Mendoza: mi paraíso del vino

Crédito: Instagram @agusdealba
Agustina de Alba
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2 de septiembre de 2016  • 00:00

Como les conté en mi anterior posteo, yo quería ser sommelier y aunque pasaban los años mi deseo seguía intacto, pero como sentía que tenía que esperar demasiado para poder inscribirme en la Escuela de Sommelier (me faltaban 3 años para llegar a los 18!!!) me propuse trabajar en una colonia de vacaciones, así podía juntar plata para viajar a Mendoza el verano siguiente y conseguir un trabajo en los viñedos para calmar mi ansiedad hasta volver y poder ¡por fin! anotarme en la carrera.

Las cosas fueron más o menos así.Me acuerdo que era el 2004 y había juntado 600 pesos que guarde durante un año en mi mesita de luz en un sobre que decía Mendoza, al año siguiente al terminar el secundario fui a Retiro, me compré un pasaje y viajé con una amiga que me hizo el aguante. La verdad es que a mis papás les dije que iba por 15 días pero por dentro yo sabía que quería conseguir trabajo allá, visitar bodegas y quedarme hasta que llegara marzo y pudiera volver a Buenos Aires para inscribirme.

Y así fue, viajé un 1° de enero para mis 15 días de vacaciones con mi amiga. Ella volvió, yo conseguí trabajo de camarera y me quedé dos meses más. Feliz. Sentía que había encontrado la felicidad. Nunca me voy a olvidar de mi primer día sola en Mendoza (San Rafael). Me había tomado un colectivo para ir al Dique Valle Grande a trabajar todo el día….en ese primer recorrido sola me la pasé llorando de emoción. Pensaba: acá estoy, solita y feliz, siento que estoy donde tengo que estar. Fue en ese momento que empecé a encontrarme conmigo misma y a conocer la libertad. Sí, ya era mayor de edad. Podía hacer lo que quisiera.

El verano paso volando, volví a Bs. As. donde ya me había inscripto en la UBA en Artes Combinadas, pero al llegar de Mendoza, un viernes a las 3 pm, no me tomó más de dos horas ir a un cybercafé a buscar el teléfono de la EAS (Escuela Argentina de Sommeliers) y llamar para inscribirme, era el año 2006. Me acuerdo que me atendió la recepcionista, Paz, y me dijo: “Sabés que no hay lugar, estamos completos. El último curso de ingreso empieza el lunes pero no tengo vacantes”. ¡¡Imagínense!! Bueno, no sé imaginen mucho, la semana que viene les cuento qué pasó. Mientras tanto les cuento qué fue lo que aprendí a tomar en ese primer viaje.

Mi experiencia autodidacta: mis primeras copas

Cuando era chica, mis primeros sorbos de vino fueron con mi abuelo José, el papá de mi papá. Siempre había una botella de vino en la mesa cuando visitaba a mis abuelos, todos los domingos, en su casa de Carapachay. Mi abuelo tomaba Vasco Viejo, López o Don Valentín Lacrado y me servía en un vaso un poco de vino con mucha soda. Se dice que agregarle soda al vino esta mal, porque uno cambia las cualidades de la bebida y lo diluye. Es obvio que mi abuelo no podía darme vino puro pero lo que sí entiendo ahora es que él tomó siempre vino con soda bien fría porque buscaba vinos suaves, refrescantes, de bajo alcohol, en fin, vinos fáciles de beber, simples y sin grandes pretensiones.Cuando conozco gente que no es fan total del vino, y que recién está dando sus primeros sorbos, siempre recomiendo empezar por variedades suaves o vinos sin madera: Pinot Noir, Merlot, Bonarda.

Variedades recomendadas:

- Montesco Punta Negra Pinot Noir 2014, Bodega Passionate Wine, Gualtallary, Tupungato, Valle de Uco, Mendoza, $250

- Aniello 006 Merlot 2015, Bodega Aniello, Mainque, Alto Valle de Rio Negro, Patagonia, $180

¡Hasta el viernes que viene!

Agus

@agustinadealba

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