Los sombreros que condenaron a Dorrego

Gloria Casañas
Gloria Casañas PARA LA NACION
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6 de marzo de 2019  • 16:44

Las voces y el entrechocar de los fusiles resonaron con eco fúnebre en la capilla de San Roque. A sombrero alzado, un grupo de hombres decidía la suerte del gobernador. Alguien le avisó a Dorrego que corrían vientos de sublevación, pero él se mostró confiado.

  • -Lavalle es un loco –dicen que dijo.

¿Cuántos sombreros ondearon en el aire recoleto de esa noche? Nadie lo supo con certeza.

Tampoco lo sabe el gaucho que contempla el horizonte con ceño sombrío. Rojas las nubes, rojo el sol, rojos los penachos de las cortaderas.

  • -Mala cosa –dice para sí mientras matea.

Bello atardecer de diciembre en campos de Navarro, con los cardos suspendidos en el aire perfumado de yuyos. Sin embargo, el hombre rumia presentimientos entre mate y mate. Aquel horizonte sangriento le remueve las entrañas. Como nunca antes, las nubes parecen decirle cosas que él no entiende. Hasta que las ve deshacerse en jirones y guadañar el cielo de parte a parte. El gaucho hace visera con su mano callosa y por reflejo soba el facón ajustado al cinto.

  • -Alguien va a morir –sentencia convencido.

El pequeño cuzco que lo sigue a sol y sombra aúlla, como confirmando el presagio. Luego, los dos se quedan quietos y callados, contemplando la tarde doliente. Justo antes de que el horizonte se trague al sol de un bocado, un estampido resuena en la llanura y ahuyenta a las aves guarecidas en sus nidos. Bandadas enteras rasgan el cielo de ceniza, enloquecidas, volando sin ton ni son.

  • -¡La pucha!

Nada sabe aquel gaucho anónimo del drama que se despliega a unas cuantas leguas de su rancho. Ni siquiera imagina que aquellas nubes caprichosas le estaban contando un cuento, el de un país en llamas que ardería durante años.

El hombre monta su picazo y parte al trote hacia donde pastan sus pocas ovejitas. A su espalda, detrás de la huella, un humo siniestro dibuja en el aire el espadín de Manuel Dorrego. Y nace una vidala que resonará en cada atardecer.

( Nota de la autora: el coronel Manuel Dorrego, gobernador federal y capitán general de la provincia de Buenos Aires, fue fusilado el 13 de diciembre de 1828 en forma sumaria, sin juicio ni defensa alguna, acusado de traición. Este hecho, que dividió al país, horadó también la conciencia del autor de la orden, el general Juan Lavalle. El juicio de la historia fue lapidario, y Lavalle se llevó a la tumba su remordimiento)

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