Living 10 años: Uno nunca sabe por dónde salta la liebre

Inés Marini, Editora de la revista, cuenta su experiencia en la redacción y nos muestra la casa que para ella resume sus años dentro de Living
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23 de diciembre de 2009  • 16:18

Trabajar en Living no fue algo buscado. Había estudiado Letras y enseñado literatura e inglés durante muchísimos años, cuando surgió la oportunidad. ¿Qué tenía que ver yo con la arquitectura y la decoración? Poco, aparentemente. Pero un sábado por la mañana, concienzuda como soy, me encontré manejando hacia el Centro, con mi hijita en el asiento de atrás, parando en todos los edificios de Buenos Aires que el arquitecto Marcelo Nougués –a quien había entrevistado para una nota sobre los estilos arquitectónicos de la ciudad después de leer varios libros acercados por mi jefa– me había señalado como emblemáticos. Estacionamos en Libertador y Lafinur (Sánchez, Lagos y de la Torre), Alvear y Libertad (Pater y Morea), Callao y Tucumán (Alejandro Christophersen), y en Suipacha y Tucumán (Julián García Núñez), entre otros varios lugares de interés.

Por supuesto, Mercedes tuvo su recompensa: segundo desayuno en Las Violetas y paseo en los antiguos vagones de la línea "A".

Creo que recién ahí me pegó. Durante muchísimos años, mi papá, que siempre se dedicó a la inmobiliaria, me había llevado, sábado por medio digamos, a ver algún departamento que tenía que tasar. Departamentos generalmente deshabitados y sin muebles, con fotos y libros amarillentos en un rincón que me entretenía mirando mientras él hablaba de números y tiempos. Y claro, estaban las máximas, aparentemente olvidadas pero no por eso menos aprendidas: "¿Ves? Este edificio es del año 30 (o 40 o 50). Fijate en las celosías, los azulejos, las molduras, los pisos, los balcones…"

Más tarde, a los 13 o 14 años, tenía con una amiga del colegio la costumbre, supongo que no muy común, de salir a andar en bici para "mirar casas". Mirar es un decir, porque, en tiempos en los que todavía las rejas no estaban a la orden del día, nos metíamos, hasta donde nos daba el cuero, en algunas muy señoriales que tenían inmensos jardines al frente y despertaban nuestra curiosidad, obviamente, por todo lo que no mostraban y lo mucho que prometían.

Pero también estaban las "modernas", las "raras", las "diferentes".

Un día, gracias a una nota que tuve que hacer para Living, pude entrar en esta casa, frente a la cual tantas veces me había detenido. Una casa "moderna", que sus dueños eligieron, justamente, por no ser uno de los típicos chalets con techo de teja a dos aguas que dominan el barrio, y en cuyo living me senté, como una niña, a disfrutar de su historia.

Por Inés Marini, Editora de Living

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