Muriel Santa Ana: "A los 40 hay que hacerse cargo de lo que una desea"

Vestido de denim (Ramírez, Consultar precio), Gafas (De Muriel), Baúl (Peter Kent, $2995), Zapatos (Sofi Martiré, $1650)
Vestido de denim (Ramírez, Consultar precio), Gafas (De Muriel), Baúl (Peter Kent, $2995), Zapatos (Sofi Martiré, $1650) Crédito: Fotos de Eugenio Mazzinghi. Producción de Ferni Moreno
Una actriz con carácter que reconoce las virtudes del paso del tiempo y reflexiona sobre el ser mujer hoy.
Soledad Simond
Teresa Elizalde
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29 de diciembre de 2014  • 01:31

El día de grabación de Guapas empezó a las 8 de la mañana. Son las 7 de la tarde y Muriel está muy cansada. La tira es un éxito y su incorporación reafirmó el talento de esta actriz de raza. Porque cada vez que una ve a Muriel, siente que está frente a una actriz única, de esas que marcan un antes y un después en la actuación. Pero ahora, después de una extenuante jornada, Muriel solo piensa en un descanso. Y en parar.

A todos les pasa que hacen tele y quieren parar...

Qué cosa, el otro día me decía lo mismo un amigo: "No hay persona que hable de la televisión y que no diga ‘quiero que termine’". Pero sé que es una contradicción, una neurosis que tenemos. Igual, yo tuve suerte, siempre me tocaron proyectos increíbles y pude decir que no a los que no quise hacer; sé que hablo desde un lugar de privilegio, no todo el mundo en esta profesión puede elegir tanto. Soy una privilegiada total, aunque esto sea muy demandante, muy exigente.

Qué difícil organizarse con tan poco tiempo.

Sí, ya en este momento de la grabación de la tira entré en la situación en que en la heladera, por ejemplo, está todo podrido, los impuestos que no están en débito automático están vencidos, me cortaron la tarjeta porque me olvidé de hacer una transferencia a la otra cuenta, entonces me quedé en cero en esta... Arranca este caos que parece una huevada, pero para mí, que soy medio obse..., lo de afuera empieza a afectarme el ánimo.

Eso nos pasa a las mujeres, ¿no?, que resignamos cosas vitales y perdemos un turno en el médico, por ejemplo, por quedarnos en el trabajo como si estuviéramos trabajando para la NASA.

En mi caso, tengo una enorme responsabilidad y un agradecimiento por tener trabajo. Me viene de mi familia de clase media trabajadora, nunca una cosa de abundancia económica, sí de comodidad y de austeridad, con unos días de vacaciones en la costa atlántica, pero no había viajes a Europa; en mi familia se alquilaba, entonces yo creo que tengo algo de eso, del respeto por la posibilidad de trabajar. Igual, ya ahora busco no sobrecargarme. Y puedo decir que no.

Tiene que ver con el crecimiento, con la madurez, saber decir que no.

Exactamente, poner límites. Ya sabés por dónde es.

Izq: Vestido de denim (Ramírez, Consultar precio).Der: Vestido strapless (Las Pepas, $2790).
Izq: Vestido de denim (Ramírez, Consultar precio).Der: Vestido strapless (Las Pepas, $2790). Crédito: Fotos de Eugenio Mazzinghi. Producción de Ferni Moreno

A veces, cuando una es más joven, cuesta un poco más.

Sí, totalmente, los 40 son un límite. A los 40 hay que dejarse un poco de joder con ciertas cosas, dejar lo trash, el reviente, la falta de responsabilidad y de límites, ponerse un poco más para adentro, más con una, y hacerse cargo de lo que a una le gusta, de lo que se desea. Entonces, si tu deseo es hacer determinadas cosas, hay otras que no vas a poder hacer.

En ese encuentro uno a uno, ¿qué encontraste de vos?

Y, un poco está el sentirme una especie de elegida, algo de mucha generosidad, mucha abundancia de trabajo, de amor, de cosa familiar. Coincidió con un momento en el que todo se empezó a despejar, esa sería la sensación, y en el que yo siento que me afirmé, me hice cargo de quién era y de que no era como fulana, como sultana, como no sé quién, era yo, y lo mejor que podía hacer era hacerme cargo de lo que yo era, con lo que no me gustaba de mí también, y mal no me fue. No me refiero a que mal no me fue para afuera, porque la parte de la popularidad, de eso sí que no me hago cargo, pero me fue bien hacia adentro, tengo una buena relación conmigo misma, una relación más piadosa, y, por lo tanto, con todo lo demás, con cualquier otra situación, con cualquier otra persona.

¿Más aceptación?

Sí, más tranquilidad. Sigo siendo la misma neurótica, rayada, por momentos malhumorada, pero a la vez puedo lidiar con ciertas cosas, o esas cosas no se me imponen. Me acuerdo de que cuando era más chica era muy, muy enojadiza. A los veintipico, a los 30, creía como en algo de poner mala cara para las cosas.

Y además de la edad, ¿encontraste otra manera de desactivar el enojo?

Supongo que también empezar a sufrir pérdidas te ayuda. Yo estaba en los 40, cuarentipico, y no sabía lo que era que un ser querido estuviera enfermo, ver sufrimiento al lado mío, que alguna amiga perdiera un bebé o que se separara, y es cierto, la muerte es una cosa y la separación es otra, pero viví más de cerca el dolor. No sé, supongo que habré sido una afortunada por no haber sufrido muchas cosas hasta esa época. Ver sufrir a gente que querés te baja de la palmera de una manera..., y se intensifica la vida. Se intensifica lo vital, lejos de melancolizarse por ese dolor o esa pérdida, se intensifica lo positivo.

Si algo no te gusta, cortás.

Sí, esa posición pasiva frente a las cosas, frente a la vida, es una antigüedad que ya no existe; no existe que el hombre te dé un lugar de poder, te lo tenés que ganar vos, nadie te da nada, nadie te va a dar nunca nada. Nadie. Nadie. Culturalmente, hay algo como que los pobres muchachiños que están con nosotros, hermanos, padres, novios, hijos, se ven como obligados a salir, a proveer, etc. Pero no me va ese lugar.

La culpa imagino que tampoco.

Para mí, la culpa es la mierda más grande que existe, es el sentimiento más paralizante, una emoción que cierra. La culpa no te responsabiliza; si sos víctima de una situación, si sentís culpa, reaccioná. Modificá esa situación y salí. Sentir culpa no sirve para nada, te estanca.

Si hablamos de la mujer, ¿cuáles son tus referentes?

Mi mamá, sin duda. Ella me marcó muchísimo. Era una belleza total, una bomba. Me sigo encontrando con amigos del lado de mi mamá que me hablan de su belleza. Cuando hacía poco que se había muerto, me encontraba con amigos y ellos me decían: "Ay, me enteré de lo de tu mamá, qué belleza, tu madre, qué piernas". O "siempre estuve muy enamorado de tu madre", me decía un amigo de mi papá. Tenía un cuerpazo. Se vestía con túnicas con tajos impresionantes, sandalias con tira doble cruzada, siempre las manos hechas, el pelo rojo, anteojos, una especie de diosa..., una diosa. Muy llamativa. Entraba y se daba vuelta todo el mundo. Ella tenía muchos amigos artistas plásticos que le intervenían la ropa, entonces salía con unas túnicas pintadas a mano por una artista plástica amiga de ella, hipersexy, encima, no es que era una loca trash.

Izq: Vestido con espalda descubierta (Garza Lobos, $5820), Sandalias metalizadas (Sofi Martiré, $1690). Der:Top (Mishka, $726), Falda con flores bordadas (Retro Boutique, Consultar precio)
Izq: Vestido con espalda descubierta (Garza Lobos, $5820), Sandalias metalizadas (Sofi Martiré, $1690). Der:Top (Mishka, $726), Falda con flores bordadas (Retro Boutique, Consultar precio) Crédito: Fotos de Eugenio Mazzinghi. Producción de Ferni Moreno

¿Y eso a vos nunca te pesó?

Sí, sí, en la calle me pesaba mucho que la miraran tanto. Pero tomé su costado femenino. Cuando era chica, a los 15, era muy flaca, muy curvilínea, siempre una cosa muy ajustadita y la boca roja, el delineado... Tomé mucho de su coquetería.

¿Y es cierto que no usabas jeans?

Me parecía que el jean no era una cosa femenina. Me vestía con ropa vintage, de ferias, tenía un look muy años 50. Después descarté todo eso, limpié y empecé a usar solamente jeans, zapatillas y remeras básicas; ahora también me cansé de eso y pasé como a un intermedio. Pero es cierto que siempre tuve esa cosa de "muy mujer". Me acuerdo de un noviecito que tuve a los 24, 25, que me decía casi sufriendo: "Es que vos sos muy mujer".

Pero aparte de coqueta y bella, tu mamá hizo una búsqueda espiritual muy fuerte. ¿Cómo tomaste eso?

Mi vieja en un momento se hizo cargo de algo que traía y fue una gran sanadora. Y yo me peleé muchos años con lo que era mi madre, como toda adolescente. Iba para el otro lado, me reía de todo. Pero en los últimos años estuvo la posibilidad de un encuentro, aunque muy a mi estilo. Mi vieja hablaba de espiritualidad desde un punto de vista práctico. Ella estaba afirmada en la búsqueda de su ser más profundo, de ser fiel a eso, del compromiso con la vida, de ser responsable y de vivirlo todo de una manera lo más intensamente posible, no estar mirando las cosas de costado, sino comprometerse.

Pero vos sos de vivir intensamente igual, ¿o no?

Sí, como que tomo esa bandera. Pero también, en el momento en que te hacés cargo de eso, aparece lo liviano, es como que nada es tan importante, tan relevante, tan pesado, ya sabemos lo que es, ya lo sabemos, hacia allá vamos todos, entonces, chicos, despertemos un poco, ¿no?

Con el paso del tiempo, a todas nos pasa de ir ganando carnes, ¿lo vivís como algo que te trauma, o te gusta esa cosa curvilínea?

Yo conmigo misma no tengo ese problema, el problema lo tiene la sociedad conmigo, o con las mujeres que vamos ganando carnes. El tema es cuando quieren que encajes en algo, y ahí se produce una tensión, no te quieren... No sé, yo no me siento víctima de los negocios que no tienen talles, por ahí compro en otro lado, qué se le va a hacer. Igual, cuando era más chica, me vestía en ferias porque todo lo que me ponía me quedaba espectacular. Si te fijás, ahora nada tiene cintura, todo es recto, todas las chicas, hasta las más flacas, andan con los rollos afuera del pantalón, y vos decís: "Date cuenta, ¿para qué querés un pantalón así?". Para eso me pongo un vestido divino con lindas sandalias y chau.

¿La mujer está mucho más pendiente que antes de la imagen?

Yo no te diría que está más pendiente, te diría que es una constante y que hay algo muy estigmatizante en eso para nosotras, y que no son los hombres, somos las mismas mujeres las que alimentamos ese monstruo. Los hombres, en general, no se fijan en eso, ellos nos adoran y nos quieren como somos, nos consideran su diosa y punto. Somos nosotras las que nos torturamos, sufrimos y criticamos. Andate a mirar un casamiento, una fiesta de alguien famoso, al lado de un hombre, nosotras no paramos. Te ponés a mirar los Oscar, las minas divinas, ¡y las criticamos! Tenemos la autoestima muy alta. Tenemos que ser todas así, sobre todo en el elemento en el que yo me muevo, pero no me engancho para nada en eso. Vos pensá que yo hice mi camino siendo yo, soy como una rara avis.

¿Qué significa "siendo vos"?

Y, no teniendo que adaptarme, no teniendo que dejar de ser; yo soy quien soy, no me disfrazo, no puedo sostener una dieta para bajar 20 kilos para hacer una tira. Sí me recontra cuido, me mantengo en un peso saludable, y sí hay planos que me veo y digo: "Mmm, qué cagada, mirá cómo se me ve el traste...". Me pasa también que lo primero que te dicen en la calle es: "Ay, pero qué chiquitita que sos, qué flaquita, qué mal salís en la tele, la tele no te favorece para nada, qué menudita que sos", se piensan que te están ayudando, que es un piropo.

¿Qué cosas te ponen feliz?

En general, yo me despierto a la mañana y estoy bien. Los momentos de felicidad son instantes, suelo tener un buen ánimo, estoy predispuesta naturalmente, no hago un gran trabajo siempre y cuando pueda tener mis momentos de soledad, no soy un cascabel socialmente ni me hago cargo de que tengo que ser simpática porque hago comedia ni nada de eso, para nada. Pero en general sí, naturalmente se da.

Izq: Chaqueta (Las Pepas, $5699), Vestido strapless (Las Pepas, $2790).Der: Camisa (Mariana Dappiano, $1170), Pulsera de acrílico (Retro Boutique, Consultar precio), Falda de organza (Mariana Dappiano, $2900).
Izq: Chaqueta (Las Pepas, $5699), Vestido strapless (Las Pepas, $2790).Der: Camisa (Mariana Dappiano, $1170), Pulsera de acrílico (Retro Boutique, Consultar precio), Falda de organza (Mariana Dappiano, $2900). Crédito: Fotos de Eugenio Mazzinghi. Producción de Ferni Moreno

Igual, el humor es algo muy fuerte en tu vida.

Sí, en la intimidad sí, pero para afuera soy más tímida en ese aspecto, como si te dijera: "Quiero que me quieras por lo que yo soy, no porque soy graciosa".

No hacer el papel de payasa.

No, la payasa no. En mi familia tengo un poco ese lugar, en las navidades yo decía cualquier cosa y mi papá se tiraba al piso: "Vos tenés que escribir, dejate de joder", como si fuera tan fácil escribir. Decís una huevada y te dicen: "Vos tenés que escribir, ¿por qué no lo escribís?". Bueno, escribí vos. "Ay, mirá cómo se mueve, podría ser actriz", todo lo ven fácil. Me acuerdo de una reunión de una amiga, hace muchísimos años, yo estaba todavía más conflictuada con la actuación, estudiaba teatro, 3 de la mañana, todos medio en pedo... "Así que sos actriz, actuate algo", me dice uno, y le contesto: "Vos que vas a ser ingeniero, hacete un puente"; "actuate algo, hacete un puente". Me salió así. Me río siempre de eso.

El amor también se vive diferente con el paso del tiempo. ¿Notás una gran diferencia?

Sí, ya hay cosas que estás más dispuesta a tolerar por amor. Digo tolerar, no aguantar. Saber soportar. Yo creo que hay belleza en las batallas, esas que te trae el amor, y hay algo de estar junto a la otra persona pero saber observarla con distancia; ya no tenemos que ser uno, ya somos dos y después, si querés, hacemos uno. A los veintipico, a los 30, querés estar cosida, y me parece que lo lindo, lo que viene después, es bancarse la independencia, la autonomía, los espacios. En el ámbito del amor de pareja, lo que hay que aquietar es la personalidad, no tanto ego, y más conexión con otras cosas, no tanto el yo por adelante. Creo que la pregunta es, primero, ¿para qué querés una pareja? ¿Para controlar, para dominar, para que el tipo haga lo que vos quieras? Yo soy de la idea de que todo es posible si le encontrás la vuelta.

¿Qué te pareció la entrevista a Muriela Santa Ana? Nuestra nota de tapa anterior fue Leonora Balcarce, lee la entrevista acá .

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