Mariana Fabbiani

Además de reir

Desde enero de este año, tiene programa propio en Canal 13. Carismática y talentosa, por donde pasa deja la huella de su simpatía a prueba de balas
Desde enero de este año, tiene programa propio en Canal 13. Carismática y talentosa, por donde pasa deja la huella de su simpatía a prueba de balas
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23 de junio de 2002  

Si las revistas tuvieran banda de sonido, lo justo sería que ahora, desde esta página, subiera la risa de Mariana Fabbiani. A usted le gustaría. Es un gorjeo de verdadero regocijo. Un sonido feliz. La mejor expresión sonora que se le podría encontrar a la palabra alegría, y eso ya es decir bastante. El departamento donde vive con su pareja, Gastón Portal, está en un piso alto. Altísimo. En la cocina hay unos cuantos cactos que no dan la categoría de colección, plantados por su propia dueña.

–El cacto es una planta tan agradecida. Lo regás y crece y te da hijitos. Todos los planté yo.

Cada vez que dice algo por el estilo adorna el final con esa carcajada como un trino. En el piso superior hay una habitación que hace las veces de biblioteca y lugar de lectura. –Sí, leemos mucho. Leemos parecido, pero cada uno tiene su lado de la biblioteca. Somos celosos con los libros. Hace un tiempo, me dio por los clásicos, y le di a Rojo y negro, Madame Bovary, los dos primeros tomos de En busca del tiempo perdido y ahí me quedé. Ahora estoy leyendo cosas más actuales, Paul Auster, Javier Marías. Pero no me gustaría hacer un relato de lo que leí, me muero de vergüenza. Además, cuanto más leo, más ansiedad me da y peor me siento: hay demasiados libros. Pero también la lectura es un poco el secreto de la felicidad. Acceder a un mundo diferente, meterte en eso y que no exista nada más.

En el piso de abajo, el living trepado al cielo como en la punta de una ola alta, y la ciudad entera entrándole a tarascones por ventanales inmensos. Prepara té, prepara mate, se sienta a conversar como si el mundo estuviera detenido. Los muebles de la casa fueron construidos por un carpintero que trabajó sobre diseños que Mariana y Gastón robaron de otras casas, de mueblerías, de revistas.

–Es mucho más barato.

La modestia es la flor que mejor se cultiva en esta casa.

–En mi casa, si había alguna posibilidad de que se me subieran los humos, me los bajaban al instante. Mi abuelo, mi padre, mi madre y hasta Rosa, la empleada que trabaja desde que nací, decían: Tenés que ser humilde, tenés que ser sencilla.

Su familia no es cualquier familia. Mariana es nieta de Mariano Mores y sobrina de Nito Mores, el cantante fallecido tan temprano. –Mi abuelo siempre fue famoso. No sé cómo es de otra manera. Pero cuando empecé a trabajar en televisión yo no dije que era nieta de él. Tenía una reserva con eso. Un par de meses después hubo un estreno de mi abuelo en un teatro y yo estaba ahí. Todos me preguntaban qué hacía allí, y ahí dije que era mi abuelo. Se enteraron todos y ahí como que dije pero sí, qué más quiero, si a mi abuelo lo quiere todo el mundo. Estaba en tercer año del secundario cuando algún cazador de muchachas bonitas la detuvo en la calle y le propuso que se presentara a un casting de publicidad.

–Ay, si yo pudiera recuperar la autoestima que tenía en esa época... Estaba convencida de que medía un metro ochenta y era maravillosa. Después, con el tiempo, me di cuenta de que medía un metro sesenta y siete y que no era tan maravillosa.

Carcajadas, ahora. Un ramillete de esa risa de flor de cerezo. Dice que el ataque de irrealidad le duró poco, pero le sirvió de escudo mientras atravesó el mundo de modelo publicitaria, una tierra en la que los egos se miden con prepotencia mafiosa.

–Menos mal que estaba bien, porque me han dicho barbaridades: que estaba gorda, que era una enana. Es un ambiente difícil. Le agradezco a mamá la contención que tuve, porque podría haber sido una imbécil, haberme convertido en una tarada. Había dos caminos, y por suerte encaré para otro lado, porque todo apuntaba a que terminara convertida en tontita. Por suerte, con el tiempo, me empecé a convertir en una persona más interesante. Dice, zambullida en el más autorreferencial de los humores, hundiendo el ácido hasta el puño en hueso propio.

–¿Te sentías muy boba?

–No, pero si te cuento muy seriamente que yo a los 15 años era modelo y que durante el secundario tenía que compatibilizar mis responsabilidades laborales con... mis horarios de grabación, no sé, me siento una tarada.

Apenas terminado el colegio, empezó a estudiar Comercialización y Dirección de Empresas y, paralelamente, teatro con Rubén Schumacher. Hizo su primer trabajo en televisión, en la tira Son de diez. Después vinieron Montaña rusa, Mi familia es un dibujo. Un día acompañó a su abuelo a un almuerzo con Mirtha Legrand. Ese día Gastón Portal, productor, hijo de Raúl ídem, estaba en un bar. En el bar había un televisor encendido y, gracias a ese ojo catódico, Portal hijo vio cómo una linda muñeca rubia de boca grande elegía el camino más directo hacia el ridículo haciendo una imitación casera de Isabel Pantoja en el mismísimo comedero Legrand.

–Mi abuelo me había pedido que hiciera una imitación de Isabel Pantoja que yo hacía en casa. Yo le dije: Abuelo, eso no es para hacer en televisión. Lo hice igual, para no decirle que no. Gastón dice que estaba en un bar y vio eso y dijo: Pero quién es esta mina que tiene la caradurez de hacer el ridículo en un lugar al que todos van a cuidar las formas. Pasó un tiempo y me llama la periodista Rosario Lejárraga para hacer una nota con hijos y nietos de famosos. Sí, pertenecemos a esa casta. Gastón aceptó, dice la leyenda, porque quería conocerme. Nos conocimos, pero ni me pidió el teléfono. Al tiempo nos encontramos con Raúl, el papá de Gastón, en una reunión. Yo no lo había visto en mi vida, y se me acercó y me dijo: A ver cuándo te ponés de novia con mi hijo que está muerto con vos. Yo dije tragáme tierra, pero me di cuenta de que a Gastón le había pasado algo. Ahí supe que me iba a llamar. Me llamó, fuimos al cine, y me vi en esto.

Levanta la nariz y señala con una chispa en cada ojo el departamento que ahora comparte con ese chico que conoció hace siete años. Gastón ya era productor de Perdona Nuestros Pecados, el programa que por entonces conducían Raúl Portal y otra chica llamada Federica Pais. Cuando Federica se fue del programa, la carrera de Mariana tomó otra dirección.

–La verdad es que yo entré a PNP porque era la novia de Gastón. Si no, hubiera entrado otra. Me fue mucho más fácil el camino por esa razón y también me fue más fácil el camino por ser nieta de Mores, pero soy muy responsable y nunca descansé en el carisma y los lazos familiares. Hay un laburo detrás. También sé que habrá gente mucho más talentosa que yo, que no tiene suerte. Con Gastón en PNP teníamos millones de coflictos, era difícil que tu pareja fuera tu jefe y la persona a la que tenías que obedecer. Había días que estábamos peleados y cualquier cosa que él decía yo pensaba: Claro, es por la discusión de anoche. Después empecé a discernir los papeles.

Desde el año 2000, y durante dos temporadas invernales, Mariana Fabbiani hizo con éxito Cenicienta, una obra de teatro con guión escrito por ella y la periodista Rosario Lejárraga. El año último hizo su última temporada de PNP en el aire. El 7 de enero último la Argentina ya iba por el presidente número cinco y Mariana salía a la cancha con un programa de entretenimientos al mediodía, por Canal 13, junto al cocinero Martiniano Molina: Mariana de casa. Gastón Portal es su productor.

–Tenía mucho miedo porque Raúl es un compañero de lujo. No había mucho margen de error en PNP. Yo sabía que él me podía salvar de cualquier cosa. Pero la gente me tuvo mucha paciencia. Me daba una sensación de irresponsabilidad. Leía el diario y hacía el programa como si no estuviera pasando nada. Pero después entendí que mi trabajo es ése, una hora de distraerlos, lo que no significa que no sepa lo que está pasando. Además, tenemos un espacio solidario para sembrar un poco de conciencia social. Muchos me preguntan si me quiero independizar, pero si puedo trabajar con el productor que más admiro y llevarme bien, por qué no voy a hacerlo. A veces me da risa porque me preguntan cómo hago para arreglar cuestiones de plata con Gastón, porque claro, a mí me paga él, pero no somos ambiciosos con el dinero. Trabajo porque me gusta, no para tener más y más. Con Gastón no somos nada consumistas. Tengo una linda casa, un lindo auto y ya está. La verdad es que también podría mudarme a un lugar más chico y viajar en colectivo. Por otra parte, este trabajo sólo se justifica si lo disfruto. Si no, me parece que el precio que pagás es muy alto. El hecho de perder tu privacidad es un precio muy alto.

Desde fines de junio, y durante todas las vacaciones de invierno, repetirá la experiencia en el teatro, pero con una obra escrita por ella y por Gastón, que lleva por título, sí, Mariana de casa, en el Teatro Lola Membrives.

–Si mañana perdiera todo, las cosas más importantes las tengo encima. Así como yo no acumulo nada, mi vieja acumula todo. El mechoncito de pelo, el dientecito, y yo me encuentro con el pelo de cuando nací y digo: Ay, qué raro, esto era yo. Pero yo no soy de ir para atrás. Yo voy para adelante.

Los días de Mariana. Se acuesta a las 12 o 12.30, se despierta a las 6, llega al canal a las 9.

–Es rutinario. Me encuentro saliendo a la misma hora, poniendo la misma radio donde pasan la misma publicidad, por la calle pasean los mismos perros y la película es igual.

Pero las películas iguales no la asustan. Tienen la placidez de lo conocido. El gusto suave de una carcajada.

Asistente de producción, Silvia Suárez; peinó, Javier Luna para Roberto Giordano; maquilló, Clara Redondo. Agradecimientos a Giesso y Giesso Mujer

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