pregunta sobre su interpretación de los episodios que se mencionan, Bianchi dijo: "Si son veraces, la ONG no tiene la responsabilidad de solucionar la problemática que allí está ocurriendo. Por lo tanto, el objeto del presente informe era constatar las supuestas irregularidades denunciadas. Por eso, es esencial que mi pedido de informes sea tratado, porque es el Estado el que debe solucionar el problema de base".

Dos meses después, el 4 de junio, la diputada provincial Cecilia Moreau (UCR-Bs.As.) pidió un informe al Poder Ejecutivo provincial y, por su intermedio, a la Dirección de Niñez y Adolescencia de la Provincia. La inquietud le había llegado a la legisladora por varios puesteros, que exigían que se atendiera el problema.

Moreau sostiene que "el abuso sexual infantil es un delito difícil de probar. Las estadísticas disponibles son alarmantes. Cada dos horas es violado un niño o una niña. En el caso del Mercado Central, algunas ONG afirman que habría más de 300 infantes víctimas de violencia sexual. La ONG Tra.Sos es una de las que más han trabajado el tema. En charlas informales, trabajadores del mercado afirman la veracidad de las denuncias de abuso".

La diputada reconoció que su pedido, que había sido presentado el 13 de julio, fue "rebotado". Finalmente, tuvo su tratamiento de comisión el 12 de agosto último.

"Es raro que un trabajador del mercado denuncie estos episodios. No lo hacen por miedo, principalmente, y porque para ellos es cosa de toda la vida", dice Marta Villalba, una ex puestera del mercado. "Yo he visto cosas, y me han contado cosas... Es más, yo tenía como pareja a un camionero y siempre me hablaba de lo que se veía en el mercado. Igualmente, Tra.Sos no se tendría que haber retirado del mercado, más allá de las cuestiones económicas o la falta de apoyo, porque los chicos quedaron más expuestos que antes."

Marta ahora trabaja como acompañante de personas mayores, y colabora en la APDH de La Matanza.

Un empleado de seguridad privada, contratado por una cooperativa que opera en el mercado, le confirmó a LNR la existencia de casos de abuso sexual de menores, aunque aclara que después de la denuncia de la ONG se ajustaron más los controles. "Estas cosas pasan, y no creo que dejen de pasar. Ahora se controla más que antes, pero el que diga que acá no hay abuso de menores, o está mintiendo o vive en otra ciudad." Y agrega: "No sólo hay abuso; también hay mucha prostitución y robo".

"Desde nuestro Departamento de Acción Comunitaria del Mercado Central, brindamos un amplio programa de contención social a entidades sin fines de lucro -explica Agustina Hervier, jefa del departamento-. Entre otras cosas, mantenemos comedores comunitarios y realizamos donaciones de frutas y verduras. Muchos de estos y otros beneficios están destinados a los familiares desocupados de los trabajadores de esta corporación, a los indigentes, a los changarines y a las instituciones sin fines de lucro."

Jorge Kasses, licenciado en Sociología e integrante del equipo de Hervier, coincide con el diagnóstico hecho por la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, (Sennaf), que depende del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, luego de que dicho organismo realizara visitas al mercado, a comienzos de año, por indicaciones de la ministra del área, Alicia Kirchner. "La Sennaf y nosotros llegamos a lo mismo: trabajo infantil, sí, efectivamente hay. Abuso infantil no se detectó. La gente de la delegación de La Matanza también hizo su propia inteligencia y, en ese sentido, el licenciado Carlos Barbalarga señaló que chicas mayores hay, pero menores no. Hay trabajo infantil, pero no abuso sexual. Y luego, el mismo funcionario se preguntó si estaban los ingredientes para que pudiera haber abuso. Y respondió que sí, que existe esa posibilidad. Por eso sugirió más atención y más patrullaje."

Pablo Pimentel, presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, filial La Matanza, aporta más datos.

"Según el actual directorio, ellos empezaron a trabajar sobre este tema antes de que se difundiera el informe de Tra.Sos, pero lo que nosotros notamos es que pusieron todo el esfuerzo después de que se conoció el documento. Luego, le propusimos a la gente de Acción Comunitaria del mercado organizar encuentros y charlas, y eso se hizo, pero sólo asistieron seis cooperativistas."

-¿A qué conclusiones llegaron ustedes?

-Yo creo que ahora se están cuidando, porque saben que nos estamos reuniendo. En el caso de los chicos abusados sexualmente, no sólo es por bolsas de alimentos; también es a cambio de droga, de paco y marihuana.

Informes y denuncias

En su informe del primer semestre de 2009, la licenciada Hilda Strack, del Area Trabajo Infantil de la Sennaf, sostiene: "En el marco de las intervenciones llevadas a cabo en el Mercado Central, no se ha detectado la comisión de delito de explotación sexual infantil, aun cuando no podamos aseverarlo en forma definitiva. (...) Sí podemos inferir situaciones de mujeres adultas. Por deducción, a partir de los dichos de algunos actores, podrían existir implicancias con respecto a adolescentes".

Antonio Colicignio -magíster en política social, Flacso- es el jefe de Gabinete de la Municipalidad de La Matanza, y resolvió, junto al intendente Espinoza, que la cuestión relacionada con el tema de abuso de menores en el Mercado Central se manejara desde su cartera política, "para imprimirle un perfil más alto". LNR había solicitado entrevistas tanto a la jefa del Area Promoción Infantil como a la secretaria de Desarrollo Social del municipio, y en ambos casos el pedido fue derivado a la jefatura de Gabinete.

Si bien La Matanza no tiene participación en la conducción del Mercado Central, esa imposibilidad produce roces entre el partido y las tres jurisdicciones que controlan la corporación. Pero, si como acertadamente se dice, no se pueden analizar los episodios del Mercado Central fuera de su contexto, La Matanza, entonces, no puede estar ausente. El Mercado Central no es una gota en el mar. Y La Matanza tampoco. Ambos son parte de este mar de barro.

-¿Cuál es la situación actual del mercado?

-Por empezar, este municipio nunca recibió denuncias de Tra.Sos ni de ningún particular. Igualmente, esto hay que analizarlo en su contexto. Nosotros, desde que tenemos el servicio de protección al menor, hace un par de años, hemos recibido 4800 denuncias, no del mercado, sino de todo el partido. El 20 por ciento tiene que ver con violencia infantil y con abuso de menores. Muchas son intrafamiliares. Y, que yo sepa, la Provincia tampoco tiene denuncias, aunque eso no significa que no haya episodios de abuso.

-Sin embargo, el informe de Tra.Sos...

-Yo hablé con algunos de ellos, y siempre les decía que estas cosas pasan, pero no sólo en el mercado. Hay infinidad de lugares en donde ocurren estos episodios, como en Laferrère, en González Catán, y hasta aquí mismo, en la plaza principal de San Justo. Tiene que ver con el contexto. Por eso, cuando me llaman de la Sennaf, y también de la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, la Conaeti, y su par a nivel provincial, la Copreti, les digo: vengan y acompáñennos, porque para que nosotros podamos actuar en el mercado, primero tenemos que esperar que lo haga el Estado. Y hoy tenemos una línea de trabajo. Además de la Sennaf, están el Ministerio de Trabajo de la Nación y la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires; con ellos también participa nuestro servicio local, y la APDH de La Matanza.

-¿Lo sorprendió el documento de la ONG?

-No voy a negar que haya prostitución en el mercado, pero yo no la vi. Ahora, eso es un dato de un contexto social, porque hay una estrategia de supervivencia familiar. Familias que vienen de un proceso de descomposición absoluta y... te quiero decir, en algunos casos y en algunos contextos, el abuso está naturalizado, como también pareciera estar naturalizada la práctica del incesto. Es terrible, pero es así. El problema está en un Estado ausente, desguazado durante más de veinte años, y ahora hay que reconstruirlo, en una sociedad que ya no es la misma. Yo soy docente también, y te digo que la realidad de los pibes ha cambiado radicalmente en los últimos veinte o treinta años.

"Lo que digan los funcionarios no nos interesa ni nos preocupa -dicen en Tra.Sos- porque son opiniones políticas. El problema no es Tra.Sos; son los intereses que están detrás de nosotros. En el mercado hay un montón de actividades que no se denuncian. Pero para actuar no hace falta denunciar: un fiscal puede hacerlo de oficio."

Si no hay denuncia, no existe el hecho. Esta frase, pronunciada varias veces por funcionarios, policías y directores del Mercado Central, lleva a la pregunta inevitable: ¿Se trata, entonces, del delito perfecto, casi incomprobable?

La respuesta la dará el doctor Federico Stolte, psicólogo social y defensor oficial de la Defensoría Contravencional N° 3 del Poder Judicial de la Ciudad de Buenos Aires: "Yo diría que estamos frente a la negligencia perfecta, no frente al crimen perfecto. Es muy triste, pero es así".

-Si no hay denuncia, ¿no existe el hecho?

-Se trata de una verdad a medias. Si la víctima o su representante (de ser un menor) no hacen la denuncia, la Justicia no puede intervenir de oficio por el acto sexual. Pero este criterio es sólo para preservar la intimidad de la víctima. Ahora bien: esta regla cae si el representante del menor, o quien ejerce la patria potestad, comete el hecho, lo facilita o lo consiente, que estaría dentro de los hechos que se mencionan. También la Justicia puede intervenir de oficio en los supuestos de corrupción o prostitución de menores y de mayores. Si un padre, tutor o quien tenga a su cargo la custodia de un menor comete alguno de los delitos denunciados, o permite que los mismos se lleven adelante, por supuesto que debe intervenir un fiscal, o la Asesoría General Tutelar, o el Consejo de los Derechos de Niño. La patria potestad es un estado que implica derechos y obligaciones. Justamente, la comisión de delitos, o la falta de cuidado de los niños, son causales que determinan el cese de la misma.

Los operadores de Tra.Sos continúan trabajando desde un local instalado en Las Achiras, el barrio aledaño al Mercado Central.

Si no hay denuncia...

Carlos Martínez, presidente del Mercado Central de Buenos Aires, respondió a las preguntas de LNR:

-Usted se hizo cargo de la presidencia de la corporación a comienzos de 2008, y Tra.Sos difundió su documento a fines de ese año. ¿Cuál fue su reacción?

-Yo quería saber qué es lo que estaba pasando. Por eso, a los tres meses de hacerme cargo presenté una denuncia policial, y con el comisario del mercado la trasladamos a la fiscalía de La Matanza. Por nuestro lado, hicimos un seguimiento del tema y reconstruimos los vestuarios. Por eso digo que no hay abuso de menores.

-¿Entonces, por qué se hizo público semejante informe?

-Yo les pedí que me acercaran sus informes, pero nunca me llegaron. Entonces decidí cortarles los viáticos y poner al tanto al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Al poco tiempo, Tra.Sos me empieza a ensuciar con esa denuncia.

-¿Por qué no querelló a la ONG por calumnias?

-Porque al quitarle su participación y poner al Estado nacional para que intervenga, se terminó el tema.

-Entonces, ¿Tra.Sos miente?

-No hay duda de eso.

-Un changarín del pabellón 2 nos dijo que ellos mismos se están encargando de sacar a los abusadores. "Los fajamos, y ésos no vuelven más", fueron sus palabras exactas.

-Yo no puedo dejar de considerar que acá hay mucha gente, en particular los changas, alrededor de un 70 por ciento de ellos, que han cumplido condenas por distintos delitos, pero que se han reinsertado en el mercado laboral. Aun así, tampoco pongo las manos en el fuego por ellos...

-Según la ONG, los vestuarios, las playas y las parrillas son los lugares en donde se desarrollan estos episodios.

-Es cierto que tenemos un serio problema con las parrillas. Si pudiera, las cerraría todas.

-Un ex director del mercado aseguró que el secretario de Comercio Interior había dicho, en una reunión realizada en la corporación, que hasta el 28 de junio el mercado tenía que ser un convento. ¿Qué influencia tiene hoy Guillermo Moreno en el mercado?

-Moreno viene los jueves a las reuniones sobre precios, pero no tiene influencia sobre el mercado.

-¿Pero existió esa reunión?

-Existen reuniones con él, pero no conozco ésa en particular.

-Usted desmiente a Tra.Sos, y dice que ahora están controlando. Si están controlando, es porque algo estaba pasando.

-Yo hago controles para que estas cosas no sucedan. Si no hay denuncia, no hay hechos.

La urgencia por sobrevivir

No es casualidad que estos hechos puedan darse no sólo en el Mercado Central, sino también en otros lugares de gran concentración de personas: en plazas, estaciones, terminales de colectivos, pasos fronterizos, así como en los rincones más desprotegidos y vulnerables de las ciudades. Es el mercado, sí, pero el mercado es parte del contexto. Y no es de ahora.

No por casualidad, tampoco, en 2002, Cristina Corea, semióloga graduada en la UBA, y Silvia Duschatzky, licenciada en Ciencias de la Educación, también de la UBA, publicaron su libro Chicos en banda. Los caminos de la subjetividad en el declive de las instituciones (Ed. Paidós). En una de sus páginas se lee: "La maternidad o la paternidad parecen desinvestidos de aquel sentido heredero de la tradición cultural: padre, madre, hijo ya no se perfilan como significantes de una relación intergeneracional basada en un principio de autoridad, sino que parecen tratarse de lugares simbólicos destituidos. Trabajos compartidos en condiciones de alta precariedad. Chicos que «protegen» a las madres, figuras masculinas borrosas o en descomposición, actos ilegales legalizados por sus progenitores en la urgencia por sobrevivir. Caída de la frontera entre lo permitido y lo prohibido. Chicos ocupando el lugar de proveedores.

El Mercado en cifras

Fue creado el 10 de agosto de 1967 mediante un convenio suscripto por el Estado Nacional, la Provincia de Buenos Aires y la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.

Se inauguró de manera definitiva en 1984.

Ocupa 640 hectáreas y concentra unas 700 empresas mayoristas que comercializan anualmente más de 1.400.000 toneladas de especies frutihortícolas, lo que lo convierte en el principal proveedor de frutas y hortalizas de la Región Metropolitana Buenos Aires, el más importante comercializador mayorista en la Argentina y uno de los más grandes de América latina.

A l predio ingresan 13.000 camiones por mes, provenientes de todas las provincias argentinas, y también del exterior, lo que posibilita el abastecimiento para más de 11 millones de personas.

Dentro del mercado trabajan 3500 changarines y 450 operarios y administrativos.

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