Mindfulness. Cómo entrenar tu mente para mantenerte optimista

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31 de enero de 2020  • 17:00

La mente y sus emociones determinan la forma en la que experimentamos, percibimos e interpretamos la realidad, y, por lo tanto, cómo nos conducimos en ella. Queremos felicidad todo el tiempo pero al emprender, sobre todo, puede ser que constantemente nos topemos con obstáculos y frustraciones en el camino . Por ello, para disminuir la brecha entre el bienestar que anhelamos y la insatisfacción que usualmente experimentamos, la propuesta es comenzar a trabajar con la mente: entrenarla. Invitamos a Ignacio Dominguez Lemoine, Coordinador de AtentaMente Argentina y Coordinador de ABCD business para iniciar ese camino .

El primer paso en el entrenamiento mental es el "cultivo de la atención", lo que viejas tradiciones contemplativas de oriente llamaron samatha o calma mental (hoy conocido como mindfulness). Con estas prácticas lo que buscamos es literalmente calmar nuestra mente, de manera tal de convertirla en un instrumento útil, nuestra "aliada", una herramienta a nuestro servicio para trabajar con nosotros mismos.

A medida progresemos en la práctica iremos experimentando los beneficios de generar un espacio de libertad entre un estimulo, interno o externo, y la reacción al mismo. Esta reacción irá a transformarse en una respuesta consciente, dándonos la libertad de ajustar nuestro "rumbo" a cada momento, dejando de navegar movidos por los vientos de nuestros viejos hábitos, nuestros patrones habituales de conducta para empezar a decidir conscientemente cómo actuar. Cuando tenemos más espacio mental y más calma, podemos soltar con más facilidad el estrés y cultivar mayor bienestar.

Por qué es importante focalizar la atención

Entrenar la atención consiste en familiarizar la mente a mantenerse lúcida, clara y libre de aferramiento sobre de un objeto elegido (la respiración por ejemplo). Tener un objeto o soporte para la atención es muy útil ya que permite claramente saber si la atención está en él o ya se distrajo con otro estímulo. Existe una gran cantidad de evidencias sobre cómo la capacidad de regular nuestra atención determina diversos procesos cognitivos, de regulación emocional, aprendizaje y productividad. Pero, ¿cuál es la relación entre nuestra atención y nuestra experiencia de bienestar o malestar? Killingsworth y Gilbert, investigadores de la Universidad de Harvard, realizaron un experimento para responder esa pregunta. En la investigación, utilizaron una aplicación en el teléfono donde más de 2,500 personas, en mas de 80 países, durante diferentes momentos del día, respondían a 3 preguntas acerca de lo que estaban haciendo, en qué pensaban y cómo se sentían. Descubrieron que alrededor de un 50% del tiempo las personas estaban distraídas mientras realizaban sus actividades.

El estudio reveló que las personas estaban más felices cuando su mente no divagaba, que cuando sí lo hacia, independientemente de la actividad que estuvieran haciendo. Dicho de otra manera, cuando estaban atentos a la actividad que realizaban y con su mente puesta allí, reportaban mayor felicidad que cuando su mente estaba viajando en el tiempo o hacia una playa paradisíaca programando sus próximas vacaciones.

"Por el momento, aquello a lo que atiendes es tu realidad". William James, creador de la psicología funcional.

Entrenamiento de la atención:

  • Sentate en una silla o en el suelo sobre un almohadón. En ambos casos lo mas importante es que mantengas tu espalda derecha, pero sin tensionarte, manteniendo el resto del cuerpo relajado.
  • Hacé 3 inhalaciones y exhalaciones profundas intentando con cada exhalación soltar tensiones y preocupaciones y relajar un poco más tu cuerpo y tu mente.
  • Ahora llevá toda tu atención a las sensaciones del respirar. Para esto pone la atención en la punta de tu nariz y notá como entra y sale el aire, solo eso. Cuando tu mente se vaya corriendo detrás de algún pensamiento, ni bien lo notes y sin juzgarte ni pensar si la idea es buena o mala, simplemente regresa lenta y amorosamente a las sensaciones de la respiración una y otra vez.

Realizá esta práctica por 5 minutos todos los días.

A medida que vayas adquiriendo práctica podés incrementar la cantidad de minutos que practicás, pero siempre sin prisa. Es mejor acumular muchas prácticas pequeñas que intentar hacerlas más largas pero sin tener constancia.

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