Más que salud. ¿Qué nos quieren decir los dolores físicos?

Crédito: Getty Images.
Meli Navas
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20 de julio de 2020  • 18:55

Después de tres meses de estar en casa, nuestros cuerpos empiezan a expresar las consecuencias de este gran cambio. La espalda prende alarmas para avisar que hay que hacer algunos ajustes en nuestra oficina, las lumbares nos recuerdan cómo era tener que limpiar, las plantas de los pies se sienten raras porque ahora solo pasean por pisos de madera y, como si fuera poco, nuestro reloj biológico también cambió de hora y sufrimos de insomnio. Nadie puede negar que nos están pasando muchas cosas; te invitamos a tomarte un minuto para escuchar lo que te está intentando decir tu cuerpo y te compartimos info útil para traducir estos mensajes en cambios que te permitan vivir de manera más armónica tu cuarentena.

Dolor en los pies

Los pies tienen varios músculos que nos permiten adaptarnos a las distintas superficies que pisamos. Ahora que estamos en casa, caminamos únicamente sobre pisos llanos, sin irregularidades, que hacen que las plantas de los pies no trabajen lo suficiente y se vayan debilitando. Tenemos los pies planos y eso duele. Activar todos sus músculos es clave para poder repartir las cargas, para absorber el impacto que se genera al caminar, correr o lo que sea que elijamos como actividad física en estos tiempos. Un truco simple: andar descalzas los estimula.

Dolor lumbar

Este malestar también está relacionado con el tiempo que pasamos sentadas, pero además, con las nuevas tareas que estamos haciendo (o que estamos haciendo más) en el hogar. Cuando una limpia, en definitiva, está ejercitando distintos músculos. Entonces, lo ideal sería que tratemos de ponerle conciencia, que controlemos el movimiento y que intentemos hacerlo de manera adecuada. Si vamos a agacharnos para levantar algo, debemos flexionarnos como cuando hacemos una sentadilla; si vamos a barrer, tratemos de que el ejercicio sea bilateral, barriendo primero para un lado y después para el otro. Y aunque suene exagerado, los expertos aseguran que estaría bueno que estiremos al terminar.

Dolor cervical

Pasamos la mayor parte del día sentadas, con el cuerpo en flexión, y no usamos los músculos extensores de la espalda, que son los encargados de mantenernos erguidas. Trabajamos encorvadas hacia adelante y hacemos fuerza con el cuello para poder mirar derecho o hacia la pantalla. Esto puede ocasionar contracturas cervicales, ya que estamos generando una compresión en las vértebras que entran en el cráneo. Para evitarlo, podemos empezar por ejercitar los músculos que permiten juntar los omóplatos y abrir y cerrar el pecho. Podés hacer la prueba ahora, abrí tu pecho para registrar cómo automáticamente el cuello se pone derecho y dejás de estar encorvada. Usá esta herramienta para corregir tu postura mientras trabajás.

Dolor de cabeza

Puede estar siendo ocasionado por alguna contractura cervical o de la mandíbula, por la vista o quizá por estreñimiento. Antes teníamos la posibilidad de descargar toda la tensión en una sesión intensa de running, hablando con amigas con una birra de por medio o en un taller de pottery. Ahora tenemos que buscar nuevas formas de descarga y desconexión; para eso podemos sumar a nuestra rutina ejercicios sencillos que nos ayuden a relajar los ojos, meditación, chequear nuestra postura, dormir con la placa de descanso y mantenernos bien hidratadas para ayudar al tránsito intestinal.

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Biodescodificación

¿Qué mensajes emocionales nos dan los dolores?

La biodescodificación es un tipo de terapia alternativa que intenta encontrar el significado emocional de las enfermedades.

  • Pies: en la biodescodificación, el pie tiene que ver con la madre (representa la tierra), con la protección, con no poder encontrar la dirección. Si lo aplicamos a la pandemia, probablemente nos estemos sintiendo desprotegidas, sin un norte.
  • Espalda: si sentimos que tenemos demasiado en nuestro plato, probablemente nos duela la columna. Si molesta la parte superior o en las cervicales, tal vez sintamos falta de apoyo emocional o exceso de responsabilidad. Si sentimos contracturada la parte media, quizás estemos cargando con cosas del pasado. Si el dolor está en la parte baja, se relaciona con la inestabilidad económica.
  • Migrañas: pueden estar ocasionadas por estreñimiento, tensión nerviosa o estrés, intolerancias ante un alimento, insatisfacción sexual, autocrítica excesiva o miedo.
  • Insomnio: se relaciona con el sentir miedo, culpa, con tener pensamientos negativos y falta de confianza.

Cómo influye el encierro en nuestro reloj biológico

Por Diego Golombek.

Al no tener rutinas establecidas, modificar nuestros horarios y exponernos menos a la luz natural, nuestro ritmo circadiano o reloj biológico se modifica. Entonces, por un lado, estamos durmiendo más, lo cual es bueno; pero por otro, estamos pateando todas nuestras actividades para más tarde y eso no le resulta tan natural al cuerpo. Ya no nos exponemos a la luz de la mañana, que es lo que establece la hora del reloj biológico, y por la noche usamos pantallas que lo estimulan, diciéndole que es de día. Esto es un círculo vicioso que arrastra todos nuestros horarios hacia el caos.

Si bien la cuarentena nos da la oportunidad de escuchar ese reloj interno que nos dice más temprano, más lento, más tarde, tampoco podemos seguirlo por completo porque vamos a terminar experimentando algo que se denomina: "jet lag social". Es decir, vamos a sentir que para el mundo es una hora y para nosotros otra. Acá se vuelve muy importante mantener nuestras rutinas, tener hitos o eventos que nos muestren que el tiempo pasa. Si no contamos con esto, el tiempo subjetivo o psicológico va a parecer mucho más largo y nos va a costar más atravesar la cuarentena. Por último, cumplir con tareas preestablecidas activa nuestro sistema de recompensa y nos hace sentir más productivos en un momento en el que parece que no estamos haciendo nada.

Expertos consultados: María Inés Bonet. Médica biodescodificadora y terapeuta holística. Diego Golombek. Biólogo, investigador superior del CONICET y Prof. de la Universidad Nacional de Quilmes. Eva Henderson. Lic. en Nutrición y médica ayurveda. MN 8805. Viviana Hurovich. Terapeuta gestáltica y consteladora familiar. Julien Lepretre. Osteópata e instructor en prevención. Natalí Romani. Lic. en Kinesiología y fisiatría. MN 1143/2.

Por: Meli Navas
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