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Le pidió casamiento en una isla a horas de conocerla y renovó su propuesta cada día

Señorita Heart
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24 de abril de 2020  • 00:18

Por el año 2011, en tiempos de fronteras permeables y preocupaciones ajenas a este presente, Vane partió junto a su hermana de vacaciones hacia un destino paradisíaco, en donde anhelaba encontrar descanso y diversión, sin imaginar que la aguardaba un tesoro aún más preciado: el amor.

La isla Margarita desplegó su belleza desde el primer día, entre colores, sabores y aromas que la joven abogada de 27 años adoró explorar. Por las noches llegaba la música y el baile, rodeada de hombres y mujeres de diversas nacionalidades, entregados a esos instantes en los cuales los pensamientos habituales de la rutina del año pasan de largo. Vane se dispuso a seguir el ritmo de una melodía junto a un nuevo amigo argentino, cuando de pronto lo vio ahí, parado a unos metros, mirándola fijo: "No dudo que fue amor a primera vista. ", asegura. "Él me observaba, yo hacía lo mismo y sentí algo totalmente diferente, lo vi hermoso. Estaba absorbida por su mirada y no pude apartar la vista, algo que jamás solía hacer con un hombre".

Un encuentro mágico.
Un encuentro mágico.

A Yannik no le importó que Vane estuviera bailando con alguien más. Se acercó decidido y con una sonrisa eterna la fue apartando de su compañero y así, casi sin darse cuenta, la mujer ahora movía su cuerpo al ritmo de la música junto a aquel desconocido que la había hipnotizado como nadie lo hizo jamás. Entre el bullicio y las risas, él inició una conversación que la terminó de enamorar, no por lo que decía, sino por cómo lo decía: "Me habló con tonada francesa en inglés y me derretí". Encandilados, el francés y la argentina bailaron toda la noche.

Una propuesta inesperada

Al día siguiente Yannik pasó a buscar a las hermanas para ir a la playa. Disfrutaron del mar y de un paseo íntimo de a dos por las arenas blancas. Y allí, enmarcados por un paisaje de ensueño, se dieron su primer beso: "Al recordarlo todavía siento las mariposas". La magia de pronto lo invadió todo. Fue así que él, acompañado por aquella emoción irrefrenable, inesperadamente le propuso casamiento. Entre risas encantadas, Vane lo miró sorprendida y - por supuesto - no tomó en serio su propuesta.

Sin embargo, Mon Amour (así lo comenzó a llamar), no dejaría de sorprenderla. Lejos de tomar su arrebato en broma, y embebido por un sentimiento innegable, cada día desde entonces renovó su petición. Suspendida en aquella nube de felicidad, Vane se sentía profundamente enamorada, pero, ¿cómo no tomarlo como una locura cuando apenas se conocían?

Puro romance.
Puro romance.

"Pero él me lo propuso todo lo que duraron las idílicas vacaciones y también los días de amor a distancia. Después, vino a la Argentina a conocer a toda mi familia. Recuerdo que mi abuela, que aún vivía, le cantó una canción. Él quedó maravillado con el espíritu de nuestra familia, somos amantes de la música (tocamos instrumentos y cantamos, en mi caso toco el piano). Mi abuela murió al mes siguiente y tuve la fortuna de que lo conociera. Luego viajé a Francia y él visitó varias veces Tucumán. Y un día, ante su usual pregunta de si quería casarme con él, le dije que sí. Lo amaba y lo hice desde la primera vez que lo vi. Esa noche en la isla me invadió una emoción que jamás había sentido en mi vida. Supe en ese instante que estaba ante mi amor y que sería para siempre", rememora. "Y a medida que nos fuimos descubriendo más, me di cuenta de que era muy diferente a cualquier hombre que había conocido. Él es un romántico, es mi complemento".

Una boda inolvidable.
Una boda inolvidable.

Se casaron en Argentina, en noviembre del 2012. La celebración se llevó a cabo en Villa Nogues, en los cerros tucumanos, fue el día más feliz de la vida de Vane. Lo cierto era que ella nunca había soñado con una boda y un vestido blanco, sin embargo, había algo que le resultaba más importante: su madre. "Ella, con todas sus tradiciones, me dijo que deseaba un casamiento como se debe, ¡y le hice caso!", ríe. "Fue gracioso, porque en ese tiempo estaba más delgada y los vestidos al cuerpo me quedaban bellos. Como la boda era para mi madre, me compré el vestido francés más despampanante e hicimos una fiesta a lo grande, tal como ella anhelaba. Nunca me arrepentí, al contrario, todo nuestro entorno recuerda con alegría y felicidad nuestro casamiento. Y tuve la dicha de darle el gusto a mi mamá sin saber que a los pocos años moriría".

Todo por amor

Hoy, Vane y su Mon Amour tienen dos hijos y viven entre París y Normandía. De a cuatro, ella se siente cada día más enamorada. Años atrás, Yannik la había conquistado mágicamente y ahora, con niños, no hizo más que afianzarle su sentimiento: "Aparte de su dulzura y su inteligencia, él se ocupa de los quehaceres de la casa y chicos a la par, o más. Con el tiempo me demostró que lo nuestro no solo era enamoramiento, química y romance, sino un compañerismo único", reflexiona.

Una familia amante de los viajes.
Una familia amante de los viajes.

"Cuando me vine a vivir definitivamente a Francia, dejar a la familia y a los amigos fue muy difícil. La parte que más me costó fue la profesional, ejercía mi carrera, tenía una vida armada, tranquila y me dedicaba a viajar. No sabía francés y lo aprendí para adaptarme y poder trabajar. Realicé dos másteres y en uno de ellos tuve que dar un examen muy complicado - incluso para los franceses - y pude pasarlo con éxito. Ahora soy abogada en el Barraeu de París y profesora de Derecho en la Universidad de Rouen", continúa.

"Mi historia con Mon Amour me demostró todo lo que soy capaz de hacer por amor", asegura con una sonrisa. "No puedo vivir sin él. Hasta el día de hoy, cuando nos tenemos que separar me duele. Por él tuve la fortaleza de crecer y superarme como nunca lo hubiera imaginado y, gracias a él, tengo dos hijos hermosos. Y seguimos pensando en la niña, que seguro intentaremos buscar cuando pase la epidemia; en estos tiempos extraños, tomo consciencia más que nunca de la fuerza del amor que nos tenemos".

Yannik, colocando el candado que selló su amor.
Yannik, colocando el candado que selló su amor.

Es así como Vane concluye su historia, agradecida de aquel mundo sin barreras que alguna vez lo acercó a su amado. Con mirada soñadora, espera con ansias volver a emprender los viajes que tanto les apasionan y regresar todas las veces que lo desee a observar el horizonte desde el Puente de las Artes en París, donde años atrás sellaron su amor.

La banda sonora del amor

1) Mika, Elle me dit ...

Mika | Elle Me Dit

03:36
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La letra no tiene nada que ver con nosotros, pero es la canción que siempre sonaba en Francia cuando estábamos de novios y yo estaba acá, en realidad no me gustaba la canción, pero siempre la pasaban, y nos reíamos de eso. Cada ves que la escuchamos sabemos que es nuestra canción, y nos da risa.

2) Edith Piaf : el himno al amor

Fue la canción que elegimos para el día de nuestro casamiento, a parte de la de Mika

3) Frank Sinatra : New York

Unos de los viajes más hermosos que hicimos, y tuvimos la suerte de bailar y cantar como 4 locos (la familia completa) por las calles de New York. Hermoso recuerdo

4) Al Green : How Can You mend a broken heart

Al Green | How Can You Mend a Broken Heart

06:23
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Otra canción que cantamos en familia: yo al piano, mi viejo la Batería y todos cantan.

5) Bésame mucho ...

Me recuerda el amor, el amor más puro, mi madre antes de morir, entre la morfina ( por un cáncer fulminarte que duró 3 semanas después del diagnóstico, murió en 2017) y en un estado de semi consciencia, lo último que pidió fue un beso de mi padre.

Si querés contarle tu historia a la Señorita Heart, escribile a corazones@lanacion.com.ar con todos los datos que te pedimos aquí .

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