Movete. 3 ejercicios anticontracturas para hacer en casa

Crédito: StockSnap en Pixabay.
Meli Navas
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27 de julio de 2020  • 11:38

Movilidad de la columna

Ponete en cuatro patas sobre una colchoneta, las manos abiertas al ancho de los hombros, la cabeza sigiendo la línea de la columna. Inspirá y empujá tus lumbares y el abdomen hacia el piso para llegar a la postura del gato contento. Exhalá y hacé el movimiento inverso (gato enojado). Repetí 7 veces el ejercicio, coordinándolo con tu respiración para darle mayor movilidad a tu columna.

Movilidad del tórax

Llevá los talones a la cola y dejá las manos en el piso. Después llevá la palma de la mano derecha a la cabeza, como si fueras a hacer un abdominal. Abrí el codo y chequeá que los hombros queden lejos de las orejas. Inhalando, llevá el codo hacia la diagonal, abriendo bien el pecho. Exhalando, llevá el codo hacia el piso. Repetí el movimiento 10 veces de cada lado.

Movilidad de caderas

Empezá desde la postura de la plancha. Llevá el pie derecho al lado de las manos. Una vez que te sientas estable, despegá la mano derecha, rotá con la mano estirada para abrir el pecho hacia el cielo y luego rotá hacia dentro, cerrando el pecho y tomándote de la muñeca izquierda. Repetí el ejercicio 7 veces de cada lado.

Crédito: Getty Images.

Gimnasia de ojos para prevenir migrañas

Por la Lic. Natalí Romani.

Los ojos son captores posturales que informan a cadenas musculares. La mayor parte del tiempo usamos nuestra visión central, mirando pantallas de cerca, esto puede causar contracturas musculares que derivan en dolores de cabeza. Si bien estamos obligadas a pasar más tiempo conectadas, podemos empezar a sumar ejercicios que nos ayuden a evitar malestares.

  • Practicá el palming. Este ejercicio es parte del método Bates, una terapia alternativa que propone mejorar la agudeza visual. Para realizarlo, ponemos un almohadón sobre la mesa, apoyamos los codos y hacemos dos cucharitas con las manos. Cubrimos los ojos con las palmas de las manos, los dedos quedan cruzados sobre la frente. Nos quedamos disfrutando de la oscuridad unos minutos, conectándonos con la respiración y hasta podemos visualizar un paseo por algún lugar que nos resulte placentero. Al terminar, alejamos las manos lentamente, permitiendo que la luz entre poco a poco. Si lo necesitamos, podemos estirar y parpadear.

Expertos consultados: María Inés Bonet. Médica biodescodificadora y terapeuta holística. Viviana Hurovich. Terapeuta gestáltica y consteladora familiar. Julien Lepretre. Osteópata e instructor en prevención. Natalí Romani. Lic. en Kinesiología y fisiatría. MN 1143/2.

Por: Meli Navas
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