Los imperdibles de 4 capitales europeas

Sentite en una escena de Amélie eb Montmartre
Sentite en una escena de Amélie eb Montmartre Crédito: Félix Busso
Diario de viaje de una treintañera que debuta con los encantos de cuatro capitales del Viejo Mundo.
María Eugenia Castagnino
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25 de junio de 2015  • 00:00

Geográficamente, ya había estado. Pero haber pasado algunos días en Hungría o en Grecia para mí no contaba. "Eso no es conocer Europa", me repetía para autoconvencerme de que me faltaba el "combo clásico". Lo que cualquier mortal entiende por "Europa": la Torre Eiffel, el Coliseo, el Big Ben... Sentía que se me había pasado la etapa de la mochilera de los veintitantos, pero que la treintañera todavía tenía las mismas ganas. "¿Me mando o no?". No fue fácil la decisión: mi hijo está en plena etapa escolar... Pero mi intuición me susurraba: "es ahora". Y saqué el pasaje.

Tenía compañeros ideales –mi hermano y mi cuñada– y asomaron geniales amigos europeos, ofreciendo sus sofás para dormir.

"La primera impresión es la que cuenta", rezaba el eslogan de una publicidad ochentosa. Y con Europa te pasa eso: hay sensaciones que no me voy a olvidar. Jamás.

Parada 1: París

Imposible no enamorarte. ¡Je t''aime, Paris!
Imposible no enamorarte. ¡Je t''aime, Paris! Crédito: Félix Busso

¡Oh là là! En mis fantasías, París siempre fue la bohemia, el romance, los french kisses y un toque de melancolía. Claro que, en la realidad, París supera todo lo que imaginaste. ¡Y con creces! Casi todo lo que alguna vez escuché de ella es verdad: que no es una ciudad de grises, que la amás o la odiás, pero que no acepta tibiezas. También oí decir que el parisino se malhumora fácilmente y no regala buena onda (está comprobado; mi primer intercambio con un parisino fue un reto en un perfecto francés al que solo pude responder con varios "sorry, sir").

El placer de deambular

Prepará las piernas y andá liviana, porque París es una ciudad para caminarla entera. Si sos fan de Amélie, dedicale un día entero a Montmartre –están el carrousel, la frutería y el Café des 2 Moulins, donde trabajaba– y, aunque te cuesten los infinitos escalones, hacé el esfuerzo y subí a la cúpula de la basílica del Sacré Coeur para tener una de las vistas más alucinantes de la ciudad. Otros barrios lindos para caminar son Le Marais, Saint Germain y el Barrio Latino. No te impongas itinerarios; por un par de horas al día, dejate llevar por la belleza y los secretos de cada calle.

Golosas’ Paradise

Cualquier callecita parisina esconde alguna patisserie endiabladamente empalagosa –engordás al solo mirar las vidrieras de Fauchon o Pierre Herme –, o una fromagerie –no te dejes intimidar por el aspecto de los quesos, cuanto más feos y olorosos te parezcan, más ricos son–. Y hay algo que tienen los parisinos que te da ganas de ser como ellos, porque saben ser bon-vivants. Mi momento "parisino" fue cuando –munidos de quesos, baguettes y vino– terminamos un día de museos y caminatas bajando a las orillas del Sena y entendiendo por qué le dicen "la Ciudad Luz".

Desde arriba

Sacá las entradas para subir a la torre por Internet: es más práctico y no hacés colas. ¿Tenés vértigo? Subí igual
Sacá las entradas para subir a la torre por Internet: es más práctico y no hacés colas. ¿Tenés vértigo? Subí igual

La llamada "hora mágica" es más mágica si lográs verla desde la cima de la Torre Eiffel. ¿Otro imperdible para ver París desde el cielo? El Centro Pompidou, con lo mejor del arte moderno (el edificio también es una obra en sí misma).

Más info: www.toureiffel.paris.

Parada 2: Londres

Caminar o descansar en los parques de Londres: placer a cualquier hora
Caminar o descansar en los parques de Londres: placer a cualquier hora Crédito: Paula Salischiker

El día que rifaron la onda del mundo, ¡estos chicos tenían todos los números! Hay dos cosas que los ingleses aman: la puntualidad y el silencio. Y moverte por sus calles lo confirma, porque todo funciona a la perfección, nada grita ni te sobresalta, a pesar de esa lluvia finita (¡y molestísima!) que amenaza con cancelar tus planes. Pero con paraguas o un buen piloto, Londres se presta a verse hermosa así de grisácea como es. Y la amé. La amé cuando me senté un rato en el South Bank a mirar el Támesis. La amé cuando entré en sus tiendas de té –me podría haber quedado a vivir ahí– o cuando fui a Piccadilly Circus y me tocó esquivar el hervidero de gente que sale del teatro en el West End (aunque no sepas inglés, andá a ver cualquier cosa, porque es TODA una experiencia).

Mercados + Camden

Crédito: Paula Salischiker

Para comer, elegí sus mercados callejeros. ¿Mis preferidos? Los fish & chips del Borough Market y la comida spicy del Camden Lock, el barrio alternativo donde mandan los góticos y los pocos punks de ley que quedan. Ahí mismo está el Proud Camden, un bar instalado en caballerizas originales donde suena lo mejor de la música indie local.

¡Arte gratis!

Así que si te gusta el arte, empachate en la National Gallery, y no te pierdas la Tate Modern; ahí las salas se organizan por conceptos, como "poesía y sueño". Además, el edificio (una ex central eléctrica) ¡la rompe toda!

Parada 3: Madrid

"Es muy Buenos Aires", me habían dicho más de una vez. Pero no. Es real que el lenguaje acerca y que escuchar ese castellano megaperfecto te hace sentir como en casa. Pero la capital española tiene una identidad propia que se confirma cuando caminás por la Plaza Mayor o la Puerta del Sol, cuando visitás el Museo del Prado y te transportás a otro siglo o cuando te parás frente al Guernica y entendés el horror hecho arte (comprá el pase para los dos museos o visitalos durante las últimas dos horas, que son gratuitas).

Tapear hasta morir

Una de las cosas más atractivas de Madrid es su gente. Y esa extraña costumbre de "salir de tapas", que arranca al atardecer y que no sabés cuándo termina. Para curtir Madrid de noche, hay que ir saltando de bar en bar por La Latina o Malasaña, los barrios que empiezan a latir con la luna. O darte una vuelta por Chueka, la meca de la movida gay, que estalla de onda. ¿Tapas? Las probé todas. Y me hice adicta al "vino de verano" –vino con jugo de pomelo–, que pasa como agua. Imperdonable irte sin estirar las piernas en el Parque del Retiro, chusmear las vidrieras de la Gran Vía y pasear por Toledo. Vale la pena.

En una de Almodóvar

Si querés ser una "chica Almodóvar", hay un antro hermoso en el ex Teatro de Las Aguas (Calle de las Aguas 8) y que parece una casa cualquiera. Pero, a partir de la medianoche, es un "bar clandestino" donde se respira bohemia, se arman obras de teatro under y te sentís en el living de la casa de tu mejor amigo.

Parada 4: Roma

El horizonte romano: 100 por ciento cúpulas viejas y monumentos
El horizonte romano: 100 por ciento cúpulas viejas y monumentos Crédito: Carolina Reymundez

Acá me enamoré. Mucho. Y de todo (¡incluidos los tanos!). Una ciudad vieja, donde no existe un solo rascacielos en el horizonte. Con sus calles gastadas, llenas de ruinas. Imperfecta por momentos. Quilombera. Caótica. Gritona. Que bulle en los rugidos de sus Vespas y que te sorprende cada dos o tres cuadras con una plaza más linda que la que acababas de ver.

Caminar, comer, amar

Mi hermano, mi cuñada y yo: ¡los gladiadores de las caminatas!
Mi hermano, mi cuñada y yo: ¡los gladiadores de las caminatas!

A Roma hay que caminarla toda, no solo porque es una ciudad chica, sino porque ¡hay que bajar la culpa por comer tanto hidrato junto! No pasa en todo el mundo, pero comer acá es una fiesta interminable. Cualquier bolichito o trattoria te asegura terminar pipona sí o sí; aprovechá a pasar por cualquier pizzería; una de las más famosas es Pizzarium (en Vía Della Meloria 43), en la zona del Vaticano, donde se come de parado y se paga por peso.

Los imperdibles

Ver Roma desde el Coliseo o desde las ruinas del Foro Romano es algo que difícilmente puedas olvidar. Quedarte un rato tomando un gelato en Piazza Navona o Piazza Spagna, pispeando de reojo a los cancherísimos carabinieri y escuchando a sus personajes –que no hablan..., ¡gritan!– es todo un paseo. O caminar por la Via Condotti y querer comprarte todo (aunque no estés ni cerca de poder). Y más allá de las creencias, el Vaticano es un lugar con una energía especial, que hace que te conectes con la gratitud y con tu costado más espiritual. A la noche, existe un solo lugar al que podés ir: el Trastevere. El barrio romano con más onda y barullo se llena de locales, que arman un cocoliche hermoso con los turistas.

El río Tevere tiene una bicisenda en una de sus riberas. Ideal para alquilarte una bici o salir a caminar o correr al atardecer. Y si querés traer souvenirs gourmet, perdete en la góndola de la pasta seca del súper (hay con formas divertidas, ¡incluso algunos fideos hot!).

Recorrido para ciclistas

Si te gusta descubrir las ciudades en bici, hay circuitos ideales.

Madrid: pedaleá y tomá aire fresco en el Parque del Retiro.

Londres: el Hyde Park es una buena opción, y si no, cualquiera de las riberas del Támesis es ideal para tener una postal increíble.

París: aunque la ciudad es bastante plana, hay mucho empedrado en las calles, pero que eso no te amedrente. Rodear el Sena en bici es un paseo 100% ohlalero.

Roma: recorré la Via Appia Antica, una calzada de la Antigua Roma. Empedrado a full, pero nada que una buena mountain bike no pueda resolver.

Cómo viajar

Desde Bs. As., hay vuelos desde los $16.079, con escalas. Los vuelos directos arrancan en $22.205.

Más info: www.almundo.com.ar.

¿Conocés Europa? ¿Qué otras recomendaciones tenés de estas y otras ciudades? También te recomendamos 10 lugares imperdibles de Londres y un recorrido por los mercados más lindos del mundo .

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