Luces y sombras de volver a la aldea

Cecilia Arizaga
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11 de octubre de 2014  

Cuando inicié mi investigación en barrios cerrados y countries, en 1998, esta idea de amigos o familiares viviendo en un mismo espacio era algo que ya aparecía en la intención. Muchos de ellos se fueron creando a raíz de estos vínculos primarios y con la idea de reproducir una suerte de microcomunidad.

Lo que ocurre en una ciudad es que existen perfiles heterogéneos dentro de una misma urbanización, circunstancia que no ocurre en la "vida country", donde tiende a haber perfiles o redes conectoras más específicas u homogéneas.

Hubo barrios cerrados que incluso fueron en sí mismos pensados de esa manera vincular y cuyo argumento de venta tenía que ver con esta intimidad conformada. Esta idea está alineada con lo que uno investiga cuando habla con la gente que vive en estas urbanizaciones.

La reconstrucción de la vida en comunidad que brinda este estilo de vida en términos de seguridad es lo que más aparece como ventaja principal, pero no sólo seguridad frente al delito -que es la más frecuentemente nombrada-, sino una seguridad más de tipo social, comunitaria y hasta psicológica. Un "nosotros" conocido, homogéneo, lo que no implica que no aparezcan conflictos y tensiones de otra índole. Cuando el "nosotros" está hecho por desconocidos, ese nosotros hay que construirlo a través de ritos de iniciación que a veces proponen los mismos desarrolladores de los barrios, eventos de bienvenida, cuestiones vinculadas a las familias fundadoras, etcétera. Cuando aparecen estas situaciones donde se pueden trasladar los grupos de amigos, o familia, ese "nosotros" es transportado desde la ciudad a ese nuevo espacio de homogeneidad de valores, cultural, social.

Esta "comunidad purificada" en términos del sociólogo Richard Sennet es voluntaria y atiende múltiples conflictos; uno es el de la famosa "burbuja social".

Hay una gran proporción de gente que ve estos aislamientos como algo positivo, una huida frente a la ciudad como espacio caótico, inseguro, que entiende que para sus hijos la calidad de vida óptima es el verde, estar alejados del delito, pero con la seguridad psicológica de un nosotros homogéneo. Hay otro grupo, sin embargo, que lo ve como algo preocupante. Es una seguridad, pero al mismo tiempo una falta de competencias en relación con vivir con otros en la interacción urbana. Como dato, muchos de los chicos de estos barrios sentían falta de competencias en relación con los chicos criados en la ciudad, a la hora, por ejemplo, de una entrevista de trabajo.ß

Socióloga y autora de El mito de comunidad en la ciudad mundializada

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