María Roca: "Hay que fomentar la resiliencia y el capital mental"

Fuente: LA NACION - Crédito: Laura Reina
Laura Reina
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12 de octubre de 2019  • 00:36

Habla con una pasión y determinación acerca de su trabajo que da la sensación de que siempre deseó convertirse en lo que es hoy: una de las referentes más destacadas de las neurociencias en el país. Coordinadora científica de la Fundación Ineco e investigadora independiente del Conicet, María Roca (41) sorprende al contar que cuando terminó el colegio no tenía para nada claro que el cerebro, las neurociencias y la psicología iban a ser parte fundamental de su vida. "Terminé quinto año y me fui de viaje y cuando volví empecé el CBC para Imagen y Sonido. Pero cuando empecé la parte más técnica, dejé la Facultad. Siempre trabajé, pero sentía que estudiar una carrera era algo que tenía que hacer", dice en su oficina de Ineco, que ayudó a fundar en 2005 junto con Facundo Manes, su jefe y mentor, con quien escribió Descubriendo el Cerebro y Cerebros en Construcción. "Siempre digo que tuve mucha suerte porque me fascinó un campo que era medio virgen, había mucho por hacer y si lo hacías bien te transformabas en referente rápidamente", dice sobre presente.

-¿Tener un título universitario era un mandato familiar?

-No, para nada. Ni mi mamá ni mi papá son universitarios, sí mi abuelo que era un abogado reconocido. Pero sentía que tenía que hacer algo. Y me decidí por Psicología, en la Universidad de Palermo (UP). Era una carrera nueva, con una currícula muy moderna para ese el momento. Cursé, me fue muy bien, me recibí rápidamente. Pero tampoco tenía muy en claro que iba a hacer después: fui agarrando lo que encontraba: trabajé asistiendo a una psicóloga de niños y con la policía porque en ese momento me interesaba mucho la psicología forense, algo que me sigue fascinando. Hasta que una amiga me nombra el Fleni. Lo único que se sabía era que ahí estaba internada la hija de María Valenzuela. 'Que raro... ¿para qué querrán psicólogos ahí?' Mandé el CV igual, me tomaron y ahí conocí la neuropsicología. Estaban armando equipos y el que lo lideraba era Facundo [Manes] que había vuelto de Inglaterra y estaba poniendo en funcionamiento el equipo. Y me enamoré de la profesión. En 2005 nos vamos de Fleni y formamos Ineco junto con muchos otros profesionales.

-Fue casi un salto al vacío...

-Nos fuimos a la nada. Facundo nos decía que como iban a tardar en llegar pacientes íbamos a tener tiempo para investigar y publicar. Pero los pacientes no tardaron nada en llegar porque no había en Buenos Aires un centro como éste.

-Hablás mucho de investigación. ¿Cuándo empezó todo esto de la divulgación sobre el cerebro?

-Un tiempo después de que formáramos Ineco, Facundo empezó con toda su bandera de la divulgación. Entre nosotros no es que lo apoyamos tanto. Pero es una persona de ideas muy claras y lo que estaba haciendo tenía un sentido muy importante para él así que lo acompañamos colaborando con la escritura del guión para el programa Los enigmas del cerebro. Ahí nos fuimos fogueando pero no era una pata fundamental en mi vida. Hasta que tuve a mi hija que hoy tiene 7 años y me empezó a pasar esto de cómo le explico lo que yo hago y me apasiona tanto. Y me parecía que faltaba un libro de ciencias para niños, se lo plantee a Facundo, le gustó la idea y empezamos a trabajar en Descubriendo el cerebro. Y ahí sí la divulgación también se transformó en una pata importante para mí.

-Los libros de neurociencias son de los más vendidos ¿por qué hay tanto interés por el cerebro?

-Primero porque es un órgano muy importante: con él soñamos, nos enamoramos, nos reímos y nos enojamos. Pero además están de moda porque en la Argentina han surgido investigadores de primera línea que se han dedicado a la divulgación con un énfasis enorme. Y además ha habido un cambio en las metodologías que hace que en los últimos años se aprenda del cerebro más de los que se había aprendido en los siglos anteriores. También creo que las neurociencias han sabido comunicarse muy bien con otras disciplinas. En Derecho tenemos algo para decir sobre cómo funciona la memoria de los testigos o cómo toman las decisiones los jueces. Son cosas que atraviesan la vida cotidiana de todos.

-Hoy se habla mucho de estilos de crianza, sé que has trabajado para Nutrilón profutra4 haciendo aportes en ese sentido. ¿Cuánto influye el estilo en el desarrollo cerebral de un niño?

-Hay un concepto que es la resiliencia, la capacidad de sortear los obstáculos y salir fortalecido de eso. Si vos no tenés ese recurso, no vas a tener el capital mental para enfrentarte a eso solo. Están los padres llamados "helicóptero" que sobrevuelan sobre sus hijos y les allanan el camino, les despejan los obstáculos. Un padre que le da todo servido al niño definitivamente lo va a preparar menos para enfrentar desafíos. Y están otros que yo llamo "andamio" que están atentos a las necesidades de sus hijos, ven hasta dónde pueden llegar, les exigen un poco más y se retiran pero sabiendo que la estructura está ahí, sigue en pie. No se van a caer. Este estilo de crianza autoritativo (de autoridad) es el que suele ser el más recomendado para fomentar la resiliencia, el capital mental y el desarrollo intelectual de los chicos.

-¿Qué tan dañinas son las nuevas tecnologías para el cerebro?

-Se habla mucho del impacto de las tecnologías en el neurodesarrollo infantil. Son tecnologías que forman parte de la vida de los chicos. Si los dejamos afuera de la tecnología, los dejamos afuera del mundo. En la primera infancia no están recomendadas las pantallas porque estimulan lo visual y lo auditivo, pero no lo sensorial que es lo primero que desarrolla el bebé. A partir de los dos años el acceso tiene que estar muy controlado. Y a los chicos que están entrando en la adolescencia, tenemos que transmitirles como padres el uso crítico de la tecnología. Muchos vienen y dicen 'lo vi en YouTube' como si fuera la única verdad. Más allá de todo esto, creo que las tecnologías potencian el desarrollo humano. No somos ni el animal más rápido, ni el más fuerte. Pero logramos ir a mucha más velocidad y sortear distancias que la mayoría de los animales no pueden. Hoy podemos llegar al lugar que queremos sin pifiarle una sola calle gracias al Waze. No ver todo esto como algo que potencia el ser humano es necio.

-Muchos hablan de demencia digital, la pérdida de ciertas capacidades por culpa de la tecnología.

-Es un concepto controversial. ¿Estamos perdiendo capacidades? Sí. Pero estamos ganando otras. En el cerebro nos sobra espacio, por lo tanto todo aquello que no uses para una función se va a terminar usando para otras. Si algo está desapareciendo es porque no está siendo útil en nuestro día a día. No tiene sentido el concepto del cerebro como guardador de información. Lo que vale es saber dónde y cómo buscar esa información. El cerebro no se atrofia por no acordarse un número de teléfono.

-Ese es uno de los tantos mitos. ¿Qué otros hay sobre el cerebro?

-Uf, miles. Que se usa solo el 10%, que los zurdos son más creativos, que el cerebro de la mujer es más chico. Sí es cierto que tienen diferencias anatómicas y funcionales pero no son más determinantes que la educación, la alimentación o la crianza. Si analizás por grupos, hay cierta tendencia a que los hombres rindan mejor en matemática y las mujeres en lenguaje. Pero obviamente va a pesar más tu formación que tu condición de hombre o mujer.

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