Lana de guanaco: cruelty-free

Gabriela Lichtenstein es Bióloga y promueve la creación de un modelo sustentable de producción de fibra de guanaco
Gabriela Lichtenstein es Bióloga y promueve la creación de un modelo sustentable de producción de fibra de guanaco Crédito: Florencia Cosin
Gabriela Lichtenstein es Bióloga y promueve la creación de un modelo sustentable de producción de fibra de guanaco. Su tenacidad en un tema que afecta a personas, animales y el medio ambiente nos inspiró para dar a conocer su historia.
Carolina Cattáneo
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6 de junio de 2015  • 00:20

Si alguien le habla y le dice "qué lindos son los guanacos", "qué belleza cuando se los ve correr en manada con sus crías por los campos de la Península Valdés", ella mira tranquila con sus ojos celestes y escucha. Se mete de lleno en esa descripción, como si fuera la primera vez que alguien le hablara de esos animales. Lo curioso es que Gabriela Lichtenstein es una de las científicas argentinas, y posiblemente del mundo, que más saben de ellos.

Desde 1998, esta bióloga participa y dirige equipos de investigadores que estudian y diseñan proyectos para que los pobladores rurales de la Patagonia y el norte argentinos, o de países como Bolivia, Chile y Perú, puedan aprovechar sus lanas, las más finas del mundo, de una manera sustentable. En resumidísima síntesis, desde hace más de 15 años, desde que se levanta, Gabriela se carga al hombro el doble desafío de pensar cómo mejorar la calidad de vida de las personas y, a la vez, preservar esta especie animal.

Tantas horas escuchando a los arrieros y a las tejedoras, o trabajando con los hacedores de políticas, le hicieron entender hace tiempo un problema repetido en América del Sur: las comunidades que producen las lanas de guanaco o vicuña suelen desconocer los verdaderos precios del mercado y terminan vendiendo su materia prima a precios muy bajos, viendo pasar de costado desde sus parajes sin agua, luz o gas los beneficios económicos que quedan injustamente repartidos entre intermediarios y los compradores, generalmente, grandes empresas textiles del exterior.

Fue a mediados de los años 90, después de recibirse de bióloga y promediando un doctorado en Comportamiento Animal en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, cuando Gabriela empezó a notar que su interés no estaba en los asuntos puramente teóricos. Se dio cuenta de que su tema de investigación –las aves que usan nidos ajenos para poner sus huevos– era muy interesante, pero, también, "un lujo de los países ricos", y que lo que quería era trabajar con cuestiones que tuvieran que ver con aliviar la pobreza y conservar la biodiversidad. Tal vez los guanacos fueron una excusa: lo mismo hubiera dado si se dedicaba a las poblaciones que viven de la pesca de sábalo o de campesinos productores de orquídeas.

Entonces, orientó su camino académico y laboral hacia la convergencia de su formación con las ciencias sociales.

Salir del laboratorio

En 2007, la designaron presidenta del Grupo de Especialistas en Camélidos Sudamericanos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, y desde hace tres años, Gabriela está "embarcadísima" en un proyecto en Salinilla, un paraje rural al sur de Mendoza. Junto con biólogos, ingenieros, políticos y campesinos, trabajan en la creación de un modelo sustentable de producción de fibra de guanaco para que los beneficios queden en la comunidad. "El proyecto es ambicioso: queremos instalar la fibra de guanaco como producto argentino de excelente calidad, como el Malbec", dice. Y se privilegia el bienestar animal.

El motor de Gabriela es intervenir en la realidad para mejorarla. Su meta diaria es abrir los ojos de los que toman decisiones, ya sea un gobierno o un organismo internacional. "Mi mayor obsesión siempre fue que los resultados de mis investigaciones no quedaran archivadas en una biblioteca para que la leyeran tres personas". Así, a fines de los años 90, trabajó con economistas para develar que los 1000 dólares por kilo de fibra de vicuña que el gobierno peruano comenzó ofreciendo a las comunidades de la Puna se habían reducido a US$ 350, y encima generando una deuda en los comuneros por criar las vicuñas en cautiverio.

La tenacidad con la que insistió y finalmente logró publicar ese informe para visibilizar una realidad injusta es la misma con la que encara su trabajo todos los días. "Por sobre todo, creo en lo que hago. Y me gusta la posibilidad de hacer por el otro y con el otro". Por sobre todo, también, cree en los pequeños logros, esos con los que, dice, se ganan las grandes batallas.

¿Qué te pareció esta nota? ¿Y qué te parece la acción que lleva a cabo Gabriela Lichtenstein? Además: La ex candidata presidencial colombiana, Ingrid Betancourt y Shakira inaugura una escuela en Colombia .

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