Las superheroínas ya no tienen miedo

Mercedes Funes
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23 de marzo de 2019  • 00:47

El mejor consejo que me dieron cuando era nueva en la maternidad y en mi carrera, vino de Marta, una compañera de redacción que era madre soltera y estaba acostumbrada a correr de un lado a otro con su hijo sin que se notara. La escuchaba diciéndole a su padre que no llegaba a buscar al hijo en el jardín porque se había enterrado con una nota, pidiéndole a la madre que lo llevara al pediatra. "Si te importa tu carrera, nunca digas que no a nada porque tenés un hijo, ni a un viaje, ni a una cobertura, ni a laburar más horas. Que nunca sea tu excusa, porque si no, te dejan de considerar. No te enfermes vos, porque esos días son para cuando se enferme él". Lo hice propio y muchas veces se lo repetí a otras compañeras. Yo no crío sola a mi hijo, y sin embargo mi madre lo llevó al pediatra muchas más veces que yo o que su padre.

Aprendí de Marta que para evadir el prejuicio de los jefes y jefas que siempre preguntaron si era madre, si estaba casada o si quería tener más hijos antes de contratarme o promoverme, que lo mejor era invisibilizar mi maternidad. Que la profesional no se toque con la madre, armar back up para que alguien llegue a buscarlo o al acto del colegio cuando hay un cierre largo. Hacerlo callar cuando llama un colega o una fuente, que no lo escuchen para que no piensen que tengo otra prioridad, para que no lo sepan. Que no se enteren. Nunca una foto ni un garabato de su familia hecho con crayones en el jardín.

Hillary Clinton habla de esto en el capítulo sobre la brecha salarial de la serie documental "En pocas palabras" (disponible en Netflix): "Una persona me escribió contándome que fue promovida en el trabajo -dice la ex primera dama y candidata a la presidencia de los Estados Unidos- y me preguntó cómo debía decorar su escritorio. Le respondí: 'No puedo saber por tus iniciales si eres hombre o mujer. Si sos hombre, poné una foto de tu familia porque van a pensar que sos un gran proveedor. Si sos mujer, no pongas fotos familiares porque van a pensar que no te podés concentrar'".

A veces pienso que muchos varones que se consideran modernos y progresistas, y que aplauden con sinceridad -asumo- la incorporación masiva de las mujeres al mundo del trabajo y la política, deberían replantearse también su modo de encarar la paternidad, encontrar nuevas reglas. No podemos descartar que la próxima gran revolución sea la de una paternidad adecuada al siglo XXI.

La semana pasada cientos de mujeres usaron el hashtag #YoCrioSola en las redes para contar sus historias y experiencias como jefas de familia en hogares monoparentales: representan una de cada diez familias argentinas y el 80% está a cargo de mujeres. Empezó como una manera de apoyar a la actriz Jimena Barón después de que su ex marido, Daniel Osvaldo, le recriminara en una carta pública sus supuestos errores como madre. La activista feminista Florencia Freijó fue quien propuso armar un hashtag. ¿La primera conclusión? Jimena no estaba sola al contar su soledad: #YoCríoSola se convirtió en trendig topic a horas de su lanzamiento. "Mamás súperheroínas, nuestra venganza es no tener más miedo, nuestro mejor auto regalo es la libertad y con eso llega la felicidad. Merecés el mundo entero, que nadie te quiera hacer creer otra cosa", dijo Barón.

Leí esas historias emocionada, pensando en el consejo de Marta y en mi propio recorrido como mamá. Y sentí que quizá ya es hora de cambiar el chip. No necesito ocultar mis malabares ni mis alegrías ni mis fracasos como madre para demostrar que puedo. Las superheroínas ya no tienen miedo y entonces yo tampoco. Nuestro superpoder es ese: que estamos juntas y ya no tenemos miedo. Después de todo, quizá llegó el momento de poner una foto de mi hijo sobre mi escritorio.

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