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Margarita y el desamor: “Las relaciones amorosas no son como las de Disney”

Señorita Heart
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22 de febrero de 2019  • 00:18

La historia de Margarita no es de amor sino de desamor. "¿Cuántos más hay que soportar?", se pregunta ella. "¿Será verdad que hay que probar con varios para elegir al mejor?" Con sus 31 años, ya se cansó bastante de buscar, probar e intentar. "Me psicopatearon y psicopateé, me trataron mal y traté peor. Me dejaron, dejé y me engañaron. ¿Acaso el próximo se morirá?", exclama entre el sarcasmo y la resignación.

Hace algunos años empezó con las "citas a ciegas". Fue así que Margarita salió con amigos de sus amigas, amigos de los novios de sus amigas, y terminó conociendo amigos de los amigos de los novios de sus amigas. "Una cadena interminable de situaciones horrorosas y trágicas. Desde un militar que en vez de decir mujeres prefería el término "femeninas", un policía un poco impotente en la cama y un abogado exitoso, pero con graves problemas de acné en todo su cuerpo y muy acomplejado por ello", enumera.

Todo empeoró

Como tantas otras personas, tiempo después Margarita se unió a la moda de buscar el supuesto gran amor a través de las aplicaciones de citas. "Todo empeoró cómicamente", revela, "Mis citas y candidatos fueron en picada abajo: desde un gordito simpático con fuertes problemas vocacionales, un argentino nacionalizado estadounidense que hablaba mitad español y mitad inglés, pero a los gritos; un romántico empedernido que me invitaba a bailar tango y comer chocolate mirando el río, un depresivo no diagnosticado, un gerente de empresa ególatra, narcisista y falto de empatía, y más", continúa.

En todos estos años Margarita realmente creyó que podría encontrar el amor, pero siente que lamentablemente hay algo, tal vez generacional, que le dificulta su camino. "En personas que hoy están en sus treinta se vuelve casi imposible una relación profunda. No sé qué sucede, pero mi generación - al menos en mi entorno - tiene una profundidad sentimental de un plato sopero", opina ella.

Todas las relaciones resultaban pasajeras.
Todas las relaciones resultaban pasajeras.

Sexo y Uber

El "vínculo" más significativo de Margarita sucedió durante el año 2017 y 2018. "Con un ingeniero distímico (estado de ánimo crónicamente depresivo) del cual me `enamoré´, pero que vivía en una ciudad a 297 km y venía a Capital los fines de semanas", relata, "Nuestras citas consistían en: me pasaba a buscar en auto por mi casa, íbamos a su casa, comíamos queso, bebíamos champagne, teníamos sexo y me tomaba un Uber a las 8 am cuando me despertaba. ¿Cuánto tiempo se puede sostener una relación así?", se pregunta.

Al estar tan prendada a él, los intentos de Margarita para que salgan de la rutina y aunque sea vayan a tomar una cerveza fueron varios y todos en vano. Sus quejas de: "siempre hacemos lo mismo" tenían como respuesta:"¿Qué problema hay con lo de siempre? ¿Acaso no te gusta?". Margarita quería gritarle que estaba harta, pero lo único que le salía responder era: "Dale, pasame a buscar el viernes a las 11pm".

"A simple vista, pareciera que tengo un grave problema para relacionarme y que acepto el ninguneo a cambio de sentirme acompañada y querida un rato. Pero lo lamento, siento que eso no es así. Creo que a la mayoría nos pasa que no congeniamos con el otro, no encontramos eso que buscamos y buscamos, ese alguien que valga la pena de verdad y no para estar por estar. Esa coincidencia es casi milagrosa", afirma Margarita.

Ni Eric ni el príncipe de Marruecos

"Por supuesto he leído y escuchado buenas historias de amor que cuentan, pero tengo la certeza de que la mayoría no se suceden de maneras tan ideales; no conoces a tu príncipe en Marruecos, te encontrás a medio camino en Sudáfrica, recorres USA en combi y de pronto, él decide dejar todo por amor y venir a Argentina a formar una familia y radicarse en Latinoamérica", continúa.

Margarita confiesa que a los 7 u 8 años fantaseaba con que iba a conocer a un Eric y ella sería Ariel, la sirenita salida del mar. Luego, de los 14 a 16 años, supuso que a los entre los 22 y 23 iba a estar casada, con hijos, casa propia y perro en el jardín. "Ahora que tengo 31 entiendo que vivía en una irrealidad: vivo en un monoambiente, el banco no me da el crédito hipotecario y mi última relación se redujo a una vez por semana comer queso, sexo y Uber", expresa ácida, "La verdad es que ya no sé qué esperar. O, mejor dicho, sí, quiero que haya respeto y empatía; que nadie se olvide de que el otro es también un ser humano con sentimientos y que sufre", reflexiona.

Las citas a ciegas no funcionaron.
Las citas a ciegas no funcionaron.

¿Sos feliz?

Margarita está convencida de que las relaciones humanas son complicadas y que se construyen de a poco; que los golpes de suerte no existen para la mayoría. "Sin perjuicio de ello, claro, y no hay que desesperar, pero tampoco debemos imponer la creencia de que todas las relaciones amorosas son como las "Disney", porque yo quisiera preguntarles a varios de los que dicen haber vivido romances de película y para la foto: ¿Siguen tan felices hoy o tan solo tiene una buena historia para contar? ¿Cuán felices son los domingos a la noche? ¿Sigue todo ideal? A muchos que sostienen su relación tan solo por tener a alguien también les preguntaría: ¿Cuán felices son mientras sus parejas juegan a la play station o están en su mundo y necesitan ayuda, como poner la mesa? ¿Cuán felices son cuando sus parejas no les contestan el mensaje o una llamada?", concluye pensativa.

Si querés contarle tu historia a la Señorita Heart, escribile a corazones@lanacion.com.ar con todos los datos que te pedimos

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