Mabel Bianco: "Hoy las tareas de cuidado son casi exclusivamente femeninas"

Mabel Bianco, médica experta en salud pública y presidenta de FEIM
Mabel Bianco, médica experta en salud pública y presidenta de FEIM
Inés Pujana
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8 de mayo de 2019  • 11:48

Entrevistamos a la médica experta en salud pública, epidemiología y estadística médica, y Presidenta del la Fundación para el Estudio y la Investigación de la Mujer (FEIM), y conversamos con ella sobre feminismo, los cambios que está viviendo la sociedad argentina en el último tiempo y la nueva masculinidad.

¿Cuáles son para vos los más grandes logros del feminismo en el último tiempo?

Creo que promover la igualdad entre mujeres y hombres sin atacar ni reemplazar los beneficios de los hombres, algo elemental para promover la igualdad y la justicia en democracia. Así se acaba la interpretación más popular de que el feminismo es lo opuesto al machismo, cuando es mucho más que eso. Esto fue producto de los movimientos como "Ni una menos" y "Mee too" que se rebelaron contra la desigualdad de las mujeres y ayudaron a acabar con los mitos de las feministas como "anti-hombres", "machonas", "lesbianas" y "poco femeninas", como si fuéramos mujeres distintas por nuestra apariencia y no por nuestras ideas. Dejó de ser una forma de despreciar a la mujer decirle feminista, y pasó a ser algo de lo cual uno se enorgullece, tanto hombres como mujeres. Es un logro también la igualdad y la superación de la rivalidad, aceptando que somos diferentes y que no queremos dejar de serlo, pero que eso no implica ser menos ni estar subordinadas a los varones. Es algo que ayuda a los hombres también, porque los saca de la posición de ser los únicos proveedores, los fuertes, los que pueden con todo, los que esconden los sentimientos, no lloran ni piden perdón. Algunos jóvenes llaman a esto machismo tóxico, porque no les permite ser como son. Otro gran avance es que las mujeres y los hombres que son sometidos sexualmente ya no se callan. El abuso dejó de ser algo privado para convertirse en algo que debe denunciarse y castigarse.

¿Cuáles son las batallas más importantes que aún tienen que dar las mujeres?

En nuestro país, si bien hemos avanzado mucho en los 35 años que pasaron desde que se recuperó la democracia, creo que necesitamos asegurar lo ya conquistado, algo que no parece demasiado seguro ni aquí ni en el resto del mundo, dada la poca atención que se le presta a los derechos de las mujeres. En la Argentina los principales avances fueron leyes que consagraron derechos pero que no se implementaron bien, y eso significa que no rigen plenamente. Las leyes no alcanzan si no hay voluntad política de hacerlas realidad para todas, porque es un hecho que no gozamos de los mismos derechos las que vivimos en CABA que las que viven en la Quiaca o el Gran Buenos Aires. Incluso teniendo en cuenta la cantidad de leyes sancionadas que mejoran las condiciones de las mujeres, aún faltan algunas que son clave, como la de interrupción voluntaria del embarazo, la de licencias parentales más parecidas a las maternales y la de igualación de posibilidades de acceso a determinados trabajos, como la minería o la conducción sindical, donde hay prescripciones para las mujeres o falta de paridad. A esto hay que sumarle la falta de incentivos para las escuelas que promueven la capacitación femenina en matemáticas, tecnología, ingeniería y ciencia; y el tema del mejoramiento económico de las mujeres, que no es menor, porque solo el 40% de las que trabajan en el servicio doméstico están incorporadas al trabajo formal con la cobertura de jubilación, obra social y otros beneficios. A eso se suma la falta de apoyos para las tareas de cuidado no remuneradas como el cuidado de hijos, enfermos, discapacitados y ancianos que recae casi absolutamente en las mujeres y atenta contra el mejor desempeño en el trabajo, lo que constituye un factor de retraso en los ascensos y en la mejora del salario.

Es un tema eso, porque si bien las mujeres conquistamos el ambiente laboral hace muchos años, las estadísticas dicen que aún seguimos ocupándonos de la mayoría de las tareas hogareñas. ¿Por qué pasa esto?

Tanto en la Argentina como en la mayoría de los países del mundo, las tareas de cuidado no remuneradas son responsabilidad casi exclusiva de las mujeres. Para lograr mejorar la participación económica de las mujeres es clave contar con medidas de apoyo para la cobertura del trabajo no remunerado, como licencias para hombres en caso de enfermedad de los hijos, doble escolaridad de las escuelas primarias y secundarias y guarderías infantiles y hogares de día para enfermos mentales y ancianos, conjuntamente con marcos legales que favorezcan la corresponsabilidad del Estado, del sector privado o empresarial y de las familias, algo que en conjunto liberaría a las mujeres y les permitiría compartir más equitativamente esas tareas con los hombres. Es fundamental en las áreas de menores recursos, que no pueden enfrentar el costo privado de todo esto. Igualmente hay que acompañarlo de un cambio en la distribución de roles y responsabilidades dentro del hogar. Para eso las leyes ayudan pero no alcanzan: hace falta una política de reconversión de lo que significa ser varón y mujer, cambiando los mandatos sociales por la libre capacidad de las personas de expresarse. Se logra con algo como la Educación Sexual Integral -ESI - que incorpora la igualdad de hombres y mujeres y destierra los roles estereotipados.

¿Por qué crees que las mujeres suelen logran cargos altos en recursos humanos y no en otras áreas?

En primer lugar, porque se cree que las mujeres tienen menos capacidad en las áreas comerciales, económicas y comerciales, tanto por su formación profesional como por el ejercicio de los niveles de mando. Estos son en gran medida prejuicios, pero que cuesta mucho desterrar. En el área de Recursos Humanos, como las mujeres son muy cuidadosas y cumplen muy bien las normas y criterios para evaluar a los candidatos, se las reconoce y se les permite llegar a puestos gerenciales. Esto no ocurre en las áreas de producción, en donde se cree no van a poder mantener la disciplina o ser respetadas, algo que pasa porque el liderazgo femenino es más horizontal y se confunde con falta de autoridad, cuando en realidad es una forma efectiva de mando que logra excelentes resultados. Algunas empresas de a poco están cambiando, pero hace falta una revisión de los prejuicios y una expresa voluntad de cambio que no siempre está presente .

¿Qué nuevo rol les toca a los hombres con este cambio de paradigma que estamos viviendo?

En esta transición se está reconfigurando el concepto de masculinidad y su valoración cultural. Los hombres están dejando de ser considerados los más valorados, los proveedores, los que lo pueden todo, los que guían y protegen a las mujeres y están siempre listos para conquistarlas y dominarlas. Tienen que acostumbrarse a ser iguales, con lo que eso implica en pérdidas y ganancias. Para los mas jóvenes esto es un alivio porque les permite ser como quieren, sin esos mandatos sociales rígidos y sin vivir como disidentes. A los que superan los treinta les resulta más difícil aceptar y encuadrarse en este nuevo marco y muchos de los que no pueden acomodarse al cambio se vuelven más agresivos, agrediendo las mujeres y niñas con mucha crueldad. Muchos femicidios ocurren como reacción frente a los congéneres, como una forma de demostrar poder y reforzar su masculinidad. Estos hombres no reconocen el derecho de las mujeres a no consentir a sus pretensiones y reclamos, algo que se exacerba frente a la independencia y rechazo de las mujeres a todas las formas de sometimiento. Las madres deben hoy, en base a estos cambios, adoptar nuevas formas y modalidades para criar y socializar a sus hijos, sean varones o nenas, aceptando una mayor independencia desde edades más tempranas. Además de otorgar a los hijos de ambos sexos los mismos deberes y derechos, ambos tienen que ocuparse de tareas domésticas, además de tener espacios de recreación con actividades que ellos elijan, sin la conducción y orientación de los padres. El resultado van a ser sociedades más igualitarias, pacíficas y respetuosas de las diferencias.

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