Marche un plato de leche

En Tokio son furor los cafés donde la gente paga para pasar el rato interactuando con gatos
Daniel Machado
(0)
29 de junio de 2014  

Japón no sólo esta a la vanguardia en aspectos tecnológicos y científicos; también lo está en muchos de los comportamientos de las sociedades modernas. Desde el Lejano Oriente llegan estilos de vida, modas y sorprendentes impulsos que luego se convierten en tendencias en Occidente y otros países de Asia. Algo de esto ocurre con los cafés temáticos, entre los que se encuentran los pet’s cafe y especialmente los llamados café de gato (en japonés, neko kafe), de mucho éxito en Japón en los últimos 10 años. Si bien se considera que el primer café de gato abrió en Taiwán a fines de la década del 90, fue en Japón donde se desarrolló y popularizó, en parte debido al gran aprecio que tradicionalmente tienen los nipones por los gatos, y también por ciertas reglas de edificios de apartamentos y complejos residenciales que prohíben la tenencia de mascotas, además del reducido espacio y tiempo con el que cuentan en la vida cotidiana personas que viven en ciudades como Tokio u Osaka.

Según la Guía Nacional de Neko Kafe, sólo en Tokio y áreas cercanas funcionan más de 50 de estos cafés. El público es mayoritariamente japoneses jóvenes, adultos de mediana edad y extranjeros de todo tipo, en parejas o grupos de amigos. En el barrio tokiota de Shinjuku funciona uno de los cafés de gatos más populares, el Kyariko, abierto de 10 a 22. En un edificio con frente a la transitada avenida Yasukuni, cuenta con un staff de entre 40 a 50 gatos, debidamente identificados con sus nombres, de diferentes razas y procedencias, los cuales son periódica y extrictamente controlados por 5 o 6 chicas que atienden el cafe. Funciona todos los días y ofrece diferentes servicios, desde el acceso al lugar para jugar y estar acompañado por los gatos y servicio de tragos y comida. El costo es de 1000 yenes la hora (aprox., 10 dólares), que no incluye tragos o comidas.

Al llegar, una chica gentilmente explica las principales reglas, entre las que se destacan: no agarrar a los gatos entre los brazos; dejar los zapatos en la entrada, lavarse bien las manos y usar el gel desinfectante de alcohol antes de tocar a los animales; se permiten fotografías discretas, sin flash; no despertar ni molestar a los que duermen o están en lugares apartados.

En las dos plantas, interconectadas por una escalera interior, en horarios pico puede haber algo más de 30 clientes. En los dos pisos existen estantes y muebles especiales para que los gatos puedan cumplir con sus necesidades o apartarse de las personas si lo desean. También hay todo tipo de juguetes para llamar su atención, aunque nada como un poco de pescado o pollo deshuesado especial que venden al público para lograr fijar su interes unos minutos.

Además de las fotos de los gatos del staff y sus nombres y otras informaciones, hay libros para quien quiera informarse sobre estos animalitos. También, souvenires para llevar como recuerdo, entre los cuales, por supuesto, no puede faltar el Maneki-Neko o gato de la suerte, que con su mano levantada no se despide de nosotros, sino que nos invita a regresar nuevamente.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?