"Me dijeron señora". 8 señales de que ya estás grande

Crédito: Ilustraciones de Cardolinailustra
Delfina Fragni
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24 de mayo de 2019  • 13:52

Desde la primera vez que te dicen "señora" hasta que salís con ruleros en la cabeza, son un montón de años. Pero, por alguna razón, cuando pasás los 30 sentís que algo se rompió. Que la viejita del andador es más contemporánea tuya que el skere y que, si bien aprendiste del disfrute de la vida, hay algo de la energía disponible de los 20 que siempre vas a recordar con nostalgia.

Salís a bailar, pero solo en el gym y con aire acondicionado

Cuando estás en los 20, bailar es sinónimo de luces, alcohol, chicos y chicas en estado de excitación y todas nos sentimos un poco Shakira. Ahora, ir a bailar se parece más a un salón con espejos, aire acondicionado y un montón de señoras en calzas que, como vos, tratan de seguir con cierta dignidad la coreo del reggaetón de moda.

Tu radar de ofertas y descuentos cambia

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Las oportunidades a la hora de comprar nos emocionan a todos. Pero no es lo mismo compartir con tus amigos que te compraste un jean al 50%, que mandar al grupo de WhatsApp los descuentos en limpieza y decoración. Cuando te deja de interesar llenar el placard para empezar a llenar la caja de herramientas, puede ser señal de que ya pasaste de década.

Vivís en "low battery" permanente

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A los 20, podías levantarte a las 6 de la mañana para ir a la facultad, después a trabajar y más tarde al curso de meditación trascendental y salto con garrocha. Y si encima después de eso te llegaba un mensaje para ir a tomar algo un lunes, ¡adentro! Ahora, calculás cuánto necesitás descansar para terminar el día laborable como una persona medianamente funcional.

Le das un descanso a la "drama queen"

Crédito: Ilustraciones de Cardolinailustra.

Hay una cualidad de la juventud que convierte una situación insignificante en una cuestión de vida o muerte. Con el tiempo, entendés que si te peleás con alguien, te podés amigar. O que ese novio que parecía el amor de tu vida, en el fondo era un nabo. Los 30, por suerte, vienen con un poco más de aire y liviandad para encarar la vida.

Un casamiento ya no es un planazo

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En los 20 se empiezan a casar amigos y te parece el plan de tu vida que te inviten a uno. Pasando la tercera década, te preguntás por qué la gente se sigue casando los fines de semana en que querés irte de la ciudad, qué tan bueno va a ser el catering y cuánta gente de la que va ya te vio el vestido que vas a usar.

Querés que todos los días sean domingo

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Cuando sos joven, los domingos eran para invernar. Has llegado a dormir hasta las 5 de la tarde y, en general, te deprime un poco la sensación resacosa. Cuando crecés, descubrís que hay un nuevo día en el fin de semana en el que podés disfrutar del aire libre, desayunar hasta el almuerzo y hacer compras con descuentos en el súper.

Cambiás tu plan de sábado

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Este día es la definición de juventud. En los 20 tenés el plan desde el lunes anterior: sabés con quién vas, qué te ponés y a quién esperás ver. En los 30 sale más ir a comer y, si querés romper la noche, pegar una obra de teatro. Y ojo, que no está nada mal pegar maratón de series con helado y pantuflas en el sillón...

Les dijiste "chau" a los fritos y el alcohol

Crédito: Ilustraciones de Cardolinailustra

Lejos quedaron los tiempos en que podías mandarte una hamburguesa con fritas y seguir la vida como si nada. A los 30 cambiás la dieta, no tanto por una cuestión estética, sino vital. Entendés que hay alimentos que te sacan más energía de la que te dan (¡y eso no nos sobra!). Para vos, "volarte la peluca" un sábado tiene más que ver con una cata de vinos que con una una línea de chupitos de tequila.

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