Mantras ohlaleros para ser felices

Crédito: Inés Auquer
Ser nosotras mismas es la única fórmula para disfrutar de la vida. Estos son nuestros cantos ohlaleros a la alegría.
María Eugenia Castagnino
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29 de diciembre de 2014  • 01:40

Cualquiera de nosotras lo sabe: hay revoluciones que son personales. Que se empiezan a gestar así, silenciosamente. Que crecen. Que se van nutriendo. Y que, casi sin que te des cuenta, te transforman. Y que hacen que vos transformes lo que te rodea. Por eso, en este diciembre obligado de balances, también quisimos mirar un poco hacia adentro. Así que nos encontramos con nuestra psico, Inés Dates, en esa suerte de terapia creativa que tenemos todos los meses para repasar – juntas e individualmente – la "experiencia OHLALÁ!". Y así quisimos identificar nuestros "mantras ohlaleros" por excelencia. Esas herramientas prácticas que les suman a nuestros propios descubrimientos personales, que nos inspiran, que nos conectan con lo "lindo" y lo "feo" de la vida. Porque la información llega cuando una está lista, cuando la necesitamos.

LLORAR ESTÁ BUENÍSIMO

Una frase que solemos usar es "shit happens". Sabemos que hay emociones feas, pero aprendimos a usarlas de "trampolín" para otra cosa. Aunque no nos guste, a veces nos toca lidiar con emociones como el miedo, la culpa, el enojo o la tristeza. La clave es saber que existen, que están, que es difícil zafar de ellas – porque vienen por default en el combo de la vida – y ponerlas en nuestro presupuesto mental. Y cuando aparecen, para poder manejarlas, hay que saber aceptarlas primero. Quizá nuestra primera reacción sea tratar de huir de ahí o evitar sentirlas, pero lo único que lográs con eso es agrandar lo malo. El éxito pasa entonces por no instalarse ahí, sino usarlas como un escaloncito, como un pasaje para profundizar en vos. Permitirte sentir y transitar esas emociones con "mala prensa" es el primer paso para seguir queriéndonos cuando no somos perfectas ni "mujeres maravilla". Si lográs trascender esas emociones poderosas y entender cuál es el mensaje que vienen a traerte, seguramente tu calidad de vida mejore. Pensemos entonces este grupo de emociones como un "hostel" para parar por unos días quizá, pero no son lugares aptos para vivir ahí.

LO MEJOR ES ENEMIGO DE LO BUENO

Bueno, OK, los ideales siempre están. Y lo perfecto siempre va a ser lo que justamente no tengas. Tu pareja será un amor, pero siempre vas a querer que se parezca un poco más a Brad Pitt. La realidad muchas veces sale perdiendo en la comparación, pero tiene eso de REAL que construye y solidifica nuestra vida, así que nos conviene saborearlo. Aprendimos que las expectativas no siempre van de la mano de los resultados. Sabemos que la ilusión tiene un buen lejos – al igual que el éxito –, pero que al mismo tiempo nos aleja de lo real. Acordate: la perfección (o el querer alcanzarla) rompe lo real y es capaz de estropearte hasta el "hoy" más lindo que hayas podido construir.

100% ACTITUD

Así como nos entrenamos en aceptar las emociones feas, también es posible cultivar y desarrollar las otras, esas que nos hacen sentir bien. ¿Cuáles son? El valor de ser agradecidas, de no perder la capacidad de juego, de lo bien que nos podemos sentir al ayudar a otros, de que está buenísimo poder reírte de vos y de tus errores. En definitiva, de que se trata de ponerle fuerza y confiar en nuestros dones (¡que los tenemos y son muchísimos!). Nos enteramos de que si a cada cosa de nuestra vida le ponemos un poco de atención consciente, eso mismo puede transformarse en un motivo para celebrar.

¡AFLOJÁ, NENA!

Hay momentos para todo en la vida: están esos en los que tenés que pisar el acelerador, porque necesitás poner en marcha algún cambio personal. Y también están esos otros en los que hay que parar la pelota. Todo puede ser trabajo o disfrute, pero descubrimos que disfrute y descanso son cosas distintas – el descanso es parte del trabajo –. Por eso, cuando te toca algo lindo, no lo mates con trabajo; el trabajo, al seguir enganchado a la acción, no permite que te relajes y estés disponible para recibir. La clave pasa por ir alternando entre la "felicidad-dopamina", que es la que te mueve a hacer cosas, y la "felicidad-endorfina", que te permite saborear la vida. Pero ¡ojo!, porque no se puede pasar de la acción al saboreo en un solo movimiento. Por lo general, hay una especie de "bajón" en el medio. No es fácil parar la acción, pero tené confianza en que una nueva ola va a venir para que la surfees.

DESEO LO QUE TENGO

Queremos vivir en el "aquí y ahora" porque descubrimos que ahí está lo más real de la vida. En ese tiempo gerundio en el que nada es algo finito o acabado, sino que somos un constante "estar siendo". Buscamos no engancharnos ni estar pendientes de lo que ya fue ni tampoco irnos demasiado al futuro, sino que para habitar el presente cultivamos el "tiempo mientras". Sabemos positivamente que el presente es un tesoro valioso y que lo que nos queda como trabajo es estar "presentes en el presente" (aunque parezca un juego de palabras).

MI FELICIDAD PUEDE SER SUSTENTABLE

Creemos en la "felicidad sustentable". Esa que podemos elegir y cultivar todos los días. ¿Cómo? Aprendiendo a prestarles atención a las pequeñas cosas de la vida. Sabiendo que los detalles hacen la diferencia. Y no teniendo la urgencia ni la necesidad de compararnos con felicidades ajenas. No buscamos LA felicidad, sino que le abrimos la puerta a conectarnos con esas miles de felicidades chiquitas, cotidianas, que a veces pueden verse tentadas de pasar desapercibidas. Nos convencimos de que sí, la felicidad se construye con eso: con humildad, con hábitos y poniendo mucha atención consciente en cada cosa que hacemos. De eso hablamos cuando te proponemos "saborear la vida"; se trata de exprimir al máximo nuestros sentidos y entregarnos a cada experiencia con conciencia. Todo este proceso es lo que llamamos "felicidad sustentable"; incluye el poder sentirte "heroica" cuando hiciste algo difícil, "buena" cuando le hacés un favor a otro o incluso "obediente" y "cuidadosa" cuando te ocupás de ir al médico a hacerte un chequeo o al contador para poner en orden tus finanzas e impuestos.

Crédito: Inés Auquer

ME GUSTA CÓMO SOY, PERO AMO RECICLARME

Parece un mantra de gataflora, pero es así. Nos gusta viajar hacia nuestro interior y ser capaces de conocernos cada vez más. Buscamos y practicamos con herramientas para hacerlo. Pero también sabemos que cambiar es parte del flujo natural de la vida. Si no cambiamos, nos estancamos. Nos achanchamos. No crecemos. Por eso, también disfrutamos indagando la mejor manera de abandonar ciertas zonas de confort, que nos permitan volver a sentir lo adrenalínico de los desafíos nuevos. En definitiva, jugando y coqueteando con ese fino límite – entre el orden y el caos, entre lo que "hacés de taquito" y lo que te da un poco de miedo – es donde nos sentimos más vivas. Una realmente "vibra" cuando se enfrenta a un nuevo horizonte.

CREZCO EN COMUNIDAD

Para muchos momentos, te dijimos que hay que apagar la mirada de los otros. Pero sabemos que somos seres sociales por naturaleza y que estar rodeadas de buena compañía nos potencia y nos hace mucho más poderosas. Lo grupal – ya sea en tu casa, en un trabajo, en un grupo de pertenencia cualquiera que vos integres – te sostiene funcionando como una red de contención, te ayuda a delegar tareas y responsabilidades, te inspira a ser más creativa y fomenta el intercambio de ideas, la tolerancia y los vínculos. Aprendimos que es tranquilizador saber que nunca vamos a estar solas y que el feedback que ellos puedan darte es, sin dudas, una oportunidad para crecer. Incluso, también salimos de los ámbitos más cotidianos y abrimos las puertas a que puedas pensarte como una "ciudadana de tu propia aldea", sintiéndote parte de un todo más grande, que te incluye y te interpela para que hagas cosas y te hagas oír.

¿Qué te parecen nuestros mantras? Más ideas para transitar el camino de la felicidad en Ocho claves para vivir más felices

Maquilló y peinó: Marina Nogues Güemes para Sofi Klei Studio con productos Givenchy. Agradecemos a Lise para Esmeralda Models, Las Pepas, Valus, Viamo y XL su colaboración en esta nota.

Arte de Ana Pagani. Realización de Diego A. Martínez (DAM). Producción de Josefina Rivero.

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