Los ritmos de Memphis

De visita en Sun Studio, uno de los templos de la música contemporánea
Iván de Pineda
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10 de abril de 2016  

Los ríos Misisipi y Misuri son las vías navegables más importantes de los Estados Unidos. Desde muy pequeño tuve gran curiosidad por estos ríos. Al devorarme los libros de Mark Twain y seguir las aventuras de Tom Sawyer en la pequeña y ficcional ciudad de Saint Petersburg, un mundo de imaginación se abría ante mí. Todo esto fue satisfecho a mi llegada a la ciudad de Memphis, sobre las márgenes del Misisipi. Esta ciudad, junto con Nashville, es la más importante del estado de Tennessee, en el sur del país. Este estado tiene una de las herencias musicales más importantes del mundo. A Nashville, por ejemplo, se la conoce como la Ciudad musical. Memphis, en cambio, ha visto el nacimiento de muchos géneros musicales, entre ellos, el Memphis Soul, Gospel y sobre todo el Rock n’ Roll.

En cada rincón de la ciudad se puede escuchar y respirar música. Nombres como Beale Street, la calle icónica, es un claro ejemplo. Infinidad de bares con música en vivo, donde algunos de los más grandes exponentes locales despuntan el vicio. Imagínense a Muddy Waters, Louis Armstrong o B.B. King en su tiempo y espacio, arriba de un pequeño escenario. Aquí también se encuentra Graceland, la mansión construida por Elvis Presley, con su estupendo museo dedicado a la historia de la pelvis más famosa de la historia de la música.

También es la ciudad de dos de los estudios más importantes de la historia de la música. Uno es Stax Records, una de las matrices del soul y del sonido sureño, y el hogar desde donde Otis Redding se lanzó a la fama y que participó junto a Motown Records, su gran competidor en los 60, por los principales puestos de los charts de esa época.

El otro estudio es el inigualable Sun Studio. Situado en el número 706 de la avenida Union, es uno de los templos de la música contemporánea. Aquí se produjo y se grabó lo que muchos consideran la primera canción de rock and roll de la historia. En 1951, Ike Turner hizo bailar a los técnicos al ritmo de Rocket 88 y así comenzó uno de los ritmos más importantes del último siglo.

Entrar al estudio y sus oficinas es mágico, y si son amantes de la música se sentirán verdaderamente regocijados con la sensación de pequeña grandeza que destila cada uno de los espacios. Viejos carteles de anuncios de los artistas, discos de oro y guitarras decoran las paredes, y los estrechos pasillos esconden leyendas de otros tiempos. Bill fue la persona encargada de contármelo todo y mis preguntas salían disparadas una detrás de la otra.

Después de una buena charla llegó el momento que esperaba, entramos al estudio de grabación y me situé en el lugar exacto donde un día, allá por fines de 1956, cuatro verdaderas estrellas de la música, El Cuarteto del Millón de Dólares, coincidieron: Elvis Presley, Johnny Cash, Jerry Lee Lewis y Carl Perkins, el Rey del rockabilly, se juntaron en el estudio a tocar algo y hablar de música. Hoy una foto de ese encuentro en la pared y una cruz en el suelo marcan este hecho histórico para la música. Mientras mis ojos recorrían todo, Bill me relató una de las anécdotas o, seguramente, leyendas más formidables de las que tenía recuerdo.

Durante una cruda noche de invierno y cuando ya habían cerrado, escucharon en el estudio el timbre. Al acercarse a la puerta vieron a una persona vestida con un buzo con capucha que nerviosamente esperaba alguna respuesta. Con recelo le preguntaron al encapuchado qué necesitaba. Con un suave tono preguntó si podía pasar un segundo para ver la famosa foto. Sorprendido, el encargado accedió. El extraño entró al estudio, observó la foto, se arrodilló, besó la cruz y se dirigió hacia la puerta. Al despedirse del encargado se dio cuenta de quién era: Bob Dylan había ido a rendirle homenaje a sus ídolos.

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