Motivación. Cómo cultivar emociones positivas a la hora de emprender

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20 de febrero de 2020  • 13:49

Fabiana Fondevila es, entre otras cosas, autora de "Donde vive el asombro", periodista, escritora y facilitadora de talleres. En marzo inaugura "Ser el cambio", un curso anual de prácticas colectivas de auto-transformación. y hoy nos explica cómo hacer para cultivar emociones positivas a la hora de emprender.

Las emociones son la savia vital que nos vincula con el mundo. Nos dicen qué nos está pasando y nos informan qué es importante, qué tiene significado para nosotras. Cuando nos ponemos un objetivo importante, lo que disfrutamos, al conseguirlo, no es tanto el objetivo en sí mismo sino la alegría que nos provoca. Lo que quizás no tenemos tan presente es que esa alegría no depende del cumplimiento del objetivo. Podemos traerla ya, en este momento, a voluntad, si así lo elegimos. Podemos, por ejemplo, sentir alegría por el hecho de estar trabajando para cumplir ese importante objetivo.

Este es un aspecto de nuestras emociones que no nos resulta tan familiar. Sabemos que podemos gestionar nuestros enojos, por ejemplo, evitando estallar en una situación impropia, o respirando para apaciguar un miedo o una angustia. Pero quizás el trabajo más interesante que podamos hacer con nuestras emociones no sea tanto manejar las emociones aflictivas (el miedo, la tristeza, el enojo, la vergüenza), como cultivar las emociones positivas. Y, muy puntualmente, un subgrupo de la estas últimas que vamos a llamar "emociones expansivas", porque tienen la cualidad de sacarnos de nuestro pequeño yo, de la mirada miópica que a veces nos asalta, y conectarnos con un mundo más amplio, pleno de conexiones y posibilidades. Nombraremos a tres de ellas: el coraje, el asombro, la generosidad.

Las emociones aflictivas son compañeras de viaje ineludibles. Cuando te dedicás a hacer algo nuevo y riesgoso, como emprender, ¿cómo no sentir un poco de inquietud? Habrá que trabajar para calmar el miedo (con algunas de las tantas prácticas disponibles: meditando, respirando, escribiendo, hablando con una buena amiga), pero es igual de importante cultivar el coraje, una emoción expansiva por naturaleza, cuya raíz etimológica viene del latín cor (corazón) y significa "echar el corazón por delante".

El coraje no implica eliminar el miedo, sino hacer las cosas con miedo y todo, en aras de un objetivo mayor. En otras palabras, ir de frente, con el corazón guiando el camino, aunque por momentos nos tiemblen las piernas.

Prácticas para cultivar coraje:

  • Leé libros o ve películas sobre personas valientes, y escribí (o contale a una amiga) sobre las acciones o actitudes que te inspiraron.
  • Resignificá los nervios como excitación. Ponele un signo positivo al estrés (siempre que no sea crónico), sabiendo que esa reacción psicofísica te está predisponiendo para enfrentar obstáculos y dificultades mejor en el futuro.
  • Ve la oportunidad. Si las condiciones de mercado cambian y hacen que tus planes sean inviables, en vez de tomarlo como un revés sin sentido, encontrá ahí el estímulo para volverte innovadora.
  • Salí de tu zona de confort. Nada te transforma tanto como desafiar y trascender tus límites.

El asombro es la emoción que acontece en presencia de algo tan vasto que nos obliga a repensar nuestra idea de cómo son las cosas. Es una emoción que nos pone de cara al misterio, y su impacto es transformador. Según estudios recientes, experimentar asombro nos hace sentir más plenas, más satisfechas con nuestra vida, más humildes, más creativas y más cómodas con el tiempo del que disponemos. Pero no necesitamos esperar a ver un cielo o estrellado o un atardecer para sentir asombro, podemos conectarnos con esta emoción cada día. ¿Cómo?

  • Detenete frecuentemente a observar lo logrado. ¿Cómo te hubieras sentido, cuando tu emprendimiento era apenas una idea, de verte donde estás hoy? Dejá que tu cuerpo acuse recibo de la sorpresa.
  • Hacé de tu propio proceso creativo algo asombroso. Una frase-gatillo: ¿No sería genial si…? Completá la frase de todas las maneras posibles, permitiéndote volar sin restricciones. Si es en grupo, mejor. ¡Elegir la idea más loca y mejor!
  • Diseñá un espacio de trabajo asombroso. Si es posible, disponé tu escritorio cerca de una ventana (una vez por día, tomate un minuto para escribir sobre lo que ves), usá colores contrastantes, o plantas frondosas, que te despabilen y te conecten con la maravilla; salí a caminar a algún lugar verde, y observá cómo tu mirada se amplía.

La generosidad es una actitud y una acción, más que una emoción, pero está íntimamente emparentada con una "familia de emociones" que incluye el amor, la bondad, la compasión. Y además, haremos foco en una variante que llamaremos "generosidad emocional": la disposición y el deseo de hacer sentir bien a otros, sin pedir nada a cambio. Esta actitud genera un ambiente armónico en cualquier equipo de trabajo, pero, además, provoca un profundo bienestar en quien la despliega.

Algunas prácticas de generosidad emocional

  • Expresá aprecio por los dones, los logros y los esfuerzos de los demás, procurando ser específica y sincera.
  • Preguntá por las emociones de otros, y escuchá de verdad.
  • Da aliento cuando alguien está lidiando con una dificultad, ofreciéndoles tu fe en su fortaleza y capacidades.

La magia de estas emociones es que, al abrirnos la mirada y el corazón, amplían las fronteras de nuestro mundo, nos conectan con los demás y nos recuerdan quienes somos.

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