Los chicos quieren rock

Son jóvenes, no les interesa ser estrellas mediáticas y, guitarra en mano, se convirtieron en "la nueva gran cosa" del Primer Mundo: The Strokes, Starsailor y White Stripes. Sangre nueva con una fórmula en común: puro rock and roll
Son jóvenes, no les interesa ser estrellas mediáticas y, guitarra en mano, se convirtieron en "la nueva gran cosa" del Primer Mundo: The Strokes, Starsailor y White Stripes. Sangre nueva con una fórmula en común: puro rock and roll
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25 de enero de 2002  

Cinco jóvenes de entre 21 y 23 años, bohemios, divertidos e intelectuales. Rockeros neoyorquinos de guitarras tomar. Adoradores de Velvet Underground, Iggy Pop & the Stooges, Television y otros mitos de cuero negro de los años 70. Y un disco de melodías urgentes de apenas 11 canciones comprimidas en 36 minutos. Si a esto se le suma la devoción incondicional de la prensa británica y norteamericana por igual, he aquí "el último descubrimiento del rock mundial": The Strokes.

¿Quién hubiera dicho que la renovación del rock llegaría de la mano de una fórmula tan simple? Basados en la trilogía rockera por excelencia (guitarra, bajo y batería), estos cinco muchachitos desaliñados irrumpieron en la escena underground de Nueva York y se convirtieron, en poco más de un año, en "la" banda de rock. ¿Cómo? Esencialmente con buenas canciones y un sonido a la vez retro y moderno, directo y sin ningún tipo de pirotecnia artificial, con reminiscencias del punk rock. Tracción a sangre, que le dicen.

Y si bien es cierto que el negocio musical (que incluye a la prensa internacional como a uno de sus pilares más fuertes) logra imponer artistas a su antojo (ya sea desde la megainfraestructura de una discográfica, la exposición mediática o el marketing a ultranza), también lo es que, muy de vez en cuando, se cruza con talentosos adolescentes de espíritu independiente, que sólo necesitan de alguien que edite sus canciones. Y, definitivametne, éste es el caso de The Strokes.

Fuego en la Gran Manzana

Como ocurrió con varias de las bandas que hicieron historia, la génesis de The Strokes se remonta a las aulas y los pasillos de un colegio de clase media (en esta oportunidad, instalado en las entrañas de la Gran Manzana). Allí se conocieron Julian Casablancas (voz), Nick Valensi (guitarra) y Fabrizio Moretti (batería), a los que pronto se sumarían Nikolai Fraiture (bajo) y Albert Hammond Jr. (guitarra).

Así, en 1998 armaron la banda e hicieron su debut oficial un año más tarde. Sus incendiarios shows (que alguna vez Casablancas definió como un "shot de tequila") lograron el resto: el boca a boca del público, las excelentes críticas y, finalmente, el contrato con RCA en 2001 y la edición de un EP: The Modern Age .

Pero fue la prensa británica (siempre atenta y constantemente necesitada de nuevos valores) la que ubicó a The Strokes en el pedestal más alto del rock: "Seamos directos y digamos que The Strokes es el grupo más cool del momento. Inmersos en la pasión del punk rock de Nueva York derribaron las torres del pop con su poesía callejera inundada de amor y odio y lujuria y todas las frustraciones adolescentes mostradas en pantalla technicolor". De esta forma, la New Musical Express (NME, la revista especializada más influyente del rock británico) presentaba la banda cuando aún no habían grabado su disco debut, bajo el título "el quinteto de la Gran Manzana que cambiará tu vida."

"Cuando la NME dijo que éramos la mejor banda que había aparecido en los últimos 25 años, la verdad es que no estuve de acuerdo", se excusó Moretti en una entrevista reciente. "Estamos empezando, pero espero que en los próximos veinte años, por decir algo, podamos llenar esos zapatos que nos pusieron. Todo esto lo sentimos como un premio por ser una muy buena banda, pero por el momento sólo tocamos rock and roll." Así las cosas, se convirtieron en la "gran cosa nueva del rock" sin siquiera tener un disco en la calle.

Huele a espíritu setentista

En agosto del año último se editó Is This It y sus guitarras sucias terminaron de conquistar el resto de Europa y los Estados Unidos. Canciones como la que da nombre al álbum, Hard To Explain, Last Nite, Soma y Barely Legal golpearon duro y convocaron al espíritu de la Velvet y los Stooges (más allá del sonido y la estética en general, es asombroso cómo la voz de Casablancas se asemeja a veces a la de Lou Reed y otras a la de Iggy Pop). Es más, así como Andy Warhol apadrinó a la Velvet, los Strokes se presentaron en sociedad con su propio gurú, un tal J.P. Bowersock.

Pero Is This It (que aquí se editará el 29 del corriente) no es solo revisionismo. La frescura y la actitud de la banda les permitió crear una identidad propia acorde a la era 00. "Es lógico lo de acudir al pasado, porque es el único modo que tenemos de juzgar el futuro. Hacés tuyo el pasado y tratás de crear un futuro nuevo", asegura el guitarrista Albert Hammond (hijo del cantante melódico del mismo nombre).

Ya son muchos los que comparan su suceso con el de Oasis a mediados de los años 90. Pero a diferencia de los Hermanos Macana del britpop, Julian Casablancas sostiene que "no estamos aquí para salvar el rock and roll. No vamos a cambiar la vida de nadie, y la manera que todos idealizaron nuestra llegada a la escena es ridícula. Lo único importante es la música y listo".

Mientras grupos como Limp Bizkit, Linkin Park o Creed cada vez se asemejan más a productos prefabricados como Britney Spears y N´Sync, The Strokes llega para retomar el camino de la buena música y el sentimiento rebelde del rock.

Starsailor, mensajeros del pasado

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  • GLASGOW, Escocia (El País).- Sobre el escenario del auditorio Queen Margaret Union, en la Universidad Central de Glasgow, James Walsh, solo con su guitarra acústica, entona Rocket man . Su voz es extraordinaria, distinta. Tiene sólo 21 años, pero posee un carisma que captura las miradas. La canción, el viejo éxito de Elton John, figura en la lista de los temas no radiables en las emisoras norteamericanas desde el 11 de septiembre, así que su interpretación puede considerarse un desafío. Horas antes, Walsh, letrista y líder del cuarteto británico Starsailor, dice: "A pesar de lo que está pasando, es un buen momento para hablar de amor".
  • Starsailor tomó su nombre de un disco de Tim Buckley y se ha convertido, desde finales de 2000, en la banda de moda para la prensa musical británica. Empezaron en el circuito de garitos de Wigan, su pequeña ciudad de Inglaterra, cuando EMI, que había descubierto dos años antes a Coldplay, los fichó.

    James Walsh compone, canta y toca la guitarra. Empezó con el piano a los 12 años, y a los 14 ya componía. En el conservatorio de Wigan conoció a James Stelfox, el bajista, también de 21 años, y a Ben Byrne, de 20, el baterista. A principios de 2000 se les unió como tecladista Barry Westhead, de la misma edad. No sin ciertos problemas, ya que trabajaba en un crematorio tocando el piano en los funerales y repitiendo una y otra vez la canción favorita del público: Who Wants To Live Forever (Quién quiere vivir para siempre), de Queen. Salvo el percusionista, los demás comparten piso en Wigan.

    Los alrededores de la universidad están empapelados con carteles de la gira de L ove Is Here , su reciente álbum, tras barrer con dos EP. Gente de su edad, universitarios que corean las canciones, abarrotan el local. Resulta curiosa la identificación entre Starsailor y su público, del que cabría esperar que no conociera a los artistas sobre los que se fundamenta el sonido del grupo. Pero hay electricidad, hay tensión con un personal que juega a identificar los rostros que se proyectan contra el escenario. Van Morrison, The Beatles, Lou Reed, Neil Young, Mick Jagger o Tim y Jeff Buckley muestran que Starsailor se inspira en los años 70. La única concesión contemporánea es Maggie Simpson.

    James Walsh recibe a los periodistas en su hotel poco antes del concierto. Habla bajito y enervantemente pausado. El manager es Andy, su hermano mayor. Surge el tema de las bandas formadas por hermanos (Oasis, The KinksÉ) y se les pregunta si entre ellos hay celos parecidos. Para nada. James asegura que Andy es como un quinto Starsailor, que no se mete en la música porque "está totalmente sordo", pero se ha revelado como el gran negociante. "Le dejamos la relación con las compañías, los promotores, los empresarios". ¿No está harto de que se mencione a Tim Buckley como su gran influencia? "Me gusta que me comparen con Tim o Jeff Buckley, pero no aguanto que lo hagan con Coldplay".

    ¿Qué ve en Tim Buckley, un artista atormentado que murió en los años 70 tras coquetear con las drogas? "Intensidad y pasión", asegura, "llegué a él por su hijo Jeff, que me encantaba. Quise saber de dónde salía esa voz y descubrí a su padre. Tiene canciones excelsas". La tragedia de los Buckley (Jeff murió ahogado antes de cumplir 30 años) añade misterio a Starsailor, aunque Walsh desdramatiza: "Lo de Jeff fue un accidente. Lo de Tim con las drogas se ve de otra manera. Ahora conocemos los efectos de la heroína o la cocaína, Tim no. No estamos presionados como entonces, que era glamour, un mito del rock. Ya no es así".

    La expectativa que existe por Starsailor, Walsh la toma "como un reto" con el que ha de vivir. "Nos han situado en un lugar -asegura-, que no nos hemos ganado." A pesar de su fervor por los setenta ("es triste que los que empiezan no reconozcan lo anterior; que sólo les guste lo que está de moda, sin escuchar soul, reggae o folk"), Walsh no quiere que se les tome como una banda de revival y asegura que le gustan Bjšrk o Spiritualized. Para remachar, desliza una confidencia: "Mi novia me acabó de conquistar al dejarme escrito en el móvil que le encantaba Let It Come Down , de Spiritualized. Pero no creo que el rock sea sólo para jóvenes. Mi abuela escucha a los DovesÉ y a nosotros."

    El rock en estado crudo

    White Stripers, un dúo de guitarra y batería que causa sensación en la escena norteamericana

    Dicen que son hermanos. Aunque se sospecha que podrían ser ex pareja. Ellos gozan de esa ambigüedad y tocan sin lista de temas confiados en su química. Son los White Stripes. Lo más freak de los últimos tiempos.

    Meg y Jack White. Batería, ella, con dos colitas en el pelo y cara de estar siempre colgada. Guitarra y voz, él, más ocasionales toques de órgano o armónica, y su pelo revuelto y su cara rellena y un tanto alien.

    Pero no crean que este minimalismo instrumental se convierte en un sonido experimental. No, hacen canciones que rescatan el blues y el country tienen pocas pulgas para cruzarlo con el punk, su sonido y la actitud del "Do It Yourself". Y "White blood cells", su tercer disco, está dedicado a Loretta Lynn, cantante de country clásico de casi setenta años.

    El nombre, dicen, lo tomaron del de unos caramelos. El rojo y blanco de sus vestimentas, entonces, aparece como el perfecto envoltorio de estos dos personajes de veintipico de años, que mantienen el aire infantil. En eso reside otra de sus contradictorias características. Porque pueden hablar de amores simples, pero bautizaron "De Stijl" a su disco anterior, como el movimiento minimalista holandés de los años 20.

    Son como niños cuando cantan "We´re going to be friends", cancioncita sobre los días de escuela que podría haber compuesto McCartney. "Hotel Yorba", en cambio, es un country con un irresistible estribillo que incluye pegadizo conteo "one two three four". Pero también pueden ponerse distorsionados y densos, en "Aluminum", en el que un riff a lo Black Sabbath acompaña a un grito distorsionado y repetitivo.

    Son de Detroit, la "Motor City" en la que nacieron Iggy Pop y Alice Cooper. Pero, a diferencia de sus más contemporáneos vecinos Eminem y Kid Rock no sintonizan con la onda machista y cavernícola. "Me gustaría que esta casa sea un hogar", canta en "I can´t wait". Y, aunque nacidos en la ciudad de los autos, los odian ("son las peores máquinas de matar", dice Jack), tanto como a los celulares.

    La gran industria no los tienta. Graban en el sello independiente "Sympathy for the record industry" (con ecos del "devil" stone) y construyeron su fama a fuerza de giras de bajo presupuesto en cuanto a fletes y hoteles.

    Su música es una mezcla de blues rock, pop acústico, toques punk, canciones antiguas y actitud de garage. Sus temas recuerdan a Zeppelin y a los Piggies, a los Beatles y The Clash. "Me gusta la música de piano de los años cuarenta y las canciones de Broadway. Y también me gustan los Stooges y esa clase de rock and roll. En la medida en que puedo, mezclo todo eso", dijo Jack. Y propone "más melodías e ideas, en lugar de lamentarse sobre chicas, autos o drogas".

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