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Lifestyle

Le extirparon medio pulmón, cambió su estilo de vida y llegó a escalar el Aconcagua

Jimena Barrionuevo
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24 de septiembre de 2019  • 09:47

"No doy rodeos con mis diagnósticos: usted tiene cáncer de pulmón", le dijo el médico a Peter Czanyo esa mañana en su pequeño consultorio del Hospital Alemán mientras miraba con atención la tomografía que le había sido entregada minutos antes. Peter pensó que estaba viviendo una película de ficción. El miedo lo invadió. Llamó a Gabriela, su pareja en ese momento, y lloró desconsoladamente: "vení por favor, estoy en el hospital", le suplicó.

Tan solo unas semanas atrás había ido casi de casualidad al médico para hacerse un chequeo general. Y, aunque no tenía síntomas ni el contacto con su cuerpo que probablemente luego desarrolló, fue al médico por el colesterol y los triglicéridos. Algo de rutina que nunca hacía. Su vida estaba desordenada en ese momento. Recuerda con claridad que corría todo el día pero no sabía bien detrás de qué. Se acostaba tarde y miraba la televisión hasta la madrugada. No hacía nada de deporte, comía mal y fumaba mucho.

Abril de 2003, Peter recién operado.
Abril de 2003, Peter recién operado.

Había empezado a fumar a los 18 años y continuó haciéndolo ininterrumpidamente hasta sus 47. Nunca imaginó que aquello que había comenzado como una travesura de adolescente terminaría comprometiendo su salud, a tal punto de poner en serio riesgo su vida. "Tengo una visión oscura de mi vida de antes de ser diagnosticado con cáncer de pulmón. No había luz. Cuando el clínico me atendió, me preguntó si fumaba y me pidió también sacar una placa RX. Luego de unos días la vio y tenía muchas cicatrices. Me mandó entonces una tomografía común y pidió que viera a un neumonólogo por mis daños pulmonares y un mancha extraña", recuerda Peter.

Lo que siguió fue un torbellino de estudios, ansiedad, angustia y, finalmente, la cirugía. En el momento de la cirugía recuerdo estaba en el quirófano principal del Hospital Alemán. Desnudo en cuerpo y alma me estaban preparando para la intervención. Tenía mucho miedo. Pensé en mis hijas Carolina y Sofía -de 8 y 14 años- y le pedí a Dios me diera diez años más. Luego me dormí. La oscuridad y la nada misma me rodearon. Creo que fue ese el momento en que mi vida cambió por completo". Mientras, los médicos confirmaron que tenía un adenocarcinoma y decidieron que lo más conveniente era extirparle medio pulmón izquierdo: su capacidad aeróbica se redujo a un 60%.

Carolina y Sofía, de pequeñas. Hoy tienen 30 y 24 años y son psicólogas.
Carolina y Sofía, de pequeñas. Hoy tienen 30 y 24 años y son psicólogas.

El proceso de recuperación fue largo. Peter vivía solo. Estaba separado. Sus padres ya estaban grandes, sus hermanas lejos, en Alemania y Santa Teresita y sus hijas eran muy pequeñas para poder ocuparse de sus cuidados. Gabriela, su novia, lo acompañó, lo cuidó, lo contuvo y siempre estuvo a su lado. Así pasaron los días, siguieron más controles, chequeos y el "cuidate" que los médicos le repetían una y otra vez.

"Ningún medico me dijo que hiciera actividad física. Por el contrario. En ese cuidate estaba implícito el no hagas locuras, no vas a ir a correr. Pero yo necesitaba sentir mi cuerpo de una manera diferente. Y poco a poco empecé a caminar, luego a trotar, después a correr con más confianza". Durante los primeros años se anotaba en muchas carreras de 10k y, más adelante, se animó a la media maratón (21k). Era parte de su entrenamiento y recuperación. También aprendió a meditar, conoció diferentes técnicas de respiración, cambió su alimentación y empezó a dormir bien. "Claro, no era sencillo. Los controles, el miedo al cáncer es muy profundo. Las estadísticas de sobrevida eran muy terribles pero aprendí que yo tenía que seguir un sueño.".

Profecía autocumplida

A los pocos meses, una de sus hermanas llegó a la Argentina para visitarlo y fueron a visitar Mendoza. "Pasamos por Horcones, donde está el Aconcagua. Encontré un cartel caído, lo levanté y le dije a mi hermana: sácame una foto que voy a escalar el Aconcagua". El chiste se convirtió en un deseo y el deseo en una realidad.

"Sacame una foto acá, voy a escalar el Aconcagua", le dijo Peter a su hermana.
"Sacame una foto acá, voy a escalar el Aconcagua", le dijo Peter a su hermana.

En 2009 realizó el ansiado ascenso a la montaña más alta de América llegando a los 6000 metros; aunque en esa oportunidad no pudo hacer cumbre el proceso ya estaba dando sus frutos. A sus 61 años y contra todos los pronósticos corrió cuatro veces el Cruce de los Andes (100 kilómetros en tres días), finalizó la carrera en el desierto de Atacama y completó las maratones de Berlín (2015) y Chicago (2016).

En 2018 pudo concretar su sueño en la expedición Summit Aconcagua en la que participaron personas que habían superado alguna adversidad por medio del deporte. Se formó un gran equipo. En la montaña todo se hizo metafórica y literalmente cuesta arriba. Cuando Peter inició el descenso, comenzó a sentir un fuerte dolor en uno de sus brazos y una pierna. No lo sabía en ese momento pero había tenido una trombosis (un cóagulo de sangre que se forma en una vena de la pierna e interrumpe el flujo normal de sangre hacia el corazón y que requiere atención inmediata).

"El dolor era terrible y estaba a 6000 metros con temperatura muy baja. Era el último y no había posibilidad de rescate. Tuve que bajar durante unas 12 horas por mis medios hasta llegar a plaza de mulas a 4300 msnm. Tuve que poner en práctica todo lo que había aprendido: meditación, resistencia, respiración, mis entrenamientos. En mi cabeza, mis hijas me empujaban, como siempre, mi perro que me esperaba y yo pensaba ¿quién les explica a todos ellos que yo no regresaré? Todo ayudó a que bajara. Al esfuerzo extremo. Una vez en Buenos Aires me operaron de urgencia y estuve internado por 17 días".

Al tiempo volvió a entrenar, a correr con su perro, a ser libre, a sentir. Y el 15 de enero de este año hizo cumbre en el Kilimanjaro, en Tanzania, África. "Lo que tengo claro es que no hice nada diferente. Lo diferente es mirar distinto. No es cambiar de paisajes sino cambiar los ojos con los que miramos. Es una visión diferente. Es una mirada hacia dentro de nosotros. Solemos preguntarnos ¿por qué a mí?, cuando la pregunta debería ser ¿para qué a mí? Lo diferente es la mirada con la que nos involucramos y sentimos la vida.

2019, Peter hizo cumbre en Kilimanjaro. Diez meses antes había estado en terapia intensiva por una trombosis.
2019, Peter hizo cumbre en Kilimanjaro. Diez meses antes había estado en terapia intensiva por una trombosis.

Hoy Peter lleva una vida de la que se siente orgulloso: trabaja desde temprano a la mañana, luego vuelve rápido a su casa a buscar a su perro (que también se llama Peter) y juntos van al vial de Vicente López a entrenar. Allí entrena de lunes a jueves con el grupo de running de Gaby Castillo. Luego regresa a su casa, medita un poco, cena y, feliz, se va a dormir antes de las 22.

En octubre de 2018, Peter fue tapa de la revista médica británica The Lancet.
En octubre de 2018, Peter fue tapa de la revista médica británica The Lancet.

"Como decía Confucio: tenemos 2 vidas, la segunda empieza cuando nos damos cuenta que tenemos una sola. Aprendí que todo está dentro de nosotros. Que podemos hacer mucho más de lo que nosotros mismos creemos". Parte de esta hazaña se podrá ver en el corto "Runners de Buenos Aires", un registro de más de dos años de carreras y distintas historias de vida para aproximarse al espíritu y la transpiración del runner porteño que se proyectará en el marco del Buenos Aires Running Film Festival (BARunFF), el Festival de Cine Runner de Argentina y Latinoamérica, que se realizará del 7 al 9 de octubre en Village Cines Recoleta.

La voz del especialista

Andrés Bertorello es médico neumonólogo (MN 77467), Presidente de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR) y en este audio explica cuáles son los beneficios inmediatos y a largo plazo que implica dejar de fumar.

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