
Más allá de la vida
Brian Weiss, el gurú de la reencarnación en Occidente, pasó por la Argentina. “La vida humana es algo más maravilloso y profundo de lo que me había hecho creer mi rigurosa formación médica”, dice
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Hasta que esa extraña idea de la regresión a las vidas pasadas se le metió en la cabeza, Brian Weiss era, según los rígidos cánones academicistas, un hijo soñado. El alumno perfecto.
Graduado magna cum laude en la Escuela de Medicina de la Universidad de Columbia, Weiss fue uno de los jefes de psiquiatría más jóvenes del prestigioso hospital Mount Sinai, de Miami.
A simple vista, es todo un catedrático. No obstante, cuando el diálogo entra en acción, sus modales, que han olvidado la solemnidad absurda pero conservan la cortesía y el refinamiento, invitan a que uno se olvide que está frente al controvertido médico de trascendencia internacional, el mismo que decidió suspender la lista de espera de su consultorio cuando ésta ya superaba los cinco años.
“Era poco sensato planificar una visita médica con tanta anticipación”, explica el autor de best sellers como El mensaje de los sabios, con millones de copias vendidas en todo el mundo.
Weiss, de 59 años, casado con Carole, y dos hijos, no se comporta con la arrogancia de sus diplomas. “He recorrido un largo camino desde el día en que, profesor de psiquiatría y escéptico empedernido, me di cuenta de que la vida humana es algo más maravilloso y profundo de lo que me había hecho creer incluso mi rigurosa formación médica”, cuenta este hombre conocido como el gurú de la reencarnación en Occidente.
De temperamento decididamente sosegado, su semblante parece imperturbable. Y sin necesidad de fruncir de ceño en señal de jactancia, sus observaciones, acaso más por la sensibilidad que por la agudeza de las mismas, inspiran un respeto próximo al afecto.
“Si una persona evoluciona en un ser más cariñoso, más compasivo y menos violento, es que ha tomado la dirección adecuada. Y aquí, lo que importa, no es la velocidad sino la dirección del camino que se elige.” Más seguidor de Carl Jung que de Sigmund Freud, a pesar de que utiliza muchas técnicas del maestro vienés en sus tratamientos –la hipnosis, por ejemplo–, Weiss advierte que las psicoterapias, al no tener raíces espirituales, no sirven para liberar la verdadera naturaleza de los seres humanos. Y convencido de que cada vez que creamos grupos, nosotros y ustedes, estamos generando violencia, potencialmente, recuerda que sólo existe un grupo: el espíritu humano. “Todo está conectado. Las almas no tienen raza, religión, sexo o nacionalidad; son almas, una forma pura de energía amorosa. Tenemos que aprender esto y enseñárselo a los chicos”, propone.
Según su experiencia, la psicología sólo funciona si el terapeuta logra conectarse con el paciente en un plano de verdadero afecto. “Lo que cura –insiste Weiss– es la relación, no la técnica.” Y destaca: “Puede que Freud no considerase sus teorías definitivas, pero para sus discípulos son dogmas de fe. Jung, en cambio, era un inconformista que se anticipó a su tiempo; comprendía lo misterioso, lo espiritual, lo intuitivo, pero lo rodeaban personas ávidas de dogmas”.
–En sus libros también suele hablar de la intuición, algo que casi hemos olvidado de utilizar en nuestra vida diaria.
–La arremetida contra la mente comienza desde que somos muy pequeños. Se nos educa con valores familiares, sociales, culturales y religiosos que reprimen nuestros conocimientos innatos. Y si nos resistimos a esa acometida, se nos amenaza con el miedo, la culpa, el ridículo, la crítica y la humillación. O, también, pueden acecharnos el ostracismo, la retirada del amor o los abusos físicos y emocionales. Nuestros padres y profesores, nuestra sociedad y cultura pueden enseñarnos falsedades peligrosas. Y a menudo lo hacen. El mundo actual es una clara prueba de ello, pues se encamina a tropiezos y golpes, imprudentemente, hacia una destrucción irreversible. Pero si se lo permitimos, los chicos pueden enseñarnos la salida.
–¿Las mujeres son más intuitivas que los hombres?
–Es así, están más abiertas a todos estos conceptos: espiritualidad, inspiración... Las madres siempre se han basado en su intuición. Por eso, creo que los científicos de hoy están equivocados. Si la ciencia y la tecnología, que se nos están escapando de las manos, no comienzan a desarrollarse en el contexto de nuestra sabiduría intuitiva, entonces estamos frente a un peligro. Porque, mal empleados, pueden destruir el mundo.
–¿Y por qué cree que a los científicos les cuesta aceptar esas facultades?
–Porque existe un descreimiento sobre todo aquello que no puede demostrarse por métodos científicos convencionales. Y no es así. Tenemos sentidos más allá de los cinco sentidos. Y uno de ellos es la intuición. No sólo en el arte, los grandes descubrimientos científicos también surgen de manera intuitiva, y no necesariamente desde la lógica pura. El mismo Einstein lo decía. Tiene que haber un balance entre lo racional y lo intuitivo. Algo que, en mi caso, tardó años en llegar. Hasta que conocí a Catherine. Además, para recuperar ese equilibrio, no podemos olvidar que el amor es el componente fundamental de la naturaleza, que conecta y une a todas las cosas y las personas. Y la energía del amor es, en potencia, más fuerte que cualquier bomba y más sutil que cualquier hierba. Lo que sucede es que aún no hemos aprendido a aprovechar esa energía tan básica y tan pura.
Cuando conoció a Catherine, la paciente cuya historia se cuenta en su primer libro, Muchas vidas, muchos maestros, Weiss ya había publicado más de cuarenta trabajos científicos y colaboraciones en publicaciones médicas, y había adquirido una gran notoriedad en psicofarmacología. Con voz tenue, explica que durante más de un año había intentado aliviar los ataques de pánico de su paciente por medios de técnicas psiquiátricas convencionales hasta que, durante una sesión de hipnosis, bien freudiana, todo cambió.
La memoria de Catherine, en lugar de revolver por los cajones de su infancia, fue incluso mucho más lejos de lo que un escritor de cuentos fantásticos hubiera imaginado jamás: Catherine, ese mojón fosforescente en el camino de Weiss, se vio a sí misma, en otro cuerpo, 4000 años atrás. “Como hasta ese día era totalmente incrédulo a todos aquellos campos faltos de rigor científico, al principio no consideré la vivencia de Catherine como un regresión –explica Weiss–. De todas formas, continuamos con la hipnosis en las sesiones siguientes porque notaba una clara mejoría en sus síntomas.” A partir de entones, Weiss comenzó a investigar sobre el tema durante 15 largos años de silencio profesional. “Sabía que con tan sólo inferir algo, mis colegas me tomarían por demente”, recuerda, esbozando una sonrisa con un leve toque de picardía. Pero cuando por enésima vez se convenció de que sus hallazgos eran efectivamente ciertos, decidió publicar, no sin un cierto grado de resquemor, cada detalle de las regresiones de sus pacientes. Y de las propias.
–¿Cómo definiría la reencarnación?
–Es el concepto de que poseemos un alma, conciencia o espíritu, inmortal, que abandona nuestro cuerpo en el momento de la muerte física, y que luego renace en un nuevo ser para continuar su vida con las lecciones que eventualmente lo lleven a una realización espiritual plena.
–¿Cree que la realización espiritual plena es posible?
–Sí. Lo que ocurre es que los valores están todos revueltos, desordenados. Nos preocupamos demasiado por la impresión que les causamos a los demás o sobre cuánto dinero tenemos. Y todo eso es un tremendo error. Porque la felicidad viene desde adentro de uno; de saber disfrutar el momento presente. Sabemos que el amor puede curar, y que el stress puede matar. Pero poco hacemos para aliviar nuestra mente. Estamos atrapados en las preocupaciones sobre el futuro o lamentando el pasado. Una cosa es planear, organizarse, eso está bien. Pero no preocuparse. Ese sentimiento se ha vuelto un hábito de lo más negativo. Lo mismo que con el pasado. Hay personas que se la pasan rumiando sobre sus errores, preguntándose una y otra vez por qué no hice esto o aquello.
–¿No cree que las psicoterapias pueden caer en ese rumiar constante, que termina volviéndose negativo?
–Entiendo que éste no es puntualmente un tema sencillo. Es bueno ver el pasado y reconocerlo. Pero es cierto también que ese proceso, que puede ser muy doloroso, tiene un límite. Lo que les digo a mis pacientes es que aprendan de su pasado y que luego lo dejen ir. Ahora estén aquí, en el momento presente, que es el único lugar en el que van a encontrar la felicidad. Si seguimos varados en el pasado jamás seremos felices. Eso les digo.
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