Mi primer día de clases: "Sapo de otro pozo"

Agustina de Alba
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9 de septiembre de 2016  • 00:00

Después del horror de que me anunciaran en la EAS (Escuela Argentina de Sommeliers) que no había lugar para inscribirme, yo le dije a Paz, la recepcionista: “¿Cómo? No, ¡no puede ser! Ya esperé demasiado tiempo... Tiene que haber una manera... ¡Por favor ayudame!”. Y ella me dijo: “Mirá, lo único que puedo decirte es que de las 40 vacantes, tengo 2 personas confirmadas pero que aún no pagaron la cuota. Venite el lunes a las 12 pm, y si alguna de las dos no aparece, te doy tu lugar”.

Por supuesto, lunes 11.30 pm estaba ahí. Todos entraban a la clase y yo esperaba, contándolos uno por uno y pensando: Tiene que sobrar un lugar para mí. Habían entrado ya 39 personas... Y por suerte, el alumno 40, gracias a Dios, nunca apareció. Vino Paz, y me dijo: “Bueno, conseguiste la vacante”. Y así, entré a clase. Feliz.

No entendía nada de nada. La mayoría era gente mucho más grande que yo, que entendía mucho o parecía que sabía un montón. Al final de la clase nos dieron para probar unos vinos y nos preguntaron qué olíamos. Yo, en la última fila, estaba muy nerviosa porque no olía nada, y todos olían mil cosas (que frutos rojos, que frutilla, frambuesas, chocolate, café, tabaco...) Y yo pensaba: Huelo alcohol!!!!!! ¿Miento o digo la verdad? Y el profesor dijo: “Allá al fondo, a ver vos, ¿qué sentís?” Y yo me animé: “ALCOHOL!”. Acto seguido, las 39 personas que me rodeaban se rieron de mí, como se reían mis compañeros de secundario cuando decía que quería dedicarme al vino y a viajar por el mundo. Así siguieron los dos años siguientes: yo sentía que no entendía, que no olía, me volvía loca buscando la forma de probar un vino y encontrarlo diferente a otro, y estudiaba, siempre estudié un montón, me desvivía por entender.

En paralelo, mi papá me había dicho: “Yo te pago la carrera de Sommelier si vos a la vez hacés una carrera universitaria”. Por eso yo había empezado en la UBA Artes combinadas, pero terminé el primer cuatrimestre y me di cuenta de que me aburría muchísimo. Entonces dejé, pero ahora tenía que trabajar sí o sí para pagarme la EAS. Ahí por suerte otra de las recepcionistas y Sommelier que trabajaba en la EAS, me escuchó y me consiguió un trabajo de camarera cerca de la escuela con el que me pagué la carrera.

Cuestión que estudiaba, estudiaba y preguntaba en las clases, tal es así que me habían apodado la "chica-pregunta". Hasta que un día, hice un click y sentí que empecé a entender, cuando estaba cursando el segundo año. Siempre digo que entender el vino me costó muchísimo, que no es un DON que uno huele más que otro; como todo en la vida, hay que dedicarle tiempo.

Pasaron los dos años maravillosos de carrera en los cuales me divertí como nunca. Y de pronto llegó el día de la entrega de diplomas. Había estudiado más de 4 meses para el examen final, que es dificilísimo, para que se den una idea: son más de 200 preguntas acerca de las regiones vitícolas del mundo: sus suelos, sus climas, sus tipos de uva, alturas, cultura, etc. Cada región del mundo entero en su propio idioma. Además, hay una parte de la prueba acerca de bebidas espirituosas como Ron, Gin, Whisky... Y hasta preguntas sobre el chocolate, café, té...

Bueno, y en el medio de la ceremonia de entrega de diplomas otorgan las medallas a los dos mejores promedios. Ay, ¡cómo me hubiese gustado ser mejor promedio! Pero no me alcanzó, eso que me esforcé eh, pensaba mientras por el micrófono la directora de la Escuela me invitaba a subir al escenario a recibir la medalla a mejor promedio!! Pero yo no la había escuchado y mis compañeros me decían “Subí, subí”, y yo decía: “¿Quién, yo? Naaaaaa, ¿yo?”. Y por tercera vez: “La medalla de honor para la carrera de Sommelier de cava es para Agustina de Alba...........” Y ahí empecé a correr, a llorar, nunca me lo hubiese esperado. Ahí pensé: Bueno, tan sapo de otro pozo no soy, ¿no?

Aquí mis vinos que me acompañaron en mis primeras clases:

El que elegía (y podía pagar) en casa:

Un imbatible hasta hoy, es el Portillo Malbec de Bodega Salentein, ubicada en Tunuyan, Valle de Uco; Mendoza, $80. Es un malbec súper joven, amable y fácil de beber.

El que buscaba cuando lo servían en las ferias de vinos o degustaciones y me volvía loca (pero no me lo podía comprar yo):

Clos de los 7 de Bodega Clos de los Siete ubicada también Tunuyán, Valle de Uco, Mendoza, $ 383.

Es un vino de corte, de 5 uvas tintas diferentes: Malbec, Cab Sauv, Merlot, Syrah, Petit Verdot. Es un vino mucho más intenso, carnoso y power!!! Para despedir los últimos días de frio.

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