Mario Testino: "El museo, para mí, es un signo de aprobación"

Es uno de los mejores fotógrafos de moda del mundo y el niño mimado de las celebrities; su muestra, In Your Face, inaugura hoy en el Malba
Violeta Gorodischer
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15 de marzo de 2014  

Su padre siempre le decía: "Está lo que tú quieres, y está lo que la vida quiere. La vida suele ser más poderosa". Sin embargo, Mario Testino (59) supo hacer confluir ambas cosas y en la mejor línea del self made man logró convertirse en uno de los fotógrafos de moda más influyentes del mundo.

Dejó su Lima natal a los 17, no sólo porque la idea era continuar sus estudios en Londres, sino porque el espíritu conservador de Perú, en aquella época, era incompatible con su pulsión vital: llamar la atención, crear, ser libre. "Uno no puede controlar lo que es, por eso me tuve que ir", afirma.

Cambió la Universidad por el estudio del fotógrafo John Vickers y, para mantenerse, vivió en casas ocupadas y trabajó de mozo. Sus fotos aparecieron por primera vez en Vogue en 1983 y desde entonces su carrera no paró de crecer. Hoy, Mario Testino es el favorito de las revistas y marcas más prestigiosas. Por su lente pasaron desde Madonna y Kate Moss hasta Brad Pitt , David Beckham, Mick Jagger o Lady Di. El star system y la corona británica (que acaba de otorgarle la Orden del Imperio Británico) están a sus pies. Y como un encantador de serpientes, Testino consigue desnudarlos, travestirlos, exponerlos, sacarles eso que nadie más ve. "Ser fotógrafo es un acto de pura seducción", asegura, a punto de inaugurar In Your Face, la impactante muestra que recorre parte de su trabajo y que, desde hoy y hasta el 16 de junio, podrá visitarse en el Malba.

-¿Hay barreras entre la fotografía comercial y la artística?

-Esta exhibición fue muy pensada para determinar el criterio con que una imagen tiene la durabilidad necesaria para permanecer en una pared por tres meses; cuando hago fotos para una revista quedan allí por un mes, por eso es algo duro y crítico con uno mismo detenerse a ver qué imágenes tienen más durabilidad. Mi trabajo es comercial en la medida en que aparece en una revista, pero el proceso de crear esas imágenes, de comercial no tiene nada: la libertad es absoluta, hago lo que quiero. De todas formas, siempre es lindo estar en un museo, es como que ahora te acepta la sociedad.

-¿Lo sentís como una suerte de legitimación?

- Sí, lo siento así. El museo, para mí, es un signo de aprobación que antes no existía.

-¿En qué momento creés que eso comenzó a cambiar?

-Yo creo que fue con mi muestra en el National Portrait Gallery de Londres, que fue récord de visitas del museo. Eso me hizo ver que tengo la capacidad de captar la atención en otros niveles, no sólo la de la gente que mira las revistas para buscar un producto, por ejemplo.

-¿Qué es lo que buscás obtener de las personas al momento de retratarlas?

-A mí me gusta mucho la gente, entonces trato de ingresar dentro de ellos, ver qué cosas tienen para decirme. Se trata de visualizar todo eso que está en mi imaginación: yo me imagino a esta gente de una manera, y cuando los conozco, cruzo lo que ellos tienen para mostrarme con lo que yo me he imaginado.

-¿Con la realeza también te ocurre eso?

-Claro, porque los vengo observando desde hace muchos años de una manera contemplativa. Cuando los conozco veo gente tan verdadera y tan amorosa, tan normal, que quiero pasar ese mensaje a través de la fotografía.

-¿Qué posición tenés ante las críticas generalizadas que tiene hoy la monarquía?

-A mi parecer las monarquías que existen hoy mantienen viva la tradición del país que representan. En la mayoría de los casos se trata de monarquías constitucionales, así que más que nada ayudan a mantener la imagen de familia, generan turismo y fomentan industrias, entre otras cosas. Yo las veo como algo positivo.

-Solés decir que creciste con una impresión muy fuerte de las apariencias...

-Claro, eso es América del Sur. ¿No somos todos los sudamericanos un poco así? Para ir a la iglesia uno se viste. En mi época hasta para viajar uno se vestía. El sudamericano se produce, es una tradición latina.

-¿Estás trabajando con desnudos masculinos actualmente?

-Sí, mi próximo libro tiene una sección dedicada a eso. Lo hice cuando estaba tratando de desarrollar mi luz: el desnudo es lo más difícil de fotografiar porque no hay nada de decoración ni de falsedad. El cuerpo humano es lo que es, está hecho a base de líneas. Y las líneas de la única forma en que puedes definirlas es por luz.

-¿Pero hay prejuicios que siguen vigentes?

-En la historia de la pintura estamos más acostumbrados a ver desnudas a las mujeres. El machismo, por otra parte, viene de la inseguridad. Las mujeres son más seguras en ese sentido, no les cuesta enseñar sus senos, se liga a la maternidad. Es una cuestión de cómo hemos sido educados. Igual la juventud latinoamericana hoy no piensa como la gente mayor: están más abiertos, con menos preconceptos.

-Tus retratos ensalzan rostros jóvenes y bellos. ¿Qué pasa con la madurez, las arrugas?

-No pasa nada. Hoy todo existe y todo es válido. Como fotógrafo veo cada persona por lo que es y de manera única. Muchas veces la belleza exterior es menos interesante y lo que me atrae de alguien es su personalidad.

-¿Cuál fue el objetivo de crear el Museo Mario Testino (MATE) en Perú?

-Me parece que con la edad, todos vuelven. Yo también quería regresar a mi país y fue así que el MATE fue la solución. La idea de crear un espacio donde viva mi trabajo y que también sirva como una plataforma para impulsar al talento joven.

-¿Cuántas fotos hacés por mes?

-Hago alrededor de cinco por día durante seis días de la semana.

-¿Qué opinás de los retoques digitales?

-Creo que son válidos, siempre y cuando pertenezcan a la visión del artista que los utiliza.

-¿Te considerás un ícono pop?

-¡No! Me considero un hombre que va a cumplir 60 años y que trata de mantenerse.

-Sabés que muchos te ven así...

-Bueno, la gente es ciega [ risas]. Uno nunca se puede ver como nada, yo tengo los mismos problemas que todos, cuando me levanto a la mañana, cuando no me funcionan las fotos, cuando tengo algún tema. Me gusta que me vean como un ejemplo de que cualquiera puede conseguir lo que yo he conseguido trabajando, luchando y siendo perseverante.

Una elección con sello propio

¿Podía esperarse de él algo sencillo? De ninguna manera. Aunque desde su llegada a Buenos Aires se lo vio disfrutar de limonadas con menta en más de una ocasión, a la hora de acompañar esta charla Mario Testino saca a relucir su sello personal. Glamour, elegancia y un sabor delicioso condensa el Chateaux Margaux 66', ese vino fresco y frutal que señala como su favorito.

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