Leonardo total

Un nuevo libro que reúne por primera vez su obra pictórica completa y cientos de dibujos desconocidos, y varias exposiciones en todo el mundo, confirman la actualidad del gran artista italiano
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18 de mayo de 2003  

¿Qué tienen en común La Gioconda, un tratado de anatomía humana, el diseño de máquinas de guerra, la divina proporción, las leyes de la óptica, la aeronavegación, un proyecto arquitectónico, una escultura y la hidráulica? Un nombre que, como pocos, condensa el ideal humanista del Renacimiento, la búsqueda de una sabiduría universal capaz de abarcar todos los conocimientos posibles: Leonardo da Vinci (1452-1519).

El gran artista toscano y precursor de las ciencias modernas ha forjado algunos de los iconos permanentes de la cultura occidental y conserva, a pesar de su celebridad, un aura de misterio, debido a los grandes enigmas que rodean su biografía, llena de datos contradictorios y puntos oscuros: una sexualidad incierta, persecuciones que en más de una ocasión lo llevaron a escribir en clave o a destruir sus anotaciones, dificultades económicas, experimentos inconclusos y obras destruidas por una posteridad siempre más atenta a hacer la guerra que a preservar los patrimonios de la cultura.

Tal vez por todo eso, la obra y la figura de este prodigioso explorador de la realidad a través de los ojos del arte y de las ciencias ha cobrado en estos días una renovada actualidad.

En primer lugar, la prestigiosa editorial Taschen acaba de publicar un libro realmente impresionante: Leonardo da Vinci. Obra pictórica completa y obra gráfica, un volumen de 696 páginas y un formato de 44 x 29 cm, cuyos 10,5 kilos de peso proponen una lectura fascinadamente sedentaria. El libro, responsabilidad de los estudiosos Frank Zöllner y Johannes Nathan, recorre a través de diez sustanciosos capítulos todos los aspectos de la vida y la obra del genio italiano, incluye reproducciones espectaculares de la totalidad de su obra pictórica y, lo más importante, una deslumbrante cantidad de dibujos, bocetos y manuscritos de Leonardo, casi 700 trabajos que hasta ahora se encontraban dispersos, y a veces inaccesibles, en bibliotecas públicas o privadas.

El volumen se agotó rápidamente en Alemania y en Francia, y está a punto de hacerlo en España. Es precisamente la edición española de este libro –que ha servido de fuente para las magníficas reproducciones de esta nota– la que estará en las librerías argentinas a mediados de junio próximo.

Además de este trabajo monumental que constituye el testimonio más completo sobre la obra de Leonardo hasta la fecha, deben consignarse un aniversario emblemático: los 500 años del comienzo de la elaboración por Da Vinci de uno de los cuadros más famosos de todos los tiempos, La Gioconda, y, entre otras exhibiciones relativamente recientes dedicadas al maestro italiano, las formidables exposiciones que el Louvre y la Queen’s Gallery del Palacio de Buckingham dedican en estos días a más de un centenar de sus dibujos (ver recuadro), y valiosos manuscritos de Leonardo, un hombre que no sólo se dedicó a interrogar a la naturaleza, sino también a consignar escrupulosamente por escrito el producto de sus inagotables pesquisas.

Pero, sin dudas –al menos para quienes tengan la fortuna de acceder a él–, el libro de Taschen ofrece la posibilidad más completa de comprender los vastos y variados alcances de la curiosidad de Da Vinci.

No tanto por las reproducciones de sus óleos –extraordinarios y decisivos, pero sumamente escasos–, con espectaculares detalles que cobran dimensiones documentales, como por la extraordinaria profusión de dibujos y bocetos, en su mayoría reproducidos de la célebre colección de la Biblioteca del castillo de Windsor, en Gran Bretaña.

Leonardo no sólo realizaba bocetos para sus futuros cuadros (muchos de los cuales no llegó a pintar), sino también para sus esculturas en mármol y en bronce, su relevamiento minucioso del mundo natural (en especial del cuerpo humano), sus proyectos arquitectónicos y de ingeniería, sus estudios sobre música, gastronomía y óptica.

Anatomista, arquitecto, escultor, naturalista, pintor, ingeniero, músico, orfebre, diseñador, hombre de letras, partidario de la razón pero más aún de la observación, si hubiese que elegir una palabra que condense todo lo que fue Leonardo da Vinci, no sería desacertado decir inventor, con todos los matices que ese término tiene en su origen.

Inventar deriva del verbo latino invenio, que significa ante todo descubrir, encontrar algo hasta entonces desconocido; pero también resuena, en el mármol antiguo de esa palabra mágica, la raíz de otro verbo: venio, que quiere decir tanto venir como ir e incluso llegar. Quizás en esa paradójica raíz del movimiento, en ese ir y venir de la extraordinaria aventura de las invenciones, se dibuje, como una divisa, el espíritu de un hombre que se convirtió en mito de sus contemporáneos y cuya memoria no hizo más que agigantarse después de su muerte. Tal vez la vieja música del latín –que Leonardo conoció, al igual que el griego– sirva para entonar la canción de una vida que desconoció el reposo.

Miles de páginas de manuscritos y dibujos –a veces herméticos y cuyo contenido se conoció mucho después de su muerte– atestiguan una fascinación insólita por las más diversas cuestiones; cientos de proyectos casi siempre inconclusos –pinturas, edificios, máquinas, estudios científicos o artísticos, fábulas y aforismos– dan cuenta de una diversidad de la cual el propio Leonardo fue perfectamente consciente y manejó con una sabiduría no siempre comprendida por sus contemporáneos, urgidos por el interés de los resultados, pragmáticos y muchas veces frívolos.

Ese afán, ese apetito permanentemente insaciado, era en sí mismo un motor, una fuerza que se distribuía y a veces se dispersaba en una multitud de intereses que, hacia el final de su vida, él creyó que podían condensarse en la mecánica: "Es con mucho la ciencia más noble y útil, pues gracias a ella ejecutan sus movimientos todos los seres vivientes".

Ironía del destino o método compensatorio, fue cuando la malaria disminuyó el movimiento de sus brazos que Leonardo se dedicó con mayor entusiasmo que nunca al estudio de esta disciplina, bocetando planos de máquinas hidráulicas, diseñando sistemas de represas y, sobre todo, ideando diversas variantes de un artefacto que permitiera volar y que lo convierten en indiscutido pionero de la aeronavegación.

Tal vez abrumado porque esa cuestión puramente mental que era para él la pintura no encontraba en sus manos la capacidad para plasmar el lujo de su imaginación, prefirió dedicar sus empeños a aquellas formas de su genio que no dependían tanto de una habilidad ya menguada como de una inteligencia que, en cambio, permaneció despierta hasta el fin de sus días. Esa inteligencia encontró en el dibujo su mejor forma de la memoria.

De los múltiples objetos de esa lucidez hambrienta, así como de sus cuadros inolvidables y decisivos, da cuenta admirablemente el ciclópeo volumen de Taschen. Seguramente, estará fuera del alcance de muchos bolsillos ($560, muy razonable, dado el carácter del objeto), pero eso no es motivo para no celebrar su llegada a estas sufridas playas. Por el contrario, cabe imaginar un futuro à la Leonardo, donde los sueños de la razón no engendren monstruos, sino la utopía de un arte al alcance de todos.

Dos citas con un solo genio

Los afortunados que se encuentren en París hasta el 14 de junio próximo pueden ver de cerca el talento único del gran artista italiano. La exposición se llama Leonardo da Vinci, dibujos y manuscritos; inaugurada el 8 del actual, es la primera dedicada a Leonardo da Vinci en el Louvre desde hace más de cincuenta años. La muestra presenta más de ochenta y ocho dibujos de Leonardo, y los doce manuscritos conservados en la biblioteca del Instituto de Francia.

Páginas extraordinarias consagradas a la arquitectura y al estudio científico serán exhibidas al público por primera vez, al lado de retratos, de escenas de batallas o de estudios para algunos de sus cuadros. Los dibujos provienen de la colección del Museo del Louvre (una de las tres más ricas del mundo), de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia y Alemania.

Una muestra similar, titulada: Leonardo da Vinci: lo divino y lo grotesco, reúne 77 obras de Leonardo pertenecientes a la Royal Collection; puede visitarse desde el 8 del actual y hasta el 9 de noviembre próximo, en la Queen’s Gallery del Palacio de Buckingham. Esta exhibición incluye, entre otras maravillas, un Estudio para la cabeza de Leda, realizado en 1505-6, que ilustra este recuadro.

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