Mi año en Londres

Una de las sucursales de Gaucho en Londres
Una de las sucursales de Gaucho en Londres Crédito: Latinstock
Agustina de Alba
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14 de octubre de 2016  • 00:00

Siempre digo que mi experiencia ese año en Londres fue un antes y un después en mi vida, a nivel personal y emocional, fue uno de esos años intensísimos que parece que fueran cuatro en vez de uno. En un año (2009-2010) viví en 3 casas diferentes, me enamoré, me rompieron el corazón, visité más de 5 países gracias a mi trabajo, probé muchísimos vinos de todo el mundo, me hice billingüe y tuve al mejor maestro, Phil Crozier. Ah, sí, y me atropelló un colectivo a la semana de instalarme allá, por mirar para el otro lado. En fin, o sobrevivía o no sé…

Vuelvo al punto donde quedamos en el posteo pasado: mi reunión en Gaucho.

Antes de seguir les cuento: Gaucho es una cadena de restaurantes argentinos de altísima gama donde la idea es transmitir y vivir una experiencia muy argentina en cada restaurant (tienen más de 13 en todo UK), con la mejor carta de vinos argentinos fuera de Argentina. Fernando Trocca es su chef ejecutivo. Eso sí, para que se den una idea, comer ahí cuesta alrededor de 80 libras por persona.

Todos los periodistas ingleses a los que les había escrito para que me ayuden a conseguir trabajo en Londres me decían que tenía que trabajar en Gaucho y yo contestaba que de ninguna manera, porque quería estar en un restaurant con carta de vinos de todo el mundo. Hasta me habían dado el contacto del dueño, pero nunca le había escrito y apenas aterricé, me lo encontré…

En fin, me citan al día siguiente en Gaucho Picadilly, el mismo día en que se entregaban los Gaucho Wine Awards que son unos premios en los que eligen al mejor enólogo argentino del año, al mejor vino, la mejor etiqueta, etc. Estaba en plena ceremonia, cuando viene un señor muy alto y pelado y me dice: "Acompañame por favor". Me llevan a otro piso, donde estaban el dueño, que me había conocido la noche anterior, Phil, que sería mi jefe, y este señor alto y pelado, y me dicen, así de una: " Queremos que trabajes acá, estamos buscando hace tiempo un Sommelier argentino (en ese momento eran un equipo de 8 sommeliers del mundo pero ninguno argentino)". Me preguntaron cuáles eran mis condiciones, mi pretensión salarial... Y yo estaba que me caía de la silla, y pensaba: ¡ Encima me preguntan mis condiciones!

Yo les advertí: "Pero miren que no hablo bien inglés". Y el dueño me respondió: "Me encanta, mejor, que se vea tu tonada". Pero así y todo yo lo dudaba: irme a vivir a Londres en busca de una carta de vinos internacional y estar en Gaucho me iba a cerrar puertas, ese fue mi planteo. Y ellos me respondieron: "Vamos a invertir en que te capacites". Así que les pedí unos días para pensarlo, pero a las 24 hs dije que sí.

En mi primer día de trabajo, ahí estaba en Picadilly Circus, saliendo del subte, caminando para Gaucho y me temblaban las piernas de los nervios. Estaba de traje, camisa, pelo bien atado, zapatos negros, el uniforme del Sommelier. Llegué y mi jefe me dijo: "Bueno, sabés que así no vas a venir vestida, no?" ¿Cómo que no? Así me vestí siempre para trabajar en concursos, ferias, charlas, restaurants, pensé. "Acá es diferente, no quiero ver a la Sommelier, quiero ver a Agustina, quiero verte a vos Agustina, que te dedicás al vino y cómo te vestís. Acá no tenemos uniforme, no somos iguales, no abrimos todos el vino de la misma manera", me explicó Phil. Yo venía con mi protocolo de servicio a la perfección y me indignaba más: me acuerdo de estar discutiendo en la calle y ahora pienso: Cómo no me callé un poco. Era mi primer día y yo en vez de decir que sí, quería exponer mi opinión.

A los dos días seguía de traje, y me tocó visitar otra sucursal de Gaucho. En ese otro local, al llegar, el General Manager me dice: "¿Y cómo se vestiría Agustina? ¿Cómo habla de vinos Agustina cuando está con amigos? No queremos reglas, queremos que seas vos".

Y así fue pasando el tiempo, y me fui encontrando cómoda en esta nueva forma de trabajar, pero me costó, era completamente diferente a lo que había aprendido. Escucharlo a Phil Crozier y su manera de abordar el mundo del vino y comunicarlo, ver cómo él era capaz de captar la atención de 50 camareros que no se dedicaban al vino y los capacitaba con el objetivo de levantar las ventas... Pero en realidad su objetivo era contagiarles su pasión, porque él es una de las personas más apasionadas que conocí en mi vida. Él siempre me decía "Si vos querés llegar a gente que no vive del vino, tenés que comunicar a través de imágenes; es como pintar un cuadro o sacar una foto. Tenés que ser claro y concreto".

Cuando él hablaba de vinos, todos se reían, se divertían, era una hora de capacitación que no era obligatoria para los camareros y aún así no entraban de todos los que querían asistir. Yo creo que ahí, gracias a Phil abrí mi abanico y empecé a entender qué era lo que yo quería realmente y a encontrarme a mí misma.

Mi recomendado

Había un vino que Phil amaba en ese momento, porque había estado involucrado directamente en su creación. Yo me tomaba una copa al terminar mi día de trabajo, porque al tiempo de tanta discusion por protocolo, nos empezamos a llevar muy bien, y seguíamos debatiéndolo todo pero ya no había segundo que no aprendiera de el.

El vino en cuestión es un Malbec salteño, que proviene de los viñedos mas altos del mundo que están ubicados al norte de nuestro país, es un vino de Bodega Colomé, que no tienen ningún contacto con madera y no está filtrado.

Colomé Auténtico Malbec 2012, Bodega Colomé, Molinos, Salta, $490 pesos.

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