Litio, el tesoro de la Puna

Se usa para baterías de celulares y la Puna tiene grandes reservas. ¿Tendremos una nueva Arabia Saudita en el sur de América? No hay que exagerar, admiten los especialistas.
Se usa para baterías de celulares y la Puna tiene grandes reservas. ¿Tendremos una nueva Arabia Saudita en el sur de América? No hay que exagerar, admiten los especialistas.
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24 de enero de 2014  • 12:04

La situación es bastante común cuando viajamos en avión: ubicados los bultos en el portaequipajes, nos desplomamos en nuestros asientos y repasamos las últimas horas de preparativos intensos: el armado de la valija, el auto que nos transportó hasta el aeropuerto, la espera enviando los últimos mensajes por un teléfono inteligente. Al despegar, finalmente, tomamos alguna medicación que nos relaje.

Lo que no sabemos es que un insumo muy pequeño y muy barato posibilitó gran parte de ese día: el litio, un mineral usado por la electrónica, la aeronavegación, la industria farmacéutica y, cada vez más, por los fabricantes de automóviles, para mover el mundo. Y lo que menos se sabe es que ese mineral puede ser el próximo petróleo, y transformar la economía de regiones emergentes como el sur de América, más precisamente, la inhóspita Puna.

La Arabia Saudita de América latina. Así vienen llamando a una zona conocida como el Triángulo del Litio, un territorio de fronteras imprecisas donde descansa el 60% de las reservas de litio mundiales, alrededor de 20 millones de toneladas. La cifra, hay que decirlo, es muy relativa: el triángulo está subexplorado y aún faltan explorar muchos salares en otras partes del mundo, lo cual empequeñecería el destino saudí de nuestra Puna.

El Triángulo del Litio está formado por Bolivia, Chile y Argentina, en ese orden. Bolivia tiene las reservas más grandes de la región, nueve millones de toneladas, y se espera que se transforme en el principal productor de litio del mundo: el salar de Uyuni es un campo blanco a cielo abierto valuado en 515.000 millones de dólares, pero está subexplotado por decisión política, después de que Evo Morales prohibiera la colaboración de empresas internacionales en la explotación de recursos naturales. Chile cuenta con el salar de Atacama, el depósito de mayor calidad de litio en el mundo, con unas reservas estimadas en 7 millones de toneladas.

En la Argentina (que dependiendo de las fuentes, tiene entre 3 y 5 millones de toneladas), las reservas más importantes se concentran en los salares de Catamarca (del Hombre Muerto), Salta (del Rincón, Pocitos, Arizaro) y Jujuy (Olaroz, Caucharí). Salvo Hombre Muerto, el resto está en fase de exploración, por lo cual aún no está claro su potencial para la minería. El litio representa todavía una porción bajísima de la producción minera nacional: 1%, según el informe "Complejo minero: litio", [PDF], elaborado por el Ministerio de Economía.

Hasta hace diez años, el litio era utilizado solo por fabricantes de vidrio, grasa y por la industria farmacéutica para desarrollar antidepresivos. Pero la demanda se disparó con el desarrollo de los smartphones, que buscaban componentes más livianos y baterías de mayor resistencia, que encontraron en el litio. Estas baterías de ion de litio (o Li-Ion) están basadas en diferentes sistemas electroquímicos en los que el litio constituye el electrodo negativo.

Desde el año 2000 la demanda de litio por parte de esta industria viene creciendo alrededor de 30% por año. El 20% de la producción mundial de litio se utiliza para baterías de celulares, notebooks y tablets. El 30%, para aires acondicionados, el sector metalúrgico y medicina. El otro 50% lo demandan las industrias aeroespacial, de cerámica y de lubricantes.

Pero la principal esperanza de la industria minera del litio está en las baterías para automóviles eléctricos. Se estima que la participación de las ventas globales de esos vehículos pasará de 2,5% del mercado a 6,3% en 2015, y que las principales marcas serán Toyota, Ford y General Motors. El Toyota Prius , el Nissan Leaf y el Chevrolet Volt liderarán las ventas de este segmento. Lo que no está tan claro es qué tecnología irá a prevalecer para empujar esos autos. El Toyota Prius, por ejemplo, un automóvil híbrido (combustible y electricidad), usa con bastante éxito desde hace varios años baterías de níquel-metal, lo mismo que el Chevrolet Volt. El problema de estos autos es su escasa autonomía: en modo eléctrico, el Volt llega a 64 kilómetros.

Para elevar la autonomía de este tipo de baterías, los fabricantes optaron por generar la energía a bordo del vehículo mediante pilas de combustible de hidrógeno, que elevaron la autonomía a 500 kilómetros, pero es una tecnología todavía costosa, aunque sigue en carrera y los autos impulsados por pilas de hidrógeno podrán empezar a aparecer hacia 2020. Por eso hay tanta expectativa alrededor de las baterías de litio.

El primer automóvil impulsado por baterías de litio fue el Tesla Roadster, en 2005. Detrás de él vinieron el Th!nk City, el Citroën C-Zero, el Peugeot iOn y el Nissan Leaf, Auto del Año en Europa en 2011. Pero el reinado del litio no está claro: cualquier tecnología que eleve la autonomía y disminuya el tiempo de carga de sus baterías suplantará los desarrollos previos. Toyota, por caso, dice que en 2020 presentará una batería que durará 1.000 kilómetros.

Si no está claro el futuro del litio en la industria automotriz, menos claro aún resulta que el "oro blanco" vaya a traer grandes riquezas al Cono Sur. El interés de las empresas mineras sigue girando alrededor del oro y el cobre, porque son minerales escasos y entonces valen mucho más que el litio. Las reservas mundiales de litio alcanzan para 1.500 años; las de cobre, para 100: que haya tanto litio no es necesariamente bueno. Esa abundancia no lo convierte en una inversión estratégica.

Esto se nota a la hora de vender: a nivel global, se estima que el litio representa un negocio de 800 millones de dólares al año, muchísimo menos que el negocio del cobre, que ronda los 120.000 millones de dólares. El precio de la tonelada de litio está cerca de los 5.000 dólares, un valor que se viene sosteniendo.

Ricardo Alonso, diputado provincial de Salta por el partido Frente Salteño, investigador del Conicet en geología económica y profesor de la Universidad de Salta, es el inventor del título de "la Arabia Saudita de América latina". En sus días de secretario de Minería de la provincia de Salta, entre 2005 y 2007, comenzó a hacer circular ese gran eslogan impulsado por la necesidad de inversiones privadas. El título, admite Ricardo, es una exageración. "Todos los salares de la Argentina entran en el salar de Atacama, y todos los argentinos más Atacama entran en Uyuni. Y todos esos juntos, Argentina, Atacama y Uyuni, entran muchas veces en la Cuenca de Qaidam, en China".

La Cuenca de Qaidam, en la provincia de Qinghai, tiene 33 lagos salinos y debajo de ellos, una reserva incalculable de litio. La Puna tendrá que seguir esperando.

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