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Grandes Esperanzas

Mirada positiva: "En mi familia nos olvidamos de mi discapacidad"

Jimena Barrionuevo
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10 de enero de 2020  • 00:09

Quizás fue el parto prematuro lo que motivó cierto estado de alerta o la sospecha de que algo pasaba cuando llegó el momento en que su hijo debía mantener la cabeza erguida o estar sentado solo, pero no lo lograba. "Roberto no caminará, le costará hacer ciertas cosas, pero será inmensamente feliz", fueron las palabras de aliento que acompañaron el diagnóstico de Parálisis Cerebral espástica para el hijo mayor de la familia Cárcamo.

Los años pasaron. Roberto vivió una infancia feliz. "Pude completar mis estudios primarios en la edad correspondiente, a través de la Escuela Domiciliaria. Luego se me complicó porque no había enseñanza secundaria a domicilio. Por eso estudié nueve años en forma particular. En 1988 me informan la posibilidad de hacer el bachillerato y en tres años me recibí. Fui el primer alumno en lograr el título".

Las ganas de seguir aprendiendo iban en aumento. Roberto (56) aprendió informática y obtuvo la Beca Talents and Handicaps, que forma parte de un programa internacional patrocinado por la revista Talents and Handicaps. An International Journal of New Technologies in Education and Rehabilitation y se otorga a aquellas personas que han demostrado una capacidad excepcional en la superación de su deficiencia física y un talento particular en los campos de las ciencias y de las artes.

"La función motora es la más comprometida. No caminé solo nunca, he mejorado notablemente la motricidad fina y el habla. Pero nunca viví pendiente de mi discapacidad ni de lo que no podía o puedo hacer. Siempre me enfoqué en lo que sí. Y, con los años, esto ha ido en aumento. Mis padres Ivonne y Roberto, mis hermanos Mariana y Fernando, estudiar y hacer deportes, aumentaron mi autoestima".

Hacia finales de 2001 Roberto conoció a Mariel Lezcano, una psicomotricista que lo acompaña desde entonces. Los beneficios del trabajo en equipo fueron en aumento. Mejoras posturales, habilidades nuevas y lo más importante: Roberto aprendió a aceptar ayuda de terceros. Eso le hizo ganar en independencia, salir con amigos nuevos sin preocuparse porque los otros supieran cómo manejarlo. Por eso prefiere movilizarse con un triciclo a pedales. ¿La silla de ruedas? La usa para salir, ya que al no manejarla, en ella se siente incómodo y dependiente de otros.

El último gran logro, fruto del trabajo con Mariel, es que hace poco más un año, "desapareció" un estado cíclico que lo afectaba desde que tiene uso de razón. Un poco en broma, un poco en serio, lo llamó de forma cariñosa, el ciclo "cogote duro". "En esta etapa la cabeza tiraba constantemente hacia la derecha, la parte izquierda del cuello se ponía dura, el brazo derecho perdía movilidad y el resto del cuerpo se mostraba bastante rígido. La duración promedio era de 35 a 45 días.? Ningún médico supo explicarme ni comprender fehacientemente el motivo de sus apariciones. Pero lo cierto es que desapareció y eso me motiva a seguir trabajando".

Roberto hizo y sigue practicando deportes. Muchos. Equitación, adiestramiento para ecuestre (fue Campeón y Sub Campeón Nacional) y desde 2013 es atleta asistido. Participó en carreras de 3 a 10K. Y luego se animó a los 21 y a los 42k de Buenos Aires (en ese evento fue Oscar "Indio" Cortínez quien impulsó la silla). Hoy, gracias al apoyo de Constanza Núñez, Ariel Koloditzky y un grupo de atletas, sigue participando en la disciplina.

Se levanta temprano, a las 6:30 arranca el día, lee el diario mientras desayuna. Se afeita y va a la computadora a conectarse ya sea con temas laborales o amigos. Trabaja en el área de distribución y ventas en Martín Hardoy Todo por los Caballos y también es operador de redes sociales. Por supuesto, disfruta de ver fútbol y otros deportes. Roberto dice que le gusta ayudar, concientizar y desdramatizar a la discapacidad. Y vuelca estos intereses en el grupo de Facebook DisCas (Disfrutando Capacidades) que él mismo creó.

"En mi familia nos olvidamos que tengo discapacidad. ¡Así es! ¡No, no se trata de negarla! La aceptamos, pero no vivimos pendientes de ella ni de sus dificultades. Convivimos muy bien, tratamos de mejorarla día a día.? ¿Cómo? Trabajando mucho, rompiendo estructuras, no haciendo caso a los clásicos tabúes y por sobre toda las cosas. ¡Riéndonos! La buena educación, el respeto al otro y el nunca bajar los brazos son los valores fundamentales que me enseñaron mis padres. Y trato de ponerlos en práctica todos los días".

Si tenés una historia de resiliencia propia, de un familiar o conocido que quieras compartir, escribinos a GrandesEsperanzas@lanacion.com.ar

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