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Los miserables a todo trapo

Se estrena en el Opera la comedia musical sobre el libro de Victor Hugo que lleva tres lustros de éxito en el mundo. Tiene su propio sitio en la web, donde sus fanáticos intercambian opiniones
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19 de marzo de 2000  

Cuando apareció el primer volumen de Los miserables, dice la leyenda que Victor Hugo envió a su editor un telegrama donde sólo se leía el signo "?", pretendiendo expresar con él su inquietud por la suerte que pudiera haber corrido su novela entre los lectores. El editor tampoco necesitó más que otro simple pero elocuente signo para responderle que había sido un éxito: "!" Los miserables, que relata las desventuras y el triunfo de Jean Valjean, epítome de los parias en la sociedad del siglo XIX, es una obra que le resultó harto difícil a Hugo, al extremo de haberse demorado 29 años en escribirla. Pero, no obstante, fue un gran suceso desde el momento en que estuvo en la calle.

Más de un siglo después, y tras varias adaptaciones para el cine y el teatro, en París se estrenaba la creación de Alain Boublil y Claude-Michel Schönberg: un musical de 3 horas y 20 minutos que, como signado por la suerte de la obra literaria, no tardó en convertirse en un megaéxito reproducido en versiones adaptadas en 18 lenguas (entre ellas hebreo, húngaro, islandés, alemán, polaco, español y japonés), y celebrado en 30 países y 188 ciudades.

Ahora, a 15 años de su aparición en los escenarios, Los miserables se estrenará en la Argentina pasado mañana en el Opera, con la misma producción que en Londres y Nueva York, y con un elenco enteramente local.

Este es un aspecto fundamental para Ken Caswell y David White, director asociado y director musical asociado de la obra, respectivamente, dos ingleses flemáticos, pero tan simpáticos y amigables como el ambiente de un buen pub.

Caswell: -Es muy importante que la obra sea representada en la lengua del país donde se la está montando, porque la gente se conecta. De lo contrario, se pierden giros y usos idiomáticos.

White: -Lo que hizo en este caso Mariano Detri, que actualmente es nuestro traductor en los ensayos y que será el director residente cuando nosotros nos vayamos, es más una adaptación que una traducción. Generalmente, las traducciones son muy pobres porque tratan de ser muy poéticas y crean una brecha entre la audiencia y lo que está ocurriendo en el escenario, o porque son muy literales y resultan simplemente una mala utilización del idioma que sea. Por esto, gran parte del trabajo de preparación cuando comenzaron los ensayos fue poder encajar en la música las letras, y hacer que el espíritu del texto estuviese conectado con imágenes que tuvieran sentido en la cultura argentina.

En español se necesitan más sílabas para decir lo mismo que en inglés, y hay que ser muy cuidadosos con las ideas que quiere transmitir la obra. Leer las letras del musical de corrido toma unos 40 minutos. Ese es el tiempo real en que se está contando toda la historia de Los miserables.

Los desafíos en la puesta de este musical en la Argentina no son sólo de nivel técnico, sino también humano. Seguramente, los miembros del elenco recordarán toda su vida los dos meses de ensayos diarios de diez de la mañana a seis de la tarde que compartieron con Ken, David y Alberto Favero (el director musical residente), entre otros, sofocados por el intenso calor del verano porteño en las instalaciones del Club Español. Sin embargo, dos de ellos quizá los recordarán más: Detri y Carlos Vittori, responsable del papel estelar: Jean Valjean.

-Cuando era chico jugaba al rugby; me rompí la espalda y estuve dos años con un corset. Después de eso decidí que el rugby no era lo mío y que mejor me dedicaba al teatro -cuenta Mariano, que con 25 años ni en sueños se hubiera imaginado que a esta edad sería el director residente de uno de los musicales más exitosos de la historia de ese género.

Esto no quiere decir que sea un novato: empezó a hacer obras como amateur desde muy chico. Participó por primera vez en un musical a los 15 años y, apenas salió del colegio, tuvo su primer trabajo como actor profesional en la obra Broadway II, donde cantaba y bailaba.

-Después de terminar eso me fui con dos amigas a Mar del Plata -recuerda- y allí montamos un pequeño show en Torres de Manantiales. Con la plata que logré ahorrar, me fui a Inglaterra.

En el país que clama en su himno que Dios salve a sus reyes, estudió un año, especializándose primero en comedia musical y luego en dirección.

-Para mantenerme, trabajaba de pintor de paredes los fines de semana. El dueño del lugar donde alquilaba el cuarto se dedicaba a remodelar casas; entonces, en vez de pagarle por el cuarto con dinero, trabajaba para él. Yo había ido con el pasaje y mil dólares, así que eso me salvó.

Cuando volvió a Buenos Aires, dejó de actuar.

-Empecé a disfrutar ayudando a ser -explica cuando cuenta que dio clases. Luego trabajó en Nine, musical que pasó con más pena que gloria. Pero sonó el teléfono y era la productora ejecutiva de Los miserables que lo convocaba para una prueba como traductor y adaptador. El resto es posible imaginarlo: ahora, tanto Ken como David se deshacen en halagos para el benjamín del grupo.

La historia de Vittori no se queda atrás. Créase o no, hasta hace un año él era un exitoso publicista para quien el bel canto no pasaba de ser un hobby.

Trabajó con Puenzo en la época de oro del cine publicitario nacional y con Marcelo Piñeyro. También en DeLuca y con apenas 26 años fue nombrado gerente de publicidad y promociones de Renault.

-Y eso fue genial -dice Vittori-, porque yo había llegado muy joven a mi techo, así que tuve tiempo para preguntarme si eso era todo y darle al canto el lugar que merecía en mi vida.

Hace cuatro años (ahora tiene 39) y después de independizarse y tener agencia propia, empezó a estudiar, pero esa vez en serio, porque el canto lo había acompañado como una actividad personal toda su vida.

-Hice repertorio de ópera y armé mis propios conciertos. Y enseguida tuve la suerte de cantar con grandes. Mi debut fue en un megaconcierto con Luis Lima. De repente, me encontré compartiendo un camarín con él, que agarra la partitura y me dice acá hacé esto, acá hace esto otro, que es lo que hace Plácido Domingo.

La decisión de Vittori no fue fácil y la apuesta, muy fuerte. -En algún momento me generó un montón de dudas; dejaba un mundo conocido, en el que estaba establecido y tenía un nombre, por otro en el que tenía todo por aprender.

El año último cerró la agencia y siguió trabajando desde su casa todo lo que pudo.

-Durante los ensayos, a veces vibraba el celular y yo bajaba a corregir, mandaba los originales aprobados a tal o cual lugar, todo desde la puerta del Teatro Colón, donde fui becado para hacer la maestría en canto. Tenía que ser un publicitario y al minuto siguiente concentrarme para hacer un trabajo de práctica escénica, y quizá pasaban cinco minutos donde no estaba de un lado ni del otro. Después, me ponía en papel.

De las audiciones se enteró por el diario, y como no conocía la obra tuvo que llamar a su maestra y ésta, a su vez, a otra persona para preguntarle para qué papel debería probarse.

-Cuando llegó el momento -recuerda- resultó que me habían dado mal la información y las pruebas para el papel de Valjean ya habían terminado. Pero igual me presenté con la gente que se probaba para el de Javert y aclaré que, en realidad, yo había ido por el otro.

Espera y no desesperes, le debe de haber dicho alguna musa al oído porque, gracias a que no se dio por vencido, finalmente fue él el que se quedó con el papel protagónico.

-Las voces aquí son muy indicadas para la forma de componer de Schönberg -explica David White-. Como en el tango, las letras tienen que ser cantadas de la misma manera que son habladas. Por eso fue muy interesante ser testigo de lo fácil que se dio acá este matrimonio entre la música y el texto. Estoy muy contento. Posiblemente a causa de la tradición del tango, estos artistas tienen un fraseo que es perfecto para la música de Schönberg. Además -agrega David-, el elenco argentino es uno de los más sólidos con los que he tenido la oportunidad de trabajar en esta obra.

Y tanto Ken Caswell como David White tienen con qué comparar: durante los últimos quince años han montado Los miserables, un musical tan popular que hasta tiene clubes de fans en Europa y Estados Unidos.

Ken cuenta que los fans editan una revista que se llama Barricadas y hasta tienen un website.

-Le mandan e-mails a los elencos alrededor del mundo y ellos les responden. Es un fenómeno bastante extraordinario. Quizá sea porque hace 14 años que la obra está en cartel y porque a los turistas que la ven en Londres o en Nueva York, y luego en sus países de origen, les da curiosidad saber cómo son las interpretaciones en otros países. No sé de muchos otros shows que tengan sus websites. Hay algo en la forma como está escrita la historia de Victor Hugo, y algo parecido en la forma como está adaptada al lenguaje musical de Schönberg, que hace que la gente crea que está conociendo a personas reales.

"Con la compañía queremos que la gente se vea afectada por el musical. Porque en el caso de este gran clásico épico, cada personaje tiene algo con lo que podemos sentirnos identificados, y es por eso que no es raro encontrarse con alguien que te confiese que vio Los miserables seis veces y que va a viajar especialmente a este país o aquel otro para ver cómo es la experiencia de escucharla y verla otra vez, representada en otro idioma y por actores de otras culturas.

Aunque ya se realizaron miles de presentaciones alrededor del mundo para una audiencia aproximada de 52 millones de personas, se hicieron 31 grabaciones del musical, se ganaron más de 50 premios, incluidos un Grammy y ocho Tony, y en 1992 se utilizó para la campaña presidencial de Bill Clinton la canción Un día más (One day more), seguramente la gente de DG, la empresa que se encarga de producirla en nuestro país, tenga la misma inquietud que Victor Hugo al momento de la edición de su novela con respecto al futuro de la obra en Buenos Aires: "?" Cabe sospechar que la respuesta del público argentino será también "!"

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