Lluvia de estrellas

De enero a diciembre, Buenos Aires recibió este año a sus DJ más queridos:
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28 de diciembre de 2001  

Laurent Garnier. 16 de enero. Buenos Aires Hot Festival. El primero de los tres días de festival en el Campo Argentino de Polo estuvo dedicado a la electrónica. Y al staff de DJ locales convocados para la ocasión se le sumó una perla internacional que, en su género, correspondía a la calidad de extranjeros que tocarían los días siguientes (Beck, REM, Oasis). El francés que Cattáneo llama Pelé -y no hacen falta más palabras, entonces, para hablar de su reputación- tomó posición en las bandejas para coronar la noche con una pista que merecía contar la presencia de muchos más seguidores de la movida dance.

Angel Molina. Tres presentaciones capicúa del pinchadiscos español más talentoso para un año de lujo: el 11 de enero, en Morocco, cinco días más tarde, en el campo de polo, y el 26 de abril, en una de las últimas veladas de la inolvidable disco de Hipólito Yrigoyen al 800. Allí dio un set a cuatro bandejas con DJ Loe que dejó a todos boquiabiertos. Ahora, su agenda completísima, confirma que es difícil pensar que vuelva a pasar por aquí, al menos hasta marzo próximo.

John Digweed. 21 de abril. Fiesta Cream. En Pachá no cabía un alfiler -y eso no es de extrañar-, pero la presentación del inglés, este año consagrado DJ número uno del mundo, fue una de las madrugadas con asistencia record en el club de Costanera Norte (3600 personas es mucho, ¿no?). Estricta concentración y manos de cirujano para mezclas de alta calidad pusieron al dancefloor un escalón más arriba de su fervor standard.

Fatboy Slim. 26 de octubre. Clubland Sudamérica. Llovía y, con las terrazas de Pachá casi clausuradas, se volvía imposible mantenerse de pie en medio de la marea humana. Dejarse llevar por la avalancha y, con suerte, caer en la pista, fue la mejor opción para los que quisieron bailar el (desprolijo) set de un DJ en auge, Norman Cook. En su primera visita al país, Fatboy se dejó llevar por la intuición y echó mano a algunas bases cariocas que desconcertaron a los presentes. Sin embargo, la mayoría se fue contenta. Había pasado por la cabina una de las figuras más esperadas: un superstar que trasciende al pinchadiscos; un verdadero productor de grandes éxitos.

Paul Oakenfold. 10 de noviembre. Creamfields. Hasta los que más lo criticaron en los días previos a su llegada a Buenos Aires quisieron estar presentes en la Cream Arena. Empujaron y lo lograron. Porque, guste o no, la trayectoria de Oakie avala cada una de sus presentaciones. El caballero inglés subió a la cabina puntualmente y logró que la carpa más concurrida del festival -desbordada, para ser más precisos- alcanzara picos de excitación pocas veces medidos antes.

Nortec Collective. 15 de diciembre. Electropura. Alrededor de 1500 personas pasaron por Museum la madrugada que desembarcaron en Buenos Aires los integrantes del colectivo DJ de Tijuana y sus máquinas explosivas. ¿Cómo definir lo de Fussible, Panóptica y Bostich? Muchos se arriesgan a emplear el calificativo "cultural".

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