Máxima

Escalera al trono

En diez días, la porteña que lucirá corona en Holanda comenzará su primera gira oficial por el país que será su reino. La seguirá un séquito que incluye hasta seis modistas, la acosará un ejército de paparazzi y recibirá una dieta anual de 563.000 dólares. Buenas y malas noticias de la fama
En diez días, la porteña que lucirá corona en Holanda comenzará su primera gira oficial por el país que será su reino. La seguirá un séquito que incluye hasta seis modistas, la acosará un ejército de paparazzi y recibirá una dieta anual de 563.000 dólares. Buenas y malas noticias de la fama
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26 de agosto de 2001  

LA HAYA.- Máxima Zorreguieta no es Cenicienta ni está viviendo un cuento de hadas. La noticia puede que les caiga como un balde de agua fría a los cientos de miles de personas que tanto en Holanda como en su tierra natal compran revistas y se pegan a la pantalla de televisión en busca del último capítulo de lo que se descuenta será una historia con final feliz.

La vida de la heroína ha cambiado sustancialmente desde que abandonó el anonimato de su existencia como vicepresidenta de mercados emergentes de Dresdner Kleinwort Benson y ejecutiva latinoamericana en el Deustche Bank de Manhattan para subirse al dorado vagón de la familia real holandesa.

El amor por el príncipe heredero Guillermo Alejandro, ingrediente esencial de toda fábula romántica, fue el genuino motor de esta sorprendente metamorfosis. Pero no hay nada en el famosísimo cuento de Perrault que haga referencia al constante asedio de los paparazzi, los comentarios ácidos de la prensa, las clases de protocolo o una agotadora agenda de compromisos oficiales.

Máxima tiene que navegar a diario por esas aguas tormentosas. Atraídos por la posibilidad de obtener las mismas ganancias que recogieron los que persiguieron día y noche a Lady Di, los medios holandeses han convertido a la joven argentina en el más anhelado trofeo de caza de los reporteros gráficos. Como si estuviera eternamente inmersa en el mundo del Gran Hermano, cada salida para hacer la más banal de las compras, caminar por los jardines del palacio Noordeinde o la visita para el control anual con el dentista implica estar acompañada por un guardaespaldas capaz de mantener a distancia al pelotón de fotógrafos sedientos de esa milésima imagen que algún día colocará un millón de dólares en sus cuentas bancarias.

Y poco importa si la muchacha todavía renguea con la pierna enyesada por haberse quebrado el tobillo de su pierna derecha al resbalar, tras tropezar con una piedra húmeda -tal la frase utilizada por los voceros oficiales- mientras paseaba con su prometido por Askö, una localidad distante 80 kilómetros de Estocolmo. La pareja se encontraba en Suecia invitada por la familia real para asistir a los festejos por el 25 aniversario del casamiento del rey Carlos Gustavo XVI con la reina Silvia. El primer acontecimiento del tipo que pronto se convertirá en rutina para la princesa.

El interés del periodismo holandés corre más por los encuentros de tipo doméstico que los agasajos de la nobleza. La primera visita de su madre, María del Carmen Cerruti de Zorreguieta, consumió toneladas de tinta. Máxima no tendrá madrastra ni hermanas que la desprecien como Cenicienta, pero el pasado de su padre, Jorge Zorreguieta, como secretario de Agricultura del régimen de Jorge Rafael Videla cubre efectivamente la necesidad de un nudo dramático en la historia.

El hombre decidió no asistir a la boda convencido por enviados del primer ministro Wim Kok de que le aguaría la fiesta a su hija. Esto facilitó la mayoritaria aprobación del matrimonio por el Parlamento holandés. Pero la cuestión sigue rondando como un fantasma por las redacciones. Máxima digiere con su desayuno estas negras referencias a su familia en los diarios locales, al mismo tiempo que las noticias positivas sobre la maximamanía, la más saludable de las recientes industrias holandesas.

Los quioscos están repletos de cientos de souvenires con su sonriente rostro y de infinidad de biografías no autorizadas, la mayoría escritas a la velocidad de la bala para aprovechar la demanda del mercado y, por lo tanto, plagadas de errores. Otros libros que antes habrían guardado polvo en los estantes académicos, gracias a su persona, ahora se codean con los últimos best sellers. Un buen ejemplo es Land van herkomst (Tierra de origen), del autor René ter Steege, que cuenta la historia argentina del último siglo, pero se promociona como un retrato del país de Máxima.

La joven también ha tenido que acostumbrarse a ver sus gustos e inclinaciones debatidos en público, no siempre en forma lisonjera. El tema preferido de debate en círculos femeninos es si su cabello es teñido o de un rubio natural mejorado con claritos. Aquellas que todavía no le perdonan haberse robado el corazón del soltero más codiciado de la comarca sacan satisfacción de la convicción general de que la primera opción es la acertada. Con la explotación de esa tendencia maliciosa, la prensa se ha hecho un banquete criticando en forma unánime los vestidos diseñados en Buenos Aires por Graciela Naum.

"¿Por qué se viste de forma tan conservadora cuando apenas tiene 30 años?", protestó hace poco en un editorial nada menos que Trouw, el periódico asociado con los intelectuales de izquierda. La preocupación del periódico llegó al punto de consultar a un gurú de estilo, José Teunissen, que aconsejó a la joven no acercarse nunca al aeropuerto de Schiphol: "Si lo hace, corre el riesgo de ser confundida con una vieja azafata arrastrando una valija", señaló ejerciendo una ironía poco sutil.

Lo que más se le censura es el uso de trajes azules y grises, faldas hasta la rodilla con medias de color marfil y pantalones que parecen sacados de una revista de moldes de la década del 70. Nadie se anima a decir nada, en contraste, de sus discretas joyas, la mayoría de las cuales salen de los cofres de la corona o, como en el caso de su anillo de compromiso con diamantes y piedras naranjas, son diseños de su prometido Guillermo Alejandro.

El rey de la moda holandesa, Frans Molenaar, aspira a diseñar el traje de novia de Máxima, pero esto no lo inhibió de opinar sobre la figura de quien espera sea pronto su clienta. "Tiene las piernas un poquito pesadas pero, en ese sentido, es como su futura suegra, que podría pararse bien firme sobre los diques de nuestro país." En todo esto no deja de percibirse un poco de orgullo herido. Los diseñadores holandeses esperaban que Máxima, propensa a dejarse perfumar con Channel Allure, imitara a la princesa de Gales, transformándose en la gran embajadora de sus creaciones. El mensaje parece haber llegado al Palacio y, así, se asegura que la joven será acompañada por un séquito de seis modistas, un estilista y un equipo de peluquería -todos de estricta nacionalidad holandesa- durante su primera gira oficial por el país. Una maratón de visitas a 16 provincias, que comenzará el 4 de septiembre próximo, en la frontera con Bélgica para terminar el 14 de noviembre en Utrecht.

Los meses de lecciones de holandés justamente en un instituto de una pintoresca villa belga, donde la lengua se llama flamenco, surtieron suficiente efecto como para permitirle comprender a sus futuros súbditos y entablar también conversación con ellos, siempre que se anime a romper la tradicional reserva de la Casa de Orange.

Máxima aprendió el abecé del idioma con una profesora en Nueva York, Hanny Veenendaal. Pero lo que comenzó como una relación de mutua confianza fue brutalmente interrumpido por una prematura señal del peso de la fama. Un año antes de que la joven argentina fuera aceptada oficialmente en La Haya, parece que Veenendaal estaba ofreciendo al mejor postor un diario con todo lo que Máxima le había comentado durante las clases.

En la misión de conocer personalmente al pueblo holandés -y viceversa- contará con el vital apoyo moral de su novio y la asistencia logística de su chaperona, lady Gaarlandt-Van Voorst Van Beest. Esta madura dama de compañía de la reina Beatriz es quien también la guía por el campo minado del protocolo de la aristocracia holandesa que, aún cuando es mucho menos pomposa que la británica, está cargada de misterios para quien se ha criado en una república.

Esto quedará particularmente de manifiesto durante su boda, el sábado 2 de febrero próximo. ¿Por qué se eligió una fecha en el período más frío del invierno europeo? "No hay ninguna razón en particular, más allá de que se trata del día 2 del mes 2 del año 2002 y eso nos resultó simpático", se aseguró en la oficina de información del gobierno holandés.

La sospecha es que el momento pareció particularmente apropiado para los planes políticos del primer ministro Wim Kok. El líder socialdemócrata, al frente de una efervescente coalición, tendría intenciones de convocar a elecciones para mayo próximo y lo último que quería era verse salpicado por la polémica creada por el pasado del padre de Máxima. Esta saldrá inevitablemente a flote durante la boda, ya sea por su notoria ausencia -así como la de su esposa- o por las manifestaciones callejeras de opositores. Aunque hay pocas señales de que esta última posibilidad vaya a concretarse. Nadie salió a protestar durante el debate parlamentario, momento en el que podrían haber hecho valer sus puntos de vista. Los únicos que se apostaron entonces frente al imponente Hall de los Caballeros con unas cuantas pancartas fueron una docena de holandeses casados con extranjeras (la mayoría, mujeres latinoamericanas) a quienes se les ha negado la residencia y que exigían que sus trámites fueran realizados con la misma rapidez con la cual se concretó la naturalización de Máxima -apenas un mes- y con similar grado de simpatía.

La ceremonia religiosa se realizará en la catedral de Amsterdam Nieuwe Kerk, escogida por la pareja supuestamente por ser más espaciosa que la de Westerkerk, donde contrajeron matrimonio la reina Beatriz y el príncipe Claus. Algunos dicen también que se cambió el escenario para aventar el espectro de los disturbios con bombas lacrimógenas registrados en 1966, en contra del ingreso en la casa real de Claus, un alemán que, como la mayoría de los jóvenes de su edad, había integrado las filas de la juventud hitleriana.

El recuerdo de la despótica ocupación nazi, apenas dos décadas antes, permanecía fresco y, en medio del espíritu rebelde de la década del 60, se hizo notar de forma violenta.

Los ánimos parecen haber cambiado, pero nadie está dispuesto a correr riesgos innecesarios. La boda civil se realizará el mismo día y tendrá lugar en un sitio inusual: el antiguo edificio de la Bolsa (Beurs of Berlage), en el centro histórico de una ciudad portuaria con profundas raíces mercantiles. Su director, G. Bakker, se confesó sorprendido por la elección de un recinto que albergó operaciones de venta y compra hasta 1998. "Hemos sido sede de conferencias y de exhibiciones, pero nunca de una boda", explicó.

El lugar habría sido elegido no sólo por contar con el hall más grande de Amsterdam, sino también por cuestiones de seguridad. Los dos edificios se encuentran a escasas cuadras de distancia, lo que abreviará el trayecto en carruaje de la pareja y de su entorno VIP, que incluirá a una docena de cabezas coronadas de todas partes del mundo.

Todo responderá a un cronograma diseñado con la precisión del lanzamiento de un cohete intergaláctico. Porque, de marchar todo bien, puede que los ojos del planeta no se posen ese día sobre Holanda como lo hicieron hace 20 años sobre Inglaterra gracias al matrimonio de Diana Spencer y el príncipe Carlos (750 millones de personas siguieron la ceremonia por televisión), pero de salir mal, las vicisitudes del más trivial traspié en el pequeño reino holandés acapararán todas las primeras planas.

Las bodas reales como un evento público masivo son un invento del siglo XX. El matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón en 1509, por ejemplo, fue casi en secreto y hasta el del futuro Jorge V con la reina María, en 1893, se realizó en la capilla real del Palacio de St. James, que apenas puede albergar cien personas. En 1923, cuando Jorge VI contrajo matrimonio con quien hoy es la reina madre en la abadía de Westminster, el director de la BBC pidió permiso para colocar un micrófono. La solicitud fue rechazada por las autoridades eclesiásticas por temor a que la transmisión fuera "escuchada por personas en lugares públicos sin tener calzados sus sombreros en la cabeza".

La idea de permitir a la gente compartir ese momento íntimo de la pareja real se debe al primer ministro laborista británico Clement Attlee, interesado en 1947 en alegrar los espíritus de un pueblo agobiado por las restricciones de la posguerra. Así, la boda de la futura reina Isabel II con el príncipe Felipe fue filmada para ser mostrada en cines y transmitida por la recientemente creada televisión. La iniciativa surtió efecto y fue copiada por el resto de las casas reales europeas.

La versión holandesa, más cercana a la estética de un rito calvinista, suele ser menos espectacular que las de sus vecinos del otro lado del Canal de la Mancha. Y no precisamente por falta de dinero.

Siempre se ha considerado a la reina Isabel II de Inglaterra como una de las personas más ricas del mundo. Pero esa fortuna, calculada sobre la base de inversiones inmobiliarias cuyo capital no es de simple acceso (como el Palacio de Buckingham) ha sido superada por la cuenta bancaria de la soberana holandesa, que se estima en siete mil millones de dólares. El gobierno holandés se niega a revelar la cifra exacta por ser un secreto de Estado.

Lo que no niega es que su soberana se encuentra entre las 200 mujeres más poderosas del mundo. Desde que llegó al trono en 1980, Beatriz, de 63 años, ha invertido grandes sumas de dinero en empresas holandesas como la aerolínea KLM y la petrolera Royal Dutch Shell. A esto ha sumado una extraordinaria colección de arte que tiene repartida por todos sus palacios y extensas propiedades en Italia (donde suele pasar sus vacaciones de verano), Alemania, Dinamarca, Francia y Bélgica.

Es muy probable que los profundos conocimientos de su futura nuera sobre el mecanismo de las inversiones internacionales, especialmente en lo que hace a países emergentes, no vayan a ser desperdiciados. Pocos pueden creer que la muchacha pasará toda su vida estrechando manos y repartiendo sonrisas.

El asesoramiento será, sin duda, gratuito. El Estado holandés se hará cargo con creces de sus necesidades económicas, de modo que no le hará falta reclamar pagos por consejos de familia.

Máxima recibirá anualmente una dieta oficial de 1.387.000 florines (unos 563.000 dólares). El monto es ligeramente inferior a los 1.888.000 florines (766.000 dólares) que ya se le otorgan a Guillermo Alejandro.

Los salarios del personal que asistirá a los príncipes se calculan en unos 576.000 florines (230.000 dólares) anuales. Una cifra capaz de quitarle el aliento a la mayoría de los lectores, por más que es mucho más modesta que la consumida por otras casas reales europeas.

En materia de lemas nobiliarios, la muchacha tampoco va a quedar atrás aun cuando -a diferencia de los príncipes de Gales- no compartirá el título de su marido, al menos hasta que él se convierta en rey.

"Máxima no será princesa de Orange porque, desde la Constitución de 1983, ése es un título temporal en Holanda, otorgado exclusivamente al heredero del trono mientras espera colocarse la corona", explicó el primer ministro Kok a sus colegas parlamentarios, muchos de ellos inquietos por lo que parece a primera vista un acto de discriminación sexual.

En revancha, la rubia argentina recibirá los títulos de princesa de Holanda, princesa de Orange-Nassau y dama de Ambsberg. Algunos ya han comenzado a hacer campaña para que la joven pueda convertirse también en reina, de modo de no tener que quedar relegada en una suerte de segunda división, con un título de princesa consorte, tal como le ocurrió a Claus. Una situación que parece haber contribuido a agravar la depresión crónica que sufre desde hace años el marido de la enérgica Beatriz. "Este no es el momento de discutir si Máxima será reina o no. Ese es un tema que será decidido por el gobierno del momento en que se concrete la coronación", dispuso Kok con la esperanza de enterrar el asunto sin agraviar al mismo tiempo a la mayor parte de la opinión pública.

El primer ministro sabe que Máxima, aun sin proponérselo, se ha ganado el corazón de los holandeses. Una encuesta difundida recientemente por el canal de televisión RTL-4 le atribuye un nivel de popularidad mayor al de la mismísima Beatriz. La joven cuenta con un 24% de la simpatía de los holandeses hacia la nobleza, dos puntos más que su futura suegra. La única persona que supera ese marcador es su novio Guillermo Alejandro, con un 30% de respaldo popular.

Y hay que rogar porque el ranking continúe así. Porque el interés de los medios por equiparar su figura a la de Lady Di en términos de atracción está empezando a dar señales inquietantes. La prensa holandesa acaba de acuñar, por ejemplo, el término Maximaless (sin Máxima) para indicar aquellos eventos atendidos por el príncipe sin la compañía de su prometida.

Guillermo Alejandro será el primer hombre en calzarse la corona desde que su tatarabuelo, Guillermo III (1817-1890) dejó el trono a su hija Guillermina (1880-1962). Durante más de un siglo tres mujeres, Guillermina, Juliana y la actual reina Beatriz, han mantenido firmes las riendas del país.

El príncipe, de 34 años, escogió a Máxima para acompañarlo en la delicada misión de poner fin a esa saga femenina. Cómo hacerlo sin opacar, como lo hizo Diana, al hombre de su vida será su gran desafío. Y colorín, colorado... este cuento está lejos de haber terminado.

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