"Me fui a vivir al monte": dejó la ciudad para instalarse en las sierras cordobesas

Natalia Amengual, creadora del programa Detox 21, dejó la ciudad para instalarse en las sierras cordobesas. Allí transita su conexión con la naturaleza y da batalla frente a los incendios forestales.
Natalia Amengual, creadora del programa Detox 21, dejó la ciudad para instalarse en las sierras cordobesas. Allí transita su conexión con la naturaleza y da batalla frente a los incendios forestales. Crédito: Gentileza de Natalia Amengual.
Soledad Simond
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16 de noviembre de 2020  • 13:15

Natalia Amengual, creadora del programa Detox 21, dejó la ciudad para instalarse en las sierras cordobesas. Allí transita su conexión con la naturaleza y da batalla frente a los incendios forestales.

"Pasar del sueño a la realidad es un proceso. No fue fácil..."

Ahora estoy en Traslasierra, Córdoba, en un pueblito muy chiquito que se llama La Población, somos menos de 900 habitantes. Internet no anda muy bien. En Traslasierra, nosotros vemos los atardeceres y del otro lado, en Villa Gral. Belgrano, La Cumbrecita, ven los amaneceres. Y acá se amanece tarde, todo se despierta tarde, porque, por ejemplo, en invierno despunta el sol a las 9:15. Esa es una de las cosas que más me costaron. Me di cuenta de que soy más urbana de lo que creía y pasar del sueño en la cabeza a la realidad es un proceso. A mí me costó estar acá eh, no fue fácil. Es un detox en sí mismo meter las manos en la tierra. En casa, al principio, como había estado mucho tiempo deshabitada, había muchos alacranes y no podía andar descalza. Acá no se anda en patas, tenés que estar todo el tiempo calzada con una zapatilla de montaña, con un borcego, y yo venía muy urbanizada. Fue un proceso fuerte la naturaleza viva. Me costó, pero me encontré con mi onda. Me busqué, me di el tiempo. Adquirí el temple de la espera y eso también me lo dio este lugar.

"La naturaleza te baja el ego, te agacha la cabeza, te hace vivir en el presente"

"Me di cuenta de que soy más urbana de lo que creía y pasar del sueño en la cabeza a la realidad es un proceso".
"Me di cuenta de que soy más urbana de lo que creía y pasar del sueño en la cabeza a la realidad es un proceso". Crédito: Gentileza de Natalia Amengual.

"No estoy bien, pero estoy bien al decirte que no estoy bien", eso le respondía a mi mamá cuando, al principio, me llamaba preocupada preguntando cómo estaba. Fue una de las pocas veces en mi vida que no me puse una careta para que la gente no se preocupara por mí. Fue muy sanador. Y fue un proceso fuerte el encuentro con la naturaleza viva. Empezás a ser parte y a entender. Dejás de decir "quiero tal cosa", y empezás a ir en armonía con lo que es. En el monte hace calor: salimos. Hace frío: nos quedamos. Respetamos eso que está pasando, porque eso que está pasando es intenso. Cuando hace frío, hace frío; cuando hace calor, hace calor; cuando llueve, llueve y se inunda; cuando hay sequía, no hay una gota y así... Es extremo, la naturaleza es así y te templa mucho. Te baja el ego, te agacha la cabeza, te hace vivir en el presente. Los insectos me enseñaron a vivir en el presente porque constantemente tenía que poner atención a dónde estaban mis pies. Mi mente, mi corazón y mis pies estaban en un mismo lugar y eso me enojaba, el ego me salía por todos lados. Son unos grandes maestros, los insectos, y nos hacen tenerle un montón de respeto a lo pequeño. Es respeto, es ubicación en tu lugar en la cadena y entender que los visitantes acá somos nosotros. Nuestra voluntad se tiene que poner por debajo de la voluntad de la naturaleza, del clima.

"En el monte, uno puede dejar de ver el tiempo como 'tiempo' y verlo como 'ahora'"

Eso me generó una tranquilidad y, a la vez, eficiencia, es increíble. Antes por ahí hacía quince mil cosas a la vez, pero ninguna con tanta eficiencia como ahora, que hago una a la vez. Porque si no, sinceramente, me pierdo de algo: disfrutar. Cuando estoy haciendo, es como que no lo estoy viviendo. Y el monte te da eso, te da vivir las cosas relajadas. Me costó dos años lograrlo, dos años de proceso. Yo decía: "Acá no hacen nada, toman mate", y el electricista que me dijo: "Ahí le voy"... ¡y no viene! Pero ¡qué se piensa! ¡Nadie labura! Tenía esa sensación. Y la gente labura, hace más cosas, tiene la casa impecable, vive en el monte, los chicos van al colegio. Tuve que ir a ver a una osteópata porque estaba toda contracturada en un lugar de superpaz, relajada; el relajo y la paz me contracturaban.

"Nos tenemos que permitir disfrutar las cosas y hasta disfrutar de los errores"

"Tuve que ir a ver a una osteópata porque estaba toda contracturada en un lugar de superpaz".
"Tuve que ir a ver a una osteópata porque estaba toda contracturada en un lugar de superpaz". Crédito: Gentileza de Natalia Amengual.

Otra cosa que se abrió mucho al vivir acá es practicar la mirada compasiva y, sobre todo, conmigo misma. Cuando soltamos la idea de la mente de querer controlar cómo tiene que ser y dejamos que sea y aceptamos eso que es (que va a costar un montón, porque la mente cataloga si te salió bien, si te salió mal, si pudiste hacerlo más rápido o podrías haber llegado más temprano), si vas soltando esas cosas, sos lo que sos. Las ideas mentales que nos plantamos hacen que creamos que fracasamos. Pero no pasa nada que no tendría que haber pasado. No podría haber pasado otra cosa. Observando la naturaleza, una lo ve constantemente.

"Solamente conectándonos con los ciclos lunares, ya estamos conectados con la tierra"

Si seguís las lunas, ya estás conectándote con la naturaleza. Luna llena: todo va a crecer. Aprovecho y soy abundante, puedo comer más porque voy a tener mejor digestión, como frutos porque se cosechan en luna llena, como lo aéreo, las hojas. Luna nueva: todo decrece. Como menos, voy a tener indigestiones, me tomo un te de boldo, me acuesto más temprano, como raíces. Conectándonos con los ciclos lunares, ya estamos conectados con la tierra. Acá hay un montón de gente viviendo en el monte, pero no hay un montón de gente conectada con la naturaleza. Y yo conozco gente que vive en Cabildo y Juramento que está conectada con la naturaleza. La conexión es interna y, en esa coherencia, se empieza fluir, a gastar menos energía, y todo empieza a ser más fácil. Cuando es lo que es, vas en el tobogán. Y lo que fluye corresponde..

"Hay un gran propósito, que es salvar el monte"

"Es extremo, la naturaleza es así y te templa mucho. Te baja el ego, te agacha la cabeza, te hace vivir en el presente".
"Es extremo, la naturaleza es así y te templa mucho. Te baja el ego, te agacha la cabeza, te hace vivir en el presente". Crédito: Gentileza de Natalia Amengual.

Este momento que estamos viviendo en Córdoba es uno de los más difíciles. Hay una sequía absoluta, que hacía 20 años que no sucedía. Ves los animales que están sufriendo. Los aromos, por ejemplo -un árbol típico de las sierras conocido como espinillo-, no florecieron. Y la vida propone que las prácticas espirituales sean nuestra contención. Es respirar, entregarse, renunciar a la lucha y ponerte al servicio. Tengo dos manos..., ¿vamos a desmalezar para que pasen los bomberos? Vamos. Desde ese lugar se calma la impotencia. Ahí está la diferencia entre lucha y propósito. Porque cuando dejamos de luchar, dejamos de pedirle al exterior que sea de determinada manera y simplemente somos útiles.

Hay solidaridad, está llegando muchísima luz de parte de la sociedad, estén donde estén. Todas las meditaciones y los pedidos de lluvia dieron sus frutos y llovió un día entero. El agua fue suficiente para apagar las cenizas humeantes, aunque hay nuevos focos del otro lado de las sierras, cerca de Carlos Paz. Sigamos pidiendo, meditando, elevando nuestra vibración para que sigan cayendo las lluvias. Desde el lado material, podemos hacer donaciones a los bomberos y juntar firmas (www.change.org) para pedir por un decreto que modifique la ley actual que permite el desarrollo de negocios inmobiliarios y ganaderos en montes quemados. Los seres humanos tenemos la capacidad de reconstruir y no me caben dudas de que vamos a reconstruir el monte.

Detox 21, el libro

El programa nutricional de Nat es un plan de tres semanas para limpiar, regular y sanar nuestro organismo, pero también nuestras emociones y espíritu, a través de ciertos alimentos que funcionan como agentes purificadores. Además, trae consejos prácticos y recetas. (Planeta, $1390).

Informe gentileza de María Meseri.

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