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Le llevaba 27 años y ella jamás pensó enamorarse, pero un baile lo cambió todo

Señorita Heart
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19 de abril de 2019  • 00:08

Miguel entrelazó sus manos en las de ella, que al comienzo se mostraron algo temblorosas. El acercamiento no había sido instantáneo, pero sí hubo una fuerte química en el baile. Romina, que era su joven alumna de 20 años, nunca se había interesado por los hombres grandes, y menos por aquellos que le doblaran la edad o tal vez aún más. Sin embargo, al dejarse llevar por la música y sus movimientos sincronizados, la magia en el aire resultó innegable.

Llegó a la clase de aquel hombre de 47 años casi por casualidad, ella quería practicar salsa, pero no había cupo, entonces se decidió por el rock. "Me enamoré del ritmo y a él lo veía como un amor platónico, nunca se me hubiera ocurrido salir con él, ¡lo trataba de usted!", recuerda Romina y se ríe.

Bailaban juntos porque ella aprendía rápido y era la mejor candidata para mostrar las figuras en clase. Para Romina, aquellos momentos eran como tocar el cielo con las manos, lo disfrutaba mucho y lo sentía como un honor. "¡Qué alumna no disfruta bailar con su profe!".

Romina y Miguel, y una química inigualable.
Romina y Miguel, y una química inigualable.

Más que amigos

Por aquel entonces, en el año 2007, ambos tenían pareja. Su relación no traspasó la barrera de maestro alumna por casi dos años hasta que, recién a finales del año 2009, las cosas cambiaron. Se habían separado y empezaron a frecuentarse como amigos: salían después de clases, iban a entrenamientos y a eventos de bailes de rock. Así, entre piruetas y salidas, de a poco creció un amor sólido e invencible.

Apostar a su amor no fue fácil. En una sociedad colmada de prejuicios, el camino se había bifurcado y debían elegir entre mantener un buen lazo con su sangre o tomar el sendero de la felicidad que trae el amor sincero. Es que el juicio más doloroso había llegado por parte de las personas más cercanas. La familia no pudo comprender que ellos estaban destinados, 27 años de diferencia a la mayoría les resultaba impactante, en especial porque el padre de Romina era menor que su novio Miguel, y Miguel tenía una hija mayor que Romina.

Juntos, participan de varios eventos.
Juntos, participan de varios eventos.

Y, sin embargo, su sentir verdadero pudo más y decidieron enfrentar juntos todas las tormentas. "Mis padres, que no pudieron convivir con lo nuestro, me pidieron que deje la casa y justo Miguel tenía que dejar el lugar donde vivía, entonces salimos en la búsqueda de un departamento en forma urgente, sin garantía. Yo hacía muy poco había empezado a trabajar. Nos fuimos con lo puesto", rememora ella.

Por fortuna, consiguieron un lindo lugar en San Telmo, donde vivieron hasta el año 2014, cuando nació su hijo, Fabrizio. Con la noticia de la llegada de un bebé surgieron nuevos miedos. Romina era madre primeriza y Miguel, con sus hijos ya grandes, no había pensado en volver a ser padre. "También me asustó la idea de no poder bailar con un hijo en camino, ¡pero nada más lejos de la realidad!", asegura Romina.

Una pasión compartida.
Una pasión compartida.

El baile de la vida

A pesar de los prejuicios, de la edad y de todas las dificultades que tuvieron que atravesar, hoy Romina y Miguel tienen una hermosa familia y lograron llevar adelante su emprendimiento con éxito.

"Actualmente, tenemos nuestra escuela de baile, que por suerte es reconocida en todos lados. Hemos crecido como pareja y como profesionales. Y nuestro hijo es un niño sano y feliz que nos acompaña a cuanto evento vayamos u organicemos, y que nos derrite cuando dice con su vocecita: `yo estoy orgulloso de que mamá y papá bailen´", cuenta Romina.

Pasión por el baile.
Pasión por el baile.

"Sin duda el baile nos dio todo: nuestro medio de vida, trabajar juntos de lo que nos gusta, y formar una familia hermosa. Disfrutamos compartir el arte en todas sus expresiones. Soy una convencida de que cuando hay amor todo es posible. La edad no es un impedimento cuando el deseo de ambos es tirar el carro con la misma soga", concluye visiblemente emocionada.

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