Mucho más que cero

Afable personaje de la escena rockera under de la última década, Mariano Esaín (para muchos, Manzanita) cerró definitivamente la historia de Menos que Cero y vuelve con un nuevo proyecto: Valle de Muñecas
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23 de abril de 2004  

Mariano Esaín lleva más de una década ininterrumpida alimentando la escena under del rock con sus canciones. Desde aquellos tempranos años 90, cuando se sumó con su guitarra al grupo Martes Menta y una nueva generación de músicos pedía pista sónica.

Dos años después formó Menos que Cero y su apodo, Manzanita, llegó a oídos de cualquier joven rockero que se precie de underground. Nueve años, tres discos y varias formaciones más tarde, cansado y desilusionado con algunos aspectos de la escena, Esaín redactó el certificado de defunción del grupo y se tomó un tiempo para pensar en el futuro. Pero nunca dejó de estar ahí. Grabó, produjo, hizo sonido para bandas amigas y mezcló discos de todo tipo. Hasta que el último año encontró, "por casualidad", un nuevo lugar de expresión: el trío FlopaManzaMinimal y su sorprendente set semiacústico.

Personaje afable, de sonrisa fácil y amante incondicional de la cultura rock, a fines de 2003 armó un nuevo proyecto, Valle de Muñecas (ver recuadro), que el mes próximo tendrá listo su álbum debut (del que adelantarán algunos temas mañana, a las 20.30, en la sala AB del C.C. San Martín).

A los 30 años dice que continúa tan fiel a sus convicciones como cuando empezó y, más allá de los vaivenes del éxito y las exigencias comerciales que demanda la escena en la era 00, él sigue sosteniendo que "el rock te cambia la vida para siempre y una vez que te subís, ya no podés bajarte así nomás".

-¿Por qué decidiste terminar la historia de Menos que Cero?

-En algún momento sentí que el grupo me había comido y viceversa. Menos que Cero había tenido dos formaciones importantes, de tres años cada una, y después otra y otra y me parecía que se había desvirtuado el espíritu de grupo. Cada músico que entraba era como que se estaba poniendo la camiseta de otro. Era más mi proyecto que otra cosa, y a mí siempre me entusiasmó la idea de banda. Creo que el rock, a diferencia de la música clásica, que es escrita, está hecho por la interacción entre los músicos. Cambiar de compañeros te genera nuevas cosas.

-¿Qué diferencias encontrás en la escena de hoy, comparándola con la de aquella mítica movida sónica de principios de los `90?

-En aquel momento había una especie de ebullición en la escena muy interesante. Que por ahí se movía más debajo del escenario que arriba. Creo que lo mejor de esa movida vino después. Los mejores discos de Babasónicos llegaron cinco años más tarde; los mejores grupos, como El Otro Yo y Peligrosos Gorriones, salieron un año y medio después. Había mucho intercambio de energías. Siempre espero que en algún momento vuelva a surgir algo así. Y la cantidad de grupos buenos que hay mantiene esa esperanza. Si bien ahora no ocurre lo mismo, me gusta la escena en general. Hay muchos grupos que me dan ganas de ver en vivo: Fantasmagoria, Los Natas, Satan Dealers. Siempre hay un recambio. El tema es que yo pertenezco a una camada de músicos que, salvo Babasónicos, no llegó a la masividad. Entonces, no existió una generación enfrentada a nosotros. Las bandas de chicos de 20 años ahora se enfrentan a lo mismo que nos enfrentábamos nosotros diez años atrás.

-Después de más de una década en la escena under, ¿qué cosas ya no te bancás?

-No me banco que para tener un lugar haya que relacionarse con cierta gente, ir a tales lugares a la noche. Me parece que todas las cosas que pasan en la escena, ocurren después de las 6 de la mañana, en un baño de un boliche, con sustancias dando vueltas por ahí... y eso no me gusta. Y también el hecho de tener que tocar y que nunca haya una retribución monetaria, aunque sea mínima. Sacar guita para, por lo menos, no tener que cargar los equipos. En otros lugares del mundo, crear un espectáculo es retribuido de alguna manera. Acá no.

-¿Y qué fantasías tenés ahora con Valle de Muñecas?

-Las mismas que con Menos que Cero. La meta principal por la que me dedico a la música es generar en otra gente lo mismo que generaron en mí otros músicos. Saber que compuse una canción que fue importante para alguien. Si te metés en la cultura rock y la entendés, creo que te puede cambiar la vida para siempre. Una vez que te subís, ya no podés bajarte así nomás. A mí el rock me movió a leer libros, ver películas, escuchar otros tipos de música, y me parece que es importante que un hecho cultural te produzca una apertura mental. Provocar eso en la gente sigue siendo mi mayor fantasía.

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