Los hijos son un misterio: algunas pistas para entenderlos mejor

Crédito: Denise Giovanelli. Producción de Vicky Dorin.
Lucila Cornejo
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21 de octubre de 2018  • 00:23

Y un día sucede. Lo colocan sobre tu pecho, lloroso, chiquito, pegoteado. Lo sentís parte de tu cuerpo, pero también un poco extraño. Te olvidás del parto, no recordás ni cómo empezó todo, llorás de nervios, miedo y felicidad. Y como si fuera una película de Tim Burton, lo que te rodea desaparece y, envueltos por una burbuja mágica, tu bebé y vos se encuentran por primera vez. Y se conocen tanto... y también nada. Y se perciben felices, pero también asustados. Y si alguna vez habías soñado con ese momento, te das cuenta de que, en realidad, jamás lo hubieras podido imaginar. Porque con la llegada de un hijo comienza algo enorme y desconocido, plagado de preguntas sin respuestas y misterios. Tantos que lo mejor que podemos hacer cuando nos atraviesa es soltar lo conocido, hacer silencio, entregarnos al enigma y cruzar el portal.

¿Cómo será su mundo?

Los hijos llegan a un mundo fascinante en donde todo puede pasar. Pero no solo para ellos. Será un secreto también para nosotros. Plagado de tecnologías, avances médicos que no imaginamos y vínculos de ciencia ficción. Sí, un mundo en constante cambio, en donde todo tipo de fantasías pueden hacerse realidad. Fantasías de mañana, pero también de hoy, porque el hoy de los chicos es muy distinto al de ayer. En el hoy actual, el hogar es un ambiente invadido por el afuera. Hoy vivimos online, intercambiamos cataratas de información, nos exponemos en redes sociales en tiempo real... Hoy las normas son más flexibles, los horarios varían y las rutinas se desdibujan. Y en el medio de este big bang transformador, nosotras. Muertas de amor, pero también de miedo. Intentando entender un universo que, de a momentos, parece incomprensible. Adaptándonos a esas nuevas mujeres que vamos siendo y luchando con dragones que aparecen traicioneros, en el momento menos esperado y sin avisar. Porque el misterio también remite a lo oculto, a lo que no se muestra, a lo iniciático.

¿Cómo transitarlo?

Entendiendo que muchas veces lo nuevo está bueno: hoy, por ejemplo, estamos más conectadas y formamos una red. Red de amigas, de familia y hasta de mamis del cole (a pesar de que a veces nos agobien, ¡qué necesarias son!).

Abriéndonos sin prejuzgar: odiás la Play, obvio, pero... ¿probaste alguna vez sentarte diez minutos con tu hijo simplemente a mirarlo para entender por qué tanto fanatismo? Ojo, ¡en una de esas hasta termines aprendiendo a jugar!

Cediendo con humildad: seguramente sean ellos los que a partir de cierta edad nos puedan actualizar el teléfono o explicar cómo funciona una nueva app. Los chicos son almas nuevas y absorben todo mucho más rápido; permitamos que avancen en algunos terrenos. Dejémoslos participar.

Crédito: Pixabay

¿Quién es mi hijo?

Antes de iniciar este viaje, lo mejor que podríamos hacer es detenernos y tomar conciencia de que, en realidad, ¡no controlamos nada! El primer misterio de la vida de nuestros hijos es que llegan cuando quieren y sin consultar demasiado. Y son ellos, a pesar de que tengan la sonrisa de la abuela o los ojos del papá. Sí, son ellos, y son únicos, y también desconocidos, e irrumpen llenos de mensajes, y traen el rompecabezas de una vida entera por armar... Una vida en la que tendrán la enorme tarea de encontrarse a sí mismos mientras, a la vez, viven en sociedad. Entonces, el desafío para nosotras es doble, porque no solo es descubrir, entender y acompañar, sino además hacerlo con confianza, sabiendo que, a veces, soltar y dejar que experimenten solos es también una forma de maternar.

¿Cómo transitarlo?

Aceptemos que no son "nuestros": como dice el famoso poema de Kahlil Gibran, "tus hijos no son tus hijos, / son hijos e hijas de la vida / deseosa de sí misma", así que tendremos que ir descubriendo su propia personalidad. Quizá tu hijo no sea el mejor deportista del colegio ni se destaque en matemáticas como lo hacía su papá. Quizá su talento sea la música, o aún lo esté buscando y necesite un poquito más de tiempo. Tranquila, la vida es larga, observemos con confianza. Todos tenemos algún talento por desarrollar.

Más encuentro, menos control: ¡sí! Por más que no parezca, hasta el elogio es una forma de controlar. Como el "muy bien", el aplauso, las aprobaciones y toda demostración que los haga depender de nuestra mirada. ¿Y entonces? Entonces intentemos cambiar el foco y, en vez de festejar un resultado, acompañemos sus procesos y esfuerzos. Transmitámosles que estamos para caminar juntos y que se relajen, que sepan que la vida no es un examen y que no tienen que sentir todo el tiempo que alguien los está por evaluar.

¿Cuál es el mejor camino para acompañarlos?

Crédito: Denise Giovanelli. Producción de Vicky Dorin.

Como si fuera un mapa que se despliega de a poco, las pistas de este misterio se irán develando lentamente y cuanta más confianza en el proceso tengamos, más lograremos disfrutar. Abandonemos entonces lo aprendido, la rigidez y los manuales para darle lugar a un nuevo modelo de fluidez y libertad. Intentemos no ser perfectas, permitámonos fallar, abrámonos a esas señales que viven dentro de nosotros, que tienen los colores de la intuición y siempre están. Entonces, si sentimos que en este camino algo es mucho o es poco, no nos resuena o nos hace ruido, desoigamos las teorías y las masas, conectémonos con lo que sentimos y, como decimos siempre, hagámosle lugar. En esta búsqueda y en este misterio no hay bien, tampoco hay mal. Hay un "bueno", que es de cada uno y que se redefine momento a momento. Porque, finalmente, el tesoro son ellos y los iremos conociendo de a poco mientras crecen, mientras aciertan y se equivocan, pero siempre a nuestro lado.

¿Cómo transitarlo?

Los libros de crianza y todos los consejos están buenísimos. Nos ayudan en muchos momentos y nos tiran datos copados en épocas de caos. Pero, ojo, nadie conoce a tu hijo más que vos. Si necesita pasarse a tu cama, seguir con la mamadera, dormirse agarrado a tu dedo gordo o que la adaptación al jardín dure una eternidad..., hacé una pausa y escuchalo. En una de esas necesita decirte algo más.

¿Qué vienen a enseñarnos?

Los chicos son filósofos brillantes y desbordan curiosidad. Son capaces de poner a prueba nuestra paciencia con infinitos "¿por qué?" y descolocarnos con las preguntas más insólitas en cualquier momento y situación. Son naturalmente sabios y curiosos, apasionados por los enigmas y dispuestos a perseguir una respuesta hasta el final. Pero así y todo, también son seres individuales que necesitan su espacio y permanentemente nos transmiten que no sabemos todo de ellos y que hay mucho que prefieren guardar.

¿Cómo transitarlo?

Abriéndonos a aprender. Compartiendo juntos la fascinación por los secretos y las adivinanzas. Jugando a las escondidas. Armando casitas. Escondiéndonos para que ellos nos puedan encontrar. No importa que se haga tarde o que ya tengan que irse a acostar. A veces, salir del cronograma es mágico, mata la rutina y nos conecta con la creatividad.

¿Y qué les podemos dar por nuestra parte?

Una de las herramientas más valiosas que podemos darles a nuestros hijos es la confianza. En sí mismos, en los demás y en la vida en general. La confianza es algo que no se transmite, se siente. Y es también una paradoja, porque para hacerlo hay que saber tolerar la angustia, lo desconocido y la inseguridad. Acá van algunos consejos:

  • Sé parte de su mundo: sumergite en sus fantasías, descifrá su lenguaje, dedicale tiempo, escuchalo, participá.
  • Recuperá el asombro: reprogramate en modo niño. Sentí, disfrutá, observá. Meté las manos en el barro y volvé a jugar. El juego es meditación, es un momento en el que el reloj se detiene y la mente se calla. Aprendé entonces de estos pequeños maestros y mirá a través de sus ojos. Seguramente quieras que no termine.
  • Sostené una mirada valiosa: los hijos crecen en la mirada enamorada de sus padres. Pase lo que pase, todo va a estar bien si vos, antes que nadie, los hacés sentir importantes y los aceptás.
  • Desprendete de la mirada ajena: decile "NO" a la opinión de los otros. Cada chico es un mundo y no está bueno dejarse influenciar (lee más en la nota de momsplaining).
  • Revisá tus expectativas: que no se mezclen historias propias, sueños inconclusos o mandatos familiares. Él es un ser único y vino a recorrer su propio camino. Quizá no sea como lo imaginabas, quizá no encaje exacto con la idea de un "ideal". Pero es tu hijo y es perfecto. Transmitíselo. Hacelo sentir especial.

Y los límites..., ¿son parte del misterio?

Cómo abrazar la magia de la incertidumbre para caminar junto a ellos y dejarnos guiar.
Cómo abrazar la magia de la incertidumbre para caminar junto a ellos y dejarnos guiar. Crédito: Pixabay

A pesar de que la sola mención de la palabra suele remitirnos a un estado de desgaste o negociación, los límites dentro de la crianza representan un marco de amor y bienestar. Sin ellos, reinaría el caos, la casa ardería en llamas y nuestros hijos sentirían mucho desamparo y descontrol. Porque los límites ordenan, calman y, por supuesto, son necesarios. Pero... ¿cómo establecerlos sin perder el equilibrio o morir en el intento?

  • Elegiendo las batallas: no todos los combates son necesarios y no todas las peleas valen la pena. Quizá podamos permitir ese ratito más de tele o tablet, pero no estamos dispuestas a que se vaya a dormir sin bañarse. No te subas a todas las causas, elegí aquellas por las que quieras luchar.
  • Sabiendo que no siempre vamos a ganar: y está bien que así sea, porque es parte de la vida y a veces tiene que pasar. Quizás estemos cansadas o no tengamos energía o, por el motivo que sea, no estemos para negociar. Presupuestá dentro de tus planes una cantidad de veces en las que te rindas, y no seas tan exigente. Permitite fallar.
  • Ayudándolos a sentirse buenos y fuertes: porque ese es el objetivo final de los límites, y de toda la crianza en general. Construir una identidad aceptable, en el sentido más amplio de la palabra, en la que el chico sienta que es admitido, sea cual sea su forma y personalidad.
  • Buscando el final feliz: lleve el tiempo que lleve –porque a veces los procesos son largos–, trabajemos junto con nuestros hijos para que absorban lo que queremos transmitirles y lo internalicen de a poco. Y confiemos: un día, sin que se lo pidamos, va a preparar solito su mochila, lavarse los dientes o acordarse de una tarea que le quedó por hacer o un mapa que tenía que comprar. Y va a sentirse grande, y también autónomo. Y eficiente. Justamente lo que quere

¿Y vos... qué te identifica de esta nota? ¿Cómo abordás o te imaginás que abordarías el misterio de la crianza? También te recomendamos: 10 claves para aprender a discutir mejor y Regalos para el Día de la Madre

Expertos consultados: Inés Dates, nuestra psicóloga y Luciano Lutereau, psicoanalista y filósofo, autor de Más crianza, menos terapia.

Agradecemos a Joaquín y a Olivia (y a sus mamás, Inés Pujana y Patricia Gando) por su colaboración en esta nota.

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