Movilidad urbana, ¿existe la fórmula perfecta?

Auto+bici; colectivo+longboard; tren+caminata: en una ciudad colapsada, cada vez más gente crea sus propias combinaciones en busca de una ecuación ideal
Sebastián Ríos
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23 de mayo de 2015  

"¿Por qué espero el colectivo?", se preguntó un día Gabriel Moreno, diseñador gráfico de 38 años, al ver que en la parada perdía minutos (y hasta horas) de vida. "Si hubiera salido en bici estaría llegando a mi estudio", pensó y, casi al mismo tiempo, decidió comprarse una plegable. "Ahora, llevo a mis chicos al jardín, a unas cuadras de casa, en auto. Lo dejo estacionado cerca, para que después lo pase a buscar mi mujer, que lo usa durante el día, saco la bici del baúl y me voy a trabajar". No es que no le guste manejar, pero en la ciudad se estresa demasiado. "La bici me da más libertad de movimiento y me permite hacer ejercicio, además lo disfruto mucho y me permite llegar con ganas al trabajo", asegura.

El caso de Gabriel es uno más de los muchos que revelan que ya no hay recorridos incuestionables ni rutas fijas, y que tampoco hay un único medio de transporte aspiracional. En una ciudad colapsada por el tráfico, en la que el descomunal crecimiento del parque automotor es la contracara de servicios de transporte público que arrastran décadas de decadencia, la movilidad urbana requiere la astucia y la plasticidad de cada uno. Hoy en día, ante cada viaje por emprender, todos estamos obligados a poner en juego nuestra capacidad para armar recorridos que se amolden a necesidades, posibilidades y claro: gusto personal. Es decir, todos buscamos la fórmula perfecta.

De alguna manera, el ejercicio de imaginación que cotidianamente hace aquel que para llegar de A a B debe sortear cientos de obstáculos -cortes de calle, embotellamientos, piquetes, etcétera- lleva a que cada vez sean más los que incluyan en la ecuación que explica sus decisiones de movilidad no sólo factores como seguridad o tiempo, sino también el disfrute, lo salubre o insalubre del recorrido e, incluso, la comodidad.

Claro que este último término asume hoy significados nuevos: estar cómodo no es necesariamente un sinónimo de subirse al auto. Es más: muchas veces, significa todo lo contrario.

"Hace dos años, cuando me compré el auto, lo hice con la idea de usarlo para ir a trabajar, pero me encontré con que los 15 minutos de manejo entre mi casa en Belgrano y mi trabajo en Vicente López me generaban un estrés que no tenía previsto -cuenta Martín Zalper, abogado de 33 años-. Empecé a probar ir con el colectivo, combinando con varias cuadras de caminata, y descubrí un par de cosas. Que tenía muy poco tiempo para leer en mi vida, y que el viaje en colectivo me ofrecía un rato extra para liquidar un capítulo por viaje. Y que tampoco me venían mal esas cuadras de ejercicio. Ni hablar del no estrés de desentenderse del manejo."

Martín y Gabriel tienen en común que no reniegan de ninguna forma de transporte. No son aquellos fanáticos a ultranza de la bicicleta que llevan el cartel de "un auto menos", ni tampoco pretenden evangelizar en torno a las bondades del colectivo, del andar a pie o de lo que sea que elijan para moverse en la ciudad. Saben que no hay fórmulas perfectas, y que, en todo caso, a lo que uno puede aspirar es a una ecuación que sea ideal un día determinado, en una situación particular. "Viajar era algo que, antes, suponía una rutina para mí. Hoy, en cambio, depende de elecciones que tomo el mismo día, en función del plan que tengo por delante", resume Martín.

Entonces, ¿cuáles son los factores que se toman en cuenta a la hora de (la palabra suena ambiciosa, pero no lo es) planificar un viaje? "El primer factor que determina qué medio usará una persona para desplazarse en la ciudad es la infraestructura que tiene disponible", afirma Andrés Fingeret, experto en movilidad urbana y director del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITPD, según sus siglas en inglés) para la Argentina. Luego explica: "Usamos lo que nos dan. Si nos dan un buen transporte público, viajamos en colectivo, en subte o en tren; si nos dan buenas veredas, caminamos; si tenemos lugar por donde andar en bicicleta, procuramos usarla cuando la distancia es razonable, y si, como sucede en la ciudad, la mayoría del espacio ha sido otorgado al asfalto, preferimos el auto privado".

El tema de los autos

El problema, advierte Fingeret, es que si bien Buenos Aires es una ciudad con una buena base de movilidad para el transporte público -pionera en la región en el tendido del subte, con una red de trenes extensa e innumerables líneas de colectivo-, "desde los 80, y a partir de los 90, la degradación del sistema ferroviario y el espacio cada vez mayor que se le ha dado al auto han hecho que todos los que pudieron migrar hacia la movilidad individual se alejaran del transporte público. De ahí que hoy el sistema vial esté colapsado y la respuesta, natural pero errónea, de muchos, sea pedir aún más espacio para el auto". Que la avenida General Paz tenga doble piso o un número en permanente expansión de carriles aparece como la solución mágica más escuchada en los embotellamientos.

Como muestra un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), entre el año 2003 y 2013 el trasporte público pasó de representar el 67% de los viajes dentro de la ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires al 44,3%, mientras que el transporte privado pasó del 33% al 55,7%. El resultado de ese cambio no pinta un cambio muy favorable. Como afirma Paula Szenkman, autora del estudio, "la congestión en los accesos a la ciudad casi se duplicó en los últimos 10 años, con implicancias relevantes en materia de inseguridad, contaminación, eficiencia y calidad".

"Yo tengo auto, pero sólo lo uso los fines de semana o algún día en que tengo que cargar materiales -comparte Pablo Fuks, arquitecto de 25 años que vive en Almagro y encontró sus propias alternativas para esquivar estos problemas-. Me muevo mucho en bicicleta, principalmente para ir al trabajo: hago actividad física, llego de buen humor y me permite disfrutar de la calle. También uso el longboard, porque me divierte y me aporta un poco de adrenalina, y si me canso puedo continuar el viaje en colectivo o subte, algo que no puedo hacer si salgo con la bici."

Sucede que, tras años de malos servicios de transporte público -en especial el servicio del ferrocarril, que entre 2003 y 2013 perdió un 37% de los pasajeros-, se volcaron a la calle autos y más autos, pasando de 214 millones de vehículos que ingresaban a la ciudad de Buenos Aires al año en 2003 a 394 millones en 2013. Según estadísticas porteñas, cada día se realizan 816.000 viajes en auto dentro de la ciudad. Y la decadencia del tren también incrementó el uso del colectivo, que en 2013 llegó a acaparar el 78% de los viajes realizados en transporte público (según estadísticas del Cippec), sumando más volumen al caos vehicular.

Así, la marea de autos y sus consecuencias -desde el aumento del riesgo de accidentes viales y de la contaminación ambiental hasta su negativo impacto sobre la fluidez del tránsito- han llevado a muchos a replantearse prioridades, y con ello los medios a la hora de desplazarse por la ciudad. En ese contexto, señala Fingeret, "en los últimos 6 a 7 años se han visto algunos ejemplos de soluciones alternativas".

Ahora bien; combinar distintos medios de transporte es casi un arte para muchos que, ya sea siguiendo un plan previsto de antemano o decidiendo en tiempo real y en función de los obstáculos a superar, arman una suerte de tetris con el fin de llegar a destino en tiempo y forma. Un ejemplo es Josefina Vedoya, licenciada en enfermería de 27 años. En principio, ella decidió abandonar su dependencia exclusiva del tren por un motivo de seguridad: "Me cansé de ir a Retiro después de que me asaltaron varias veces; ahora me bajo antes, en la estación Belgrano R, y completo mi viaje en colectivo", cuenta. Pero en sus elecciones también influye la comodidad: "Tengo auto, pero estacionar cerca de mi trabajo me lleva tanto tiempo que no lo uso nunca".

Fingeret menciona, como factores urbanísticos clave a la hora de diversificar las formas de traslado, las bicisendas, el Metrobus y la peatonalización de espacios como el microcentro. "El Metrobus es una solución de distribución del espacio público equitativa, que sin excluir otros medios de transporte privilegia el más eficiente para el conjunto de la sociedad -explica-. Donde ha sido implantado ha sido exitoso, pero sólo beneficia a quienes encuentran a este sistema dentro del trayecto que deben recorrer." Hoy, los 12 km de la traza del Metrobus Juan B. Justo son utilizados por 150.000 personas, cuyo tiempo de viaje es un 40% menor que cuando los colectivos que allí transitaban se disputaban el espacio con los autos.

Más previsión

Las bicisendas, por su parte, han tenido un impacto geográficamente más extenso. Los 140 km de ciclovías que posee la ciudad de Buenos Aires permitieron que el porcentaje de viajes diarios que se realizan en bicicleta haya crecido del 0,4% en 2009 al 3,5% en 2014, lo que significa que hoy unas 180.000 personas pedalean. "Andar en bici no sólo permite gastar menos y tener una mejor salud, sino que los sistemas de bicisenda permiten una mejor previsibilidad del tiempo de viaje", afirma Guillermo Dietrich, subsecretario de Transporte porteño.

Porque otro de los motivos detrás del arte de combinar medios de transporte es justamente la búsqueda de optimizar el tiempo. Pero optimizar, vale aclarar, no significa reducir la duración. Para muchos se trata, sencillamente, de poder calcular a qué hora se sale y a qué hora se llega a destino. "La bici me permite optimizar mis tiempos: sé que son 30 minutos los que me demanda llegar al trabajo", afirma Gabriel. Josefina, por su parte, cuenta que hace uso de la aplicación Trenes en Vivo para saber efectivamente a qué hora sale el tren que toma para ir a trabajar. "En los casos en que hay mucha demora o el tren está cancelado, evita la espera innecesaria y busco otra alternativa", cuenta.

Juliana Taiba, analista en marketing de 40 años, también usa la aplicación de los trenes, pero no para saber a qué hora salen, sino para calcular si la barrera estará o no baja cuando deba atravesar un paso a nivel en auto. "Cuando voy a buscar a mis hijas al jardín, uso la app para ver a qué hora pasará el tren y así calcular si tengo que salir un poco antes o un poco después para no quedar trabada por la barrera", explica.

"Creo que hay una búsqueda por eficientizar el movimiento, y es la misma gente la que en general está mucho más consciente de las distintas alternativas que tiene para viajar, lo que es un buen indicio", resume Fingeret, y concluye: "Una ciudad con movilidad es aquella en la que las personas pueden usar auto, pero que, por practicidad y comodidad, eligen el transporte público".

Producción de Lila Bendersky

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