Las Marías: en el principio…hubo un uruguayo

Fuente: Brando
Un recorrido por uno de los establecimientos que le dio origen a la producción de yerba mate en el litoral argentino.
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28 de abril de 2011  • 13:51

No sé si comenzar la nota. Imagínese, uno hace de la lealtad y honestidad para con sus lectores un culto. En la medida de lo posible se escribe toda información que no ofenda la moral ni el orden público. Así las cosas, me pongo a investigar el origen del principal emprendimiento agroindustrial productor de yerba mate y té, entre otras cosas, que hay en el país y zás, me encuentro en su origen nada menos que a un uruguayo. ¿Qué hacer? ¿Contarlo y arriesgarme al castigo de los lectores chauvinistas, que verán en esta perla negra un obsequio inmerecido, según ellos, a nuestros hermanos orientales? Aquí va.

El hombre en cuestión era Víctor Navajas, uruguayo, radicado en Santo Tomé, quien al terminar la Guerra del Paraguay, se compra la que fuera una gigantesca estancia jesuítica, llamada la Vuelta del Ombú, sobre el Camino Real de los Yerbales, que se transformaría, con el tiempo, en la ruta nacional Nº14, conocida como la ruta del Mercosur.

Sigue la historia

De la estancia original se desprende lo que es hoy la ciudad de Virasoro y el establecimiento Las Marías, bautizado de esta manera en 1912 por Adolfo, uno de los 7 hijos que llamó de esta forma su porción de campo heredada de su padre. Y es del matrimonio de Adolfo y Concepción Centeno, que nace Víctor Navajas Centeno, a quien todos, propios y extraños, miran como el verdadero pionero y mentor que diversifica la actividad ganadera habitual de la zona, y se empeña exitosamente en plantar los yerbatales origen de la impresionante actividad actual de Las Marías.

El problema

La curiosidad era que los yerbatales no eran fáciles de obtener a través semillas ni de ninguna de las otras formas habituales. Es un árbol que crece en medio de la selva subtropical correntina y misionera en nuestro país, al que los indios se habían acostumbrado a aprovecharlo allí donde lo encontraban.

Quien vio premiado su esfuerzo por descubrir la forma de obtener plantas de yerba mate a partir de las semillas fue el reconocido paisajista el reconocido paisajista Carlos Thays, empecinado en el desarrollo de las especies autóctonas de nuestro país, quien finalmente planta exitosamente un grupo de árboles en el actual Jardín Botánico. Honrando la historia, también se registra otra experiencia exitosa a manos del naturalista Amado Bonpland, compatriota de Thays que muere en 1858, en su amada Corrientes.

Fuente: Brando
Uno de los expertos

Estas cosas me contaba Néstor Galvanisi, el Gerente de Campo, mientras recorríamos minuciosamente las 30.000 hectáreas que albergan explotaciones de todo tipo. Él me ilustró sobre este problema de lograr la germinación de la amañada planta, como algo interesante cuando intenté comparar de alguna forma el cultivo de la yerba con el de la uva, al hablar de diferentes calidades y cualidades.

"La yerba no tiene cepas diferentes. La base es siempre la misma planta…". Entonces, me pregunté dónde estaba la diferencia, y Néstor me contestó con la gracia del hombre de campo: "…y ya que hablamos de cepas, hablemos de terroir. La diferencia surge del lugar donde se planta la yerba. Después viene el cómo se la procesa, que es otra cosa…".

La inmensidad

Nunca había estado en una plantación de yerba o té, pero lo que se ve allí es una suerte de océano verde, que mirado desde una lomada, ofrece un diseño curioso donde se ha aplicado el método de las "curvas de nivel", que en un lugar de lluvias tropicales es fundamental. Galvanisi para la camioneta en un puentecito sobre un arroyo y pregunta: "¿el arroyo está colorado?" Cuando le digo que no, agrega: "¿ve? Prueba de que estamos haciendo bien las cosas porque no hay erosión".

El cuidado

Este comentario se repetiría durante todo el tiempo que duró mi visita. Toda persona que trabaja tiene el orgullo de recordarnos que estamos en una empresa que hace del cuidado del medio ambiente un modo de trabajar. Y pruebas al canto, en cada metro cuadrado que no se utiliza para cultivos o ganadería, se ven montes de árboles implantados que también dibujan formas maravillosas en ese inmenso tablero que muestra el paisaje.

La hospitalidad

No es un tema menor. Se llega y lo recibe un responsable tanto de la estadía como de conseguir que uno visite todo lo que le interese fuera de las constantes recorridas que realizan los turistas, que son siempre bienvenidos. Este hombre, Diego Quiroga, casado con Teresa, conocida como "La Dama de la Fusta" por utilizar el viejo método audiovisual de mostrarle a sus niños una fusta –que nunca utiliza- y éstos, que de pueblerinos pasaron a habitantes de la selva, se comportan como niños ejemplarmente educados, y no como jabalíes humanos.

Volviendo a Quiroga, el hombre me habilitó el dormitorio principal de la vieja casa familiar que hoy se utiliza para alojamiento de huéspedes de los Navaja. Es él el que organiza los itinerarios de los grupos turísticos, y hasta tiene habilitada la posibilidad de visitas en bicicleta, siempre que se avise con antelación la voluntad de hacerla de esta forma.

La vieja casona, rodeada de un parque tropical fantásticamente bien mantenido, y donde se ve que la plantación de nuevas especies decorativas no para nunca, permite recrear con precisión como se vivía en una estancia de este tipo allá por los años ‘30/40 del siglo pasado. La habitación principal, gigantesca, tiene un generoso balcón que mira directamente al camino de entrada, lo que permite imaginar que al don Víctor de los años ’40 le permitía anticipar la llegada de una visita.

El parque incluye inmensas lagunas, que albergan dóciles familias de carpinchos, que nadie recuerda el año que instalaron su hábitat allí, para no abandonarlo nunca más, lo que agrega, aún, más encanto para los visitantes.

Fuente: Brando

Otra muestra de hospitalidad es que los Navajas, en este caso Víctor Jorge, hijo de Adolfo Navajas Artaza, una noche, y su hijo Víctor en la siguiente, hicieron de anfitriones a la hora de la cena. La parte gastronómica está en manos de una suerte de hada llamada Vilma, que revoloteó todo el tiempo, haciendo aparecer delicias a toda hora. En mi memoria quedarán imborrables los chipacitos tibios de la hora del té. Claro que olvidarse de sus pastas caseras tampoco va a ser fácil.

Por fin aparecería el mismo don Adolfo, que sigue mirando por encima del hombro de sus hijos y sobrinos para ver como anda todo en la empresa. Este Adolfo es uno de esos patriarcas de los que quedan pocos. Gobernador de su provincia, y luego senador, muestra el compromiso que tuvo esta familia con la cosa pública, y ya entrado en sus 80 años sigue de cerca la actualidad nacional, de la que está prolijamente informado.

Los ucranianos

En uno de los almuerzos conocí a tres ucranianos, uno de los cuales de nombre Sergii, es el principal importador de yerba en su país. Me parece escuchar a un lector: "¿yerba para Ucrania…?" Pues sí, parece ser que don Sergii descubrió que los sirios que se radicaron en su país, llevaron consigo la costumbre adquirida en la Argentina de tomar mate. Para Sergii esto significa llevarse cada año entre 50 y 60 toneladas de yerba a su patria. Cosas vederes…

Lo social

Fueron estos ucranianos visitantes los que me hicieron notar la importancia de la labor social que desarrollan en Las Marías. A través de su fundación han montado, entre muchas otras cosas, un complejo educativo, donde se concentraron en la escuela primaria, a la que sigue una terciaria donde se enseñan diversos oficios, orientados a una salida laboral en la zona, que le permita mantener al estudiante su radicación en la zona, cerca de su familia.

Conclusión

Sin duda que viví sentimientos encontrados. Algo así como un viaje al pasado, seguido de una visión de futuro que se materializa constantemente para no ser superado por los hechos. Aprendí tanto del mate y el té, que vuelvo la semana que viene a contarle, porque no me perdonaría guardármelo para mi. Paciencia.

Miscelánea enológica. Patricia y Jorge Ortiz sintieron que todo el éxito que alcanzaron con la Bodega Tapiz, no les alcanzaron. Entonces lanzaron apadrinados por Fincas Patagónicas, una línea de vinos con la marca Zolo allá por el 2005 y se dedicaron a exportarlos sin descanso. Hoy decidieron que los Zolo, todos elaborados a partir de uvas provenientes de lo que se denomina en Mendoza la "primera zona", salvo un torrontés que viene de La Rioja, con poca madera para lo que se estila, lo cual deja más claramente al descubierto la tipicidad varietal, algo que personalmente me gusta mucho. Todos son cosecha 2010 y las variedades elegidas son: el torrontés mencionado, Malbec, Chardonnay, Bonarda, Cabernet Sauvignon y Viognier. El precio ronda los $41 y se encuentran disponibles en Gran Cru.

Miscelánea hotelera. Me dijeron que si iba a Quintana 465, tal día a tal hora, me lo iba a encontrar a Roberto García Moritán. Pensé en un nuevo emprendimiento gastronómico, pero no, era el Mio Buenos Aires, un hotel de esos de 30 habitaciones y suites, pero puesta a todo trapo y con diseño novedoso, y todas las comodidades pensadas para gente de negocios. Me pregunto cuando se dará paz este buen hombre, que vive merodeando de un lugar a otro, supervisándolo todo con su habitual obsesión. Buenos Aires necesita de nuevos hoteles constantemente, y si vienen con esta calidad, enhorabuena.

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