Mi viaje a Pomerol

Crédito: Latinstock
Agustina de Alba
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30 de septiembre de 2016  • 00:00

Tras ganar el concurso a Mejor Sommelier de Argentina, imagínense que ni bien terminó, entre lágrimas, shock y emoción, le escribí a Fiona Morrison, una de las creadora de Chateau Le Pin que me había invitado a Francia, y le dije: "Hice todo lo que me dijiste... ¿y ahora cuándo voy para allá?". En menos de dos meses, estaba viajando a Europa por primera vez, sola y con 20 años. Mi idea era ir solo a París y a ver a Fiona para participar de una cosecha en Chateau Le Pin, pero resulta que uno de los premios del concurso fue un cheque por 3000 dólares, así que dije: Lo voy a invertir en recorrer más viñedos, probar más vinos y conocer más países. Decidí quedarme 3 meses entre Francia, Italia y España.

Me acuerdo de que cuando me despedí de mi papá en el aeropuerto, él lloraba como si no me volviese a ver más. Yo hablaba bastante mal inglés en ese momento... y ningún idoma más. Llegué a París y de ahí tomé un tren a Burdeos, donde me esperaban Fiona y Jacques. Habíamos acordado por mail encontrarnos a las 5 de la tarde de un viernes en la estación de tren; yo no tenía teléfono allá, nada. Iba en el tren y pensaba: ¿Y si no están? ¿Y si se olvidaron de mí? ¿Cómo los contacto? Pero cuando bajé ahí estaba Fiona, paradita donde habíamos quedado, esperándome para llevarme a su casa de cuento, rodeada de los viñedos que dan origen a uno de los grandes vinos del mundo.

Yo tenía tanta emoción, que íbamos pasando por los diferentes pueblitos hasta llegar a Pomerol, y se me caían las lágrimas. Finalmente, llegamos a la casa de Fiona y Jacques, donde estaban sus hijos y todo era una fiesta porque al día siguiente empezaba la vendimia. Había amigos de todo el mundo, disfrutando la vida, cocinando, charlando, y tomando vinos de todo el mundo que hasta ese momento los conocía solamente de libros. Mientras escribo todo esto, me emociono y me acuerdo de todo lo que sentí en ese entonces. Yo esperaba el momento de probar Le pin y de conocer la bodega, pero llegué de noche así que tuve que esperar al otro día. Fiona me despertó a las 6 am para comenzar la vendimia. En ese momento el vino se hacia en el garaje de la casa, era una bodega artesanal mínima (hoy en día ya construyeron su bodega) y ahí fueron 6 días de estar en la cinta de selección, eligiendo las mejores uvas (a mano) para el Le Pin cosecha 2008, de ir a cosechar, de cargar canastos con uvas... Y todos cantaban y bailaban y esperaban la noche para encontrarnos y seguir disfrutando. Pasaron los días muy rápidamente, y cuando llegó el momento de despedirnos empezamos a llorar con Fiona: no me quería ir, solo quería detener el tiempo ahí. Pero Fiona se encargó personalmente de armarme todo para que me recibieran en otras zonas vitícolas de Espana e Italia, aunque ninguna fue igual a lo de Fiona.

Ya pasaron 8 anos desde que nos conocimos con Fiona, y, a lo largo de estos años, ella apareció en momentos especiales de mi vida, como cuando me fui a vivir a Londres sola, que ella estuvo ahí en mi primera noche en la ciudad, o en mi primer día de trabajo en el Celler de Can Roca (mejor restaurant del mundo), que ella reservó esa primera noche para acompañarme.

Pido disculpas si me voy por las ramas pero la realidad es que una de las cosas que más me enamora del mundo del vino es descubrir a las personas que lo crean y que están detrás de cada botella. Algunas son cautivantes, algunas son locas, otras elegantes, otras aburridas, otras clásicas y todo eso se ve reflejado en cada vino.

Y respecto a Chateau Le Pin, aunque no lo crean, en ese primer viaje no probé ni UNA botella, solo Le Pin de barrica. Años después de amistad, Fiona y Jacques vinieron a Buenos Aires, y me regalaron una botella de Le pin. ¿Adivinen de qué año? 2008. Y todavía la estoy guardando para un momento muy muy especial.

Mi variedad del mes: Cabernet Sauvignon

Este cepaje es originario de Burdeos, Francia. Sin dudas, es el varietal más famoso y más plantado del mundo, casi no hay país productor que no tenga plantaciones de esta variedad. Sus padres son el Cabernet Franc y Sauvignon Blanc. En nuestro país lo encontramos de norte a sur, con grandes ejemplares en zonas de cómo Lujan de Cuyo en Mendoza, y Cafayate, Salta. Es una variedad muy intensa con gran potencial de guarda. (¡Atenti! A probarlo antes de que se vengan los días de calor)

Mis recomendados:

Cabernet Puros

Rama Negra Cabernet Sauvignon 2012, Bodega Casarena, Perdriel, Lujan de Cuyo, Mendoza $115

Ciclos Cabernet Sauvignon 2013, Bodega El Esteco, Cafayate, Salta $220

Cabernet Blend

Traslapiedra 2015, Paraje Altamira, San Carlos, Valle de Uco, Mendoza $ 250

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