Limpieza con apps

Guillermo Tomoyose
Guillermo Tomoyose LA NACION
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4 de agosto de 2019  

No todo es sushi en la vida de los japoneses. Por lo pronto, mis padres abrieron una tintorería a fines de los 60. Era un trabajo simple y, sobre todo, no requería de mucho conocimiento del español. "Eso era para los primeros inmigrantes. Aprendí español cuando llegué a la Argentina en 1959, y elegimos ser tintoreros porque muchos amigos y familiares nos contaron cómo era el negocio", me explican Masao y Norma sobre sus primeros años.

El trabajo duro entre máquinas de limpieza en seco y planchas de vapor dio sus resultados: los hijos de los inmigrantes nipones también lograron progresar, pero lejos de las tintorerías. Algunos como abogados, otros médicos. En mi caso, como periodista. Medio siglo más tarde, Buenos Aires es una ciudad muy diferente, sin canillitas ni tranvías. Y cada vez con menos tintorerías. Más jeans, y menos saco y corbata. Pantalones, camisas y polleras aptas para el lavarropas hogareño. La tarea de limpieza se hace en casa o en locales de lavado rápido. Estilo europeo, algo con lo que el negocio familiar tuvo que lidiar durante varios años.

Y en plena era del smartphone, era inevitable tener una app para lavar la ropa. Mi trabajo cotidiano como periodista especializado me llevó a conocer Mr Jeff, un servicio que combina repartidores con 30 lavaderos disponibles en la ciudad. Limpiar cuatro bolsas grandes cuesta menos de 1000 pesos, aunque en mi caso tuve que ir de forma personal para saber si aceptaban cuatro juegos de sábanas. "Todo lo que entre en esta bolsa se lava y se seca", me explicó el empleado del local de Palermo. Más allá de un par de idas y vueltas, el servicio de Mr Jeff cumple con las tareas de lavado hogareño. También ofrece el servicio de tintorería, pero claro, es algo que no necesito para mis trajes y camisas. "Traé todo lo que necesites limpiar", me dicen mis padres cada vez que los visito.

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