María Dueñas: “A cada uno le llega su momento”

El tiempo entre costuras fue su primera novela, la que la llevó a la fama y marcó, a los 45 años, lo que sería su nueva profesión: escritora.
Patricia Gallardo
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12 de mayo de 2015  • 00:17

Decidida, afable, con una sonrisa y predispuesta a hablar más allá de La Templanza -su nueva novela que vino a presentar a la Argentina- María se expresa sin vueltas (y casi sin respirar) sobre su nueva pasión, esa que encontró por 2009 cuando ejercía como profesora de filología en su España natal, esa que la llevó a crear el best seller El tiempo entre costuras.

¿Nunca tuviste en mente escribir?

La verdad que no, y no tenía tiempo tampoco.

Sin embargo, cuando decidiste dedicarte a la filología (el estudio de los materiales escritos, en su caso la literatura inglesa y dentro de ella la Lingüística) sí sabías que era a lo que te querías dedicar

Mi vida ha tenido varios tumbos. Trabajé en universidades norteamericanas, volví a terminar el doctorado que empecé en Estados Unidos, di clases en escuelas militares, a empresarios, cosas muy distintas. Monté negocios con amigos: estuve de socia en un par de bares de copas, cuando era joven, y en una especie de intercambio de estudiantes, algunas funcionaron bien, pero fueron efímeras. Y recién cuando conseguí una planta permanente en la universidad como que bajé el ritmo y dejé de dispersarme.

Y el cambio llegó.

Yo había conseguido mi plaza de profesora titular y eso me daba estabilidad y prestigio. Mis hijos iban creciendo y fue entonces cuando pensé: ¿qué tal si escribo algo?, y me apetecía hacerlo. Fue abrir otra puerta distinta pero nunca con la intención de irme de la universidad y seguir ese camino. Siempre pensé en hacer algo más porque había tenido una vida muy activa, había hecho muchas cosas y me había metido en muchos líos y, pues, me iba a meter en otro a ver qué tal. yo siempre pienso: a cada uno cuando le llega su momento, el mío fue empezar a escribir a los 45.

Fuiste sola con el texto…

Es que yo no conocía a nadie en el mundo editorial, pero como soy muy cabezona, muy tenaz en el mejor y peor sentido de la palabra, decía esto lo tengo que terminar y lo voy a publicar. Fue bastante rápido una vez que encontré una agencia literaria que me representara y me consiguiera un editor. Me iban a publicar en un sello dentro de la editorial Planeta con una tirada pequeñita. Había mucha ilusión y ninguna garantía de éxito, pero enseguida hubo mucho movimiento y después se desbandó. Yo decía mi libro se va a perder, iba a librerías grandes y como era la época en la que estaban de moda los libros de Stieg Larsson, veía pilas de su segundo título (la chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina) y dos del mío o uno, o ninguno. Se lo van a comer, nadie lo va a ver pensaba. Pero sí lo vieron y fue muy gratificante.

¿Qué te lleva a escribir estas historias?

Yo empiezo siempre con los territorios, me ha pasado con las tres novelas, aunque no sé si me seguirá pasando en un futuro. En todas hay algunos vínculos, por ejemplo, en El tiempo entre costuras tenía claro que quería escribir una historia situada en el Marruecos de presencia española de la primera mitad del siglo XX porque allí vivió mi familia materna y mi madre más de 40 años, un mundo interesantísimo que no estaba recogido en la literatura contemporánea. Y ahí nació todo.

Con Misión Olvido, mi segunda novela, me pasó algo parecido. Quería escribir sobre la vida del campus americano y los profesores de español porque había vivido todo eso y quería reflejar lo que conozco. De esa vinculación construí una visión que no tiene que ver conmigo.

¿Y con La templanza?

Casi igual, pero sin un vínculo directo pero sí con un gusto particular por Jerez, el vino de Jerez y el comercio del vino con Inglaterra, algo que conocía mucho por la literatura inglesa. En toda ella se habla de esto. Desde la edad media a Shakespeare, que lo alababa. Dickens habla de él; Churchil lo consumía y los personajes de Agatha Christie y Downton Abbey también. Ha sido parte de la cultura. En el siglo XIX empiezan a construirse las grandes bodegas, llega mucho dinero de afuera y algunas de ellas se establecen con lo que llamábamos en España capitales indianos, dineros que venían de las indias, de españoles que habían emigrado y volvían a invertir su dinero para terminar sus días en la madre patria. La figura del indiano tiene mucha leyenda, es muy épica en España, porque era gente que volvía con dinero y una facha muy peculiar, muy exuberantes, a veces traían hasta un loro si venían de las Antillas. Eran nuevos ricos, pero con una estéeeeetica se hacían grandes casas y les ponían muchas palmeras, por ejemplo, que no tenían nada que ver con el lugar. Me gustaba usar ese modelo de personaje pero darle una vuelta de tuerca que es venir con toda esa facha opulenta pero arruinado. Y así vuelve a España el protagonista de La Templanza, no para invertir sino para llevarse dinero y volver a México, a su mundo, del que pensó que nunca saldría…pero luego le cambia todo.

En todas tus novelas la indumentaria tiene un peso importante, en la primera desde el título. ¿Te gusta la moda?

Sobre la moda lo justo, vamos, como cualquier mujer pero no llevo ningún seguimiento, aunque investigo mucho y muchas veces me interesa en el gran tapiz histórico cuales son las pequeñas cosas que le dan sabor a la época y son esas cosas mínimas las que luego vuelco en la novela. Porque si un señor de antes (del siglo XIX) debía sacarse la camisa, primero tenía que quitarse los gemelos, el corbatón y el cuello duro. Y entonces, las señoras no iban vestidas igual durante el día que por la noche. Cómo preparaban las maletas o cómo viajaban antes. Me fijo mucho en todos los detalles porque me parece que son los que ayudan a construir el escenario en su momento. A veces incluso más que la propia descripción histórica que te puedes imaginar. Porque esos datos son los que encontrás si vas a la Wikipedia, no necesitás que te los cuente yo.

¿Cómo buscás información para tus libros?

De todas partes, debajo de las piedras. Utilizo recursos más ortodoxos como artículos académicos o enciclopédicos, pero la prensa de la época para mi es fundamental porque te da detalles de la vida, de lo que se vende, se compra, se anuncia, de lo que está de moda, el tratamiento, como se hablan, si es de ud, de tu o de vos. En las del siglo XIX, por ejemplo, había una revista que se llamaba La dama elegante, y me sirvió para saber si llevaban miriñaque o no, si llevaban pieles o joyas. Cuando tengo todo ese material, en lugar de explicarlo con dosis informativas que a veces entorpecen la agilidad del lector (algo con lo que a mí no me gusta encontrarme como lectora) trituro todo y lo voy soltando, en lugar de decir señoras de la época vestían así, digo Soledad apareció con los hombros al aire. El rigor documental fue clave para mi etapa de profesora y lo conservo en la ficción, digamos que trasladado las misma herramientas y metodología pero sin que se note lo documental.

¿Te tomás licencias en ese sentido?

Muy pocas, cuando piso sobre seguro, cuando sé que hay cosas que no pueden fallar, si no había luz eléctrica no puedo decir que la había. Recuerdo que con El tiempo..., cuando la novela pasó a serie de televisión, con los guionistas tuvimos un tire y afloje porque durante la guerra civil entre Marruecos y España se corta la comunicación. Esa fue una de las grandes tragedias de la guerra: que nadie sabía dónde estaban sus familiares. Si estaban vivos o muertos y, de repente el guionista quería poner un teléfono para que Sira se comunicara con su madre, desde Madrid a Marruecos y yo les repetía que no podía ser, y ellos insistían que era una pequeña licencia, pero era una ¡gran licencia y una torpeza! porque el drama que vivieron miles y centenas de familias fue la incomunicación. Vamos, entonces, no puedes poner un teléfono dentro de ese drama porque contradice todo lo que hubo en la época.

¿Es verdad que la gente te escribe por tu mención de las Academias Pitman en Argentina, en El tiempo entre costuras?

Sí, muchas veces me dicen estudié ahí. Yo lo encontré en Internet, no sé buscando qué y dije esto para acá. Me pasa que lo que encuentro, lo reinvento y lo meto por algún sitio, pero nunca me imaginé que me iban a hablar tanto de eso.

Invertís mucho tiempo en investigar y escribir, ¿cuánto te lleva cada libro?

Como dos años en La templanza, pero casi lo mismo en todas. Primero estoy unos tres o cuatro meses buscando la documentación y pensando la historia, configurándola y armando un plano, casi de carreteras, diseñando los personajes, pensando en el tono que va a tener y la ambientación. Todo sin escribir nada. Recién en ese punto, con el esqueleto de la historia, escribo el capítulo 1 y después más o menos de un tirón, aunque sigo buscando documentación cuando lo voy necesitando. Todo eso me lleva 1 año entero y después otros cuantos meses para la parte de corrección, revisión, cortar, pegar, mover. Es la más tediosa y la más dura, pero hay que hacerla.

¿Tus personajes deben viajar para superarse?

A mí me gusta la gente en movimiento y me parece que los lectores aceptan esta idea del viaje, de salir, de vivir otros universos distintos. No sé si lo seguiré haciendo, pero la verdad es que las novelas me han pedido un viaje.

Y personajes cómplices…

Es que yo creo que los humanos estamos entrelazados, que tenemos nuestras complicidades, nuestros afectos. Habrá gente más solitaria y gente menos, pero normalmente todos estamos dentro de una red social en el sentido clásico. Por eso cuando leo sobre héroes o heroínas que no tienen nunca responsabilidades con nadie o nadie sabe cómo están a mi me resultan un poco como extraterrestres. Yo creo que la vida real no es así. Uno tiene un padre o madre a quien llamar para ver como esta, o unos amigos con los que quedar una noche a cenar. Yo intento que mis personajes sean lo más reales posibles. Vivimos en una maraña de relaciones, yo espero que sean humanos.

¿Aunque sea en las nueva Redes Sociales? ¿Cómo te llevás con ellas?

No tengo una página web, hice un Blog para El tiempo…, y dejé abierta una dirección para que me escribieran, pero después se desbandó y lo cerré. Ahora tengo una página web que lleva la editorial, un Facebook que lleva mi hermana y un Twitter que yo no sé quién lleva, yo los nutro porque mando las fotos y lo que sea, pero no contesto a nadie y muchas veces me regañan: "Escribí tres veces y nunca me contestaste", pero no puedo entrar en eso porque entonces no me daría la vida. Hay gente que se enfada y me escribe "qué antipática es, ya no voy a comprar un libro suyo más" pero bueno, no es la vida, nosotros tenemos una vida privada no podemos estar las 24 horas disponible. De pronto me cuentan, "tengo una historia fascinante para tu próxima novela, llamame". Y se enfadan porque no les llamo. Las Redes Sociales son muy útiles para difuminar la información pero son muy esclavas y yo no he querido entrar en eso, tal vez pierdo algunas cosas, pero mi salud mental gana bastante.

Algo que te habrán preguntado mucho ¿No habrá un tiempo entre costuras 2?

Definitivamente no. Ha habido muchas ganas de una segunda parte del libro y de la serie pero cerramos esa puerta. Las segundas partes son muy peligrosas, si te encierras dos años con un proyecto quiero que sea algo nuevo que disfrute y del que aprenda. Volver a lo mismo y darle más vueltas: no.

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